¿Cómo seguirá la relación con Brasil?

(Columna de Alejandro Radonjic)

Más allá de la señal de Macri de visitar al gran vecino del norte y el deseo de potenciar la relación, hay un dato insoslayable: ambos países tienen frentes internos urgentes y complejos. ¿Hay margen para mejorar el vínculo?

Mauricio Macri envió una señal clara, y esperable, cuando eligió a Brasil como su primer destino internacional tras la victoria en el balotaje. Acompañado por Susana Malcorra y Marcos Peña, mantuvo un encuentro (breve) con Dilma. “Es la relación prioritaria y más estratégica que tiene nuestro país”, declaró, atinadamente, desde el Palacio de Planalto. Ninguna ruptura por aquí. La relación con el gran vecino del norte fue, es y seguirá siendo la más importante que tiene Argentina.

Pero, más allá de la señal y el deseo de potenciar la relación, hay un dato insoslayable: ambos países con frentes internos urgentes y complejos. Con ese mar de fondo, no queda claro cuál es la factibilidad ni los posibles carriles para que el vínculo bilateral avance. Todavía falta una señal importante: aún no se conoce el reemplazante de Luis Maria Kreckler, actual embajador ante Brasil.

Los expertos consultados por el estadista coinciden en que el vínculo está estancado y que hay varios temas en agenda para mejorar. “La relación con Brasil está estancada, pero sigue siendo el principal aliado argentino en el mundo, y viceversa. Los desacuerdos en materia de comercio bilateral, la falta de avance del Mercosur en acuerdos comerciales con terceros países o bloques, su debilidad en materia institucional y las dificultades para coordinar políticas industriales e infraestructura configuran una situación de estancamiento”, dice Tomás Múgica. “Sin embargo, ambos países siguen siendo socios políticos y económicos de primer orden –con estrecha cooperación en áreas tan sensibles como la energía nuclear– y existe un claro consenso entre sus élites políticas acerca de la prioridad del vínculo bilateral, aunque no necesariamente del Mercosur tal como hoy existe”, amplía.

¿Influirá, como sugieren algunos, el hecho de que habrá menos simpatía política entre Cambiemos y el PT de la que hubo entre éste y el FpV? Vale recordar que Lula, el máximo referente del oficialismo brasileño, hizo campaña por Daniel Scioli. Por el contrario, la llegada de Macri a la Casa Rosada es una buena noticia para la relación, opina Andrés Malamud. “Al PT le convenía una victoria de Scioli pero a Brasil le convenía la de Macri: el interés partidario y el nacional diferían”, argumenta.

¿Por qué? “Esto es así por razones locales, regionales y globales. La razón local es que la economía de Brasil se hunde porque acompaña a la de China y la de Argentina no compensaba y, con Macri, en cambio, asoman perspectivas de crecimiento y comercio que con el kirchnerismo no se vislumbraban. La razón regional es que Mercosur y UNASUR estaban congelados en la solidaridad interpresidencial, mientras que ahora el foco puede reorientarse hacia el desarrollo económico. La razón global es que ahora el acuerdo con la Unión Europea (UE) vuelve a ser verosímil”, dice y opina que el vínculo, que estaba “estancado”, ahora “da la impresión de comenzar a moverse”. Los dos gobiernos, concluye, “tienen más que ganar, mucho más, con la cooperación”.

Federico Merke hace el siguiente razonamiento. “La crisis política en Brasil y las premuras económicas en Argentina sugieren que la relación con Brasil va a estar signada por el corto plazo y el pragmatismo. Ninguno de los dos gobiernos tiene mucho tiempo y energía para revisar los archivos ideológicos del otro lado. De hecho, la supuesta convergencia ideológica entre Dilma y CFK no sirvió mucho para avanzar en una agenda compartida”, analiza.

¿Sobre qué carriles, entonces, podría reencauzarse la relación bilateral? Merke ofrece algunas pistas. “Con Brasil todo puede mejorar, pero Argentina difícilmente pueda construir una agenda de largo plazo con Brasil hasta que no se despeje la crisis presidencial que enfrenta Dilma. Creo hay varios temas por donde comenzar, pero el más urgente tiene que ver con las trabas comerciales y con la necesidad de establecer reglas de juego claras para el comercio y la inversión. Luego está la cooperación en cuestiones de energía (como aprovechar mejor la red) y de energía nuclear (por ejemplo, avanzar con la construcción conjunta muy demorada de reactores nucleares). Y también podrían avanzar en fijar una posición común frente a la crisis política de Venezuela”, argumenta.

Múgica enumera varios items en base a los cuales podría caminar la relación: eliminar trabas al comercio bilateral; avanzar rápidamente en acuerdos comerciales con terceros (“en ese sentido, concluir el acuerdo comercial con la UE es una prioridad, y también avanzar en un eventual acuerdo de libre comercio con la Alianza del Pacífico y articular posiciones comunes frente a China”); el desarrollo de infraestructura física que facilite el desarrollo productivo y, por último y en el plano político, consensuar posiciones sobre la situación en Venezuela.

Como se ve, hay problemas y varios temas en agenda para ir resolviendo. El espacio que puedan liberar de sus agendas internas los mandatarios y la capacidad (y voluntad) que tengan para poner estos temas sobre la mesa y avanzar serán los que determinen el futuro mediato de la estratégica relación bilateral.

 

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