Con los medios, ¿Cambiamos?

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Cómo va a ser la relación entre los medios de comunicación y el nuevo gobierno. Hacia dónde va la industria mediática.

“La guerra con Clarín, tal como la entendimos en los últimos años, termina el 10 de diciembre”, anticipaba Martín Sivak en una entrevista con el estadista en julio. Estaba en lo cierto. En su primer día completo de gobierno, Mauricio Macri decretó la creación del Ministerio de Comunicaciones y puso bajo su órbita a la Afsca, que por la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, debería ser un organismo “descentralizado y autárquico”. En su segundo día completo de gobierno, en tanto, el ministro designado para el área, Oscar Aguad, se sinceró abiertamente: “La regulación de la ley de medios no va a subsistir durante nuestro Gobierno”. Después, fue Federico Pinedo quien despejó cualquier duda que quedara: “Impulsaremos nuestra propia ley de medios”. Más tarde, se comunicaría la intervención del Afsca y la Aftic ante la negativa de Martín Sabbatella de renunciar a su cargo.

Para no cumplir con la ley, de todos modos, no precisa derogarla, algo que le costaría en el Congreso, por otra parte. Basta con no aplicarla plenamente. Sin ir más lejos, no es muy distinta la situación de la norma en la actualidad. En los seis años desde que se sancionó la ley, apenas se aplicó la letra a la realidad: algunas entidades comunitarias sin fines de lucro sumaron licencias pero lejos del 33% que les otorga la ley y en función de criterios muy discrecionales, mientras la disputa del kirchnerismo con el Grupo Clarín se convertía paulatinamente en el objetivo central.

Un primer encuentro entre medios y gobierno se dará en torno a las adecuaciones pendientes a la ley de medios de todos los grupos concentrados, incluidos Clarín, Vila-Manzano, Telefónica y Prisa. Otro, las tensiones propias de la estructura convergente de los negocios de medios, telecomunicaciones e Internet, que ha derivado en peleas con las telefónicas, entre éstas y con los OTTs, que el Estado deberá arbitrar. “No será sencillo pero será una agenda muy diferente y menos sobrepolitizada”, arriesga Martín Becerra.

Lo que se puede esperar de los medios, en principio, es un “apoyo condicionado” a la nueva gestión. Ante el pasado conflictivo con el kirchnerismo, de todos modos, los medios serán probablemente más pacientes con el nuevo gobierno.

La relación de Macri con Clarín no es excelente (aunque tampoco es mala) y con los demás –incluidos muchos medios comunitarios- tampoco tiene mayores cruces. Entre las únicas excepciones de fuste se cuentan Página 12 y los medios que pertenecen a los conglomerados de Víctor Santa María o Cristóbal López.

Pero esto no es lo único que cambiará. El ecosistema de la industria de medios de comunicación atraviesa un momento clave, como cada vez que se produce un cambio de gobierno. El dejar hacer que propone el macrismo en la industria de los medios lleva casi con seguridad a la concentración, como prueba la experiencia reciente.

¿NUEVO MAPA?

Según la literatura especializada, hubo dos fases de concentración en las décadas recientes: “En la primera fase de concentración –escribía Becerra en 30 años de democracia (Planeta)– los gobiernos de Carlos Menem estimularon la fase expansiva de la concentración del sistema de medios, primero con privatizaciones que beneficiaron a grupos nacionales y luego permitiendo el ingreso de capitales extranjeros en algunos casos ajenos a la economía de los medios, y la progresiva inserción de capitales financieros”.

Luego, la segunda fase del proceso de concentración se dio con los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, quienes “respaldaron una estrategia defensiva con políticas diseñadas a la medida de los grupos más importantes del mercado local”. “Si la década de ’90 fue expansiva y la concentración avanzó en una dimensión conglomeral, el lustro tras la crisis de principios siglo atestigua el despliegue de una defensa de los grupos concentrados para evitar la pérdida del control de los sectores que dominan”, apunta el libro.

En los próximos meses, el reordenamiento ya se empezará a notar. Según el diario La Nación, el Grupo Octubre -conglomerado que responde a Santa María-, podría comprar Página 12, uno de los medios que más sintió el cimbronazo de la derrota sciolista, por cuanto su dependencia de la pauta pública ha sido muy grande en los últimos años y su línea editorial, muy enemistada con el macrismo. Dentro de Octubre, sin embargo, aseguran que lo que hubo fue un ofrecimiento de una parte del paquete accionario del diario y que todavía no hay una decisión tomada.

En el último tiempo, no obstante, la situación de Santa María parecería ir a contramano de la presunta expansión. Desde hace algunos meses, el presidente del PJ porteño lleva adelante un fuerte proceso de reducción de costos en su multimedios, que incluyó el cierre de dos revistas (la infantil PIN y la de tango Pichuco) y una demora de hasta seis meses en el pago a colaboradores externos de otras publicaciones suyas, como Diario Z y Caras y Caretas.

¿NUEVO ESTILO?

En sus primeros días, el nuevo gobierno mostró un cambio de estilo de relacionarse con la prensa marcadamente diferente respecto al de sus antecesores: conferencias de prensa con preguntas, entrevistas de ministros y del propio Presidente en programas de radio y televisión, entre otros gestos. Macri hasta se animó a bromear sobre el tema después de su reunión en Olivos con los gobernadores: “¿Encontraron la sala de prensa o se habían olvidado dónde quedaba?”, le preguntó a los periodistas presentes.

Los antecedentes, también auguran un cambio en ese aspecto. “La comunicación del GCBA fue mucho más abierta que cerrada”, describe la politóloga Belén Amadeo. Según la especialista, la comunicación gubernamental del PRO en la Ciudad –y ahora también a nivel nacional- es descentralizada. “La vocería estaba repartida entre el jefe de Gobierno, su jefe de Gabinete, su vicejefa y el ministro u operador técnico especializado en caso de que se tratara de una emergencia, y el enunciador de la información podían ser tanto los medios como funcionario y no se esperaba una transmisión literal de los medios de comunicación”, apunta.

En lo político, quien se encargó mayormente de la relación institucional con los medios fue Hernán Lombardi, periodista de profesión y hombre de numerosas amistades en los medios y la política, allende de ideologías o identificaciones partidarias y más allá de que no formara parte de las competencias de su cargo. Así todo, no fue exclusivo. Todos, en menor o mayor medida, tuvieron buenos contactos con la prensa y encontraron canales de diálogo alternativos. Del tono y dirección de las comunicaciones formales, en tanto, estuvo a cargo de Marcos Peña y todo indicaría que seguirá siendo así.

Por otra parte, “en lo que hace al espíritu de la pauta publicitaria –señala Adriana Amado, de Poder Ciudadano-, el gobierno de Macri no es muy distinto del Gobierno Nacional saliente”. Ambos se manejaron con discrecionalidad, no hicieron compulsas para la contratación de medios y no usaron la herramienta para sus fines originales de comunicar, aunque el macrismo sí dio “más disponibilidad de información”, según Amado.

Entre el Gobierno Nacional, el porteño y el bonaerense, ahora todos bajo gobierno PRO, controlarán más de $4.000 millones en concepto de publicidad oficial, entre los ejecutivos y los organismos descentralizados. Para el periodismo, podría significar un condicionante; el Gobierno, en términos económicos podría tener incentivos para deshacerse de esos gastos, aunque en términos políticos, no parece conveniente.

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