Rogelio, Emilio y nueve más

(Columna de Alejandro Radonjic)

Frigerio y Monzó trabajan en tándem y son los encargados de construir políticamente en el Gobierno. ¿Cómo lo están haciendo?

El Gobierno que asumió el 10 de diciembre nació con un défficit claro y harto señalado por analistas: escaso poder institucional. Apenas un puñado de gobernaciones (aunque, es cierto, victoria de María Eugenia Vidal mediante, más de las que se esperaban), algo más de cuarenta bancas propias en la Cámara Baja y menos de cinco bancas (sobre setenta y dos) en la Cámara Alta. La conformación del gabinete ofreció una oportunidad para superar esa finitud, pero no se quiso: se optó, en cambio, por integrarlo con dirigentes amarillos y que, en su amplia mayoría, provenían de la Ciudad.

El déficit era, y es, tan nítido como el desafío: ensanchar los límites de la coalición para, entre otras cosas, tener más espalda para enfrentar momentos de adversidad y, sobre todo, lograr hacer avanzar la agenda legislativa oficial y no recurrir, ad infinitum, a los incómodos DNU’s. Es decir, hacer política. Los riesgos de no hacerlo, o hacerlo mal, son múltiples y obvios.

Quienes se encargan de paliar este déficit son, centralmente, Rogelio Frigerio y Emilio Monzó. El primero, oficia de interlocutor entre la Casa Rosada y los gobernadores e intendentes y, el segundo, con los legisladores nacionales. Es un trabajo mancomunado y secuencial. Rogelio y Emilio (existe muy buena relación entre ambos, aseguran fuentes consultadas por el estadista) son los que “hacen” política en Cambiemos e intentan ampliar la tropa. El gran cofre y el elefante en la sala es, por supuesto, el peronismo (en sus múltiples versiones).

La elección de ambos no es casual: Rogelio conoce el paño (en los ’90 formó parte del Gobierno y ya se codeaba con los gobernadores) y Emilio es un cuadro que viene del peronismo bonaerense. Ambos tienen múltiples incentivos y cebos para poner sobre la mesa. Rogelio, sobre todo. Entre ellos, la caja. Aunque, aseguran cerca de ellos, no se cooptan voluntades a cambio de obras ni fondos. Los perjuicios para los gobernadores de quedarse afuera son amplios y los estímulos para, cuanto menos, sentarse a dialogar son grandes. Como señala su número dos, Sebastián de Luca (ver entrevista), la mayoría de los gobernadores está arrancando su primera gestión y tanto ellos como el Gobierno necesitan hacer buenas gestiones (y es difícil hacerlo, sino imposible, enfrentándose a la Casa Rosada).

No se ven, por estos días y salvo en temas puntuales como la modificación por decreto del el coeficiente de coparticipación de la Ciudad, declaraciones altisonantes ni críticas fondo por parte de los gobernadores. Por el contrario, priman las fotos sonrientes y los encuentros (cfr. @frigeliorogelio). Oponerse a un Gobierno popular (eso dicen las encuestas), además, no es gratis políticamente. La diáspora peronista también ayuda en la tarea de construcción.

LOS EQUIPOS

La propia selección de las segundas líneas dentro del Ministerio de Interior es una señal de esta búsqueda de transversalidad (no confesada). Hay varios ejemplos. Adrián Pérez, proveniente del Frente Renovador, desembarcó en la Secretaría de Asuntos Políticos y Fortalecimiento Institucional (ver entrevista); Domingo Amaya, de origen peronista y candidato a vicegobernador de José Cano en la polémicas elecciones tucumanas de 2015, es secretario de Vivienda y Hábitat, y Aída Ayala, ex intendenta de Resistencia y candidata a gobernadora de Chaco en 2015 (perdió ante Domingo Peppo), ocupa la Secretaría de Asuntos Municipales. El último en incorporase fue el economista renovador Ricardo Delgado, que ocupará la Subsecretaría de Coordinación de la Obra Pública Federal.

En el Congreso, Monzó tiene un equipo que lo asiste en la tarea de construir. En la Cámara Baja, la madre de las batallas, lo ayuda el experimentado cordobés Mario Negri y su coterráneo (y debutante) Nicolás Massot, jefe del bloque del PRO mientras que, en la Cámara Alta, la tarea recae sobre la vice, Gabriela Michetti; el senador Federico Pinedo y Juan Pedro Tunessi, secretario parlamentario.

LAS PRUEBAS

El éxito en la tarea de construcción política se verá con el correr del tiempo. Una prueba ácida serán las primeras sesiones del Congreso a partir del 1° de marzo. La clave a mirar no será, por supuesto, el esperado alineamiento de los legisladores de Cambiemos sino, por el contrario, las fisuras que puedan generar en el voluminoso contingente legislativo del FpV. ¿Se reproducirá la división generada en la Legislatura bonaerense cuando se trató el Presupuesto 2016? Asimismo, también habrá que monitorear los alineamientos en otros temas claves de la agenda política de los próximos meses. Allí se conocerá con más exactitud el éxito de la tarea que, sigilosamente, vienen llevando adelante Rogelio y Emilio.

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