El escenario opositor: ¿Un juego de 2 o de 3?

(Columna de Tomás Aguerre)

El último tramo de 2015 dejó como saldo una oferta electoral concentrada en la figura de dos candidatos: Mauricio Macri y Daniel Scioli. Un saldo que estuvo condicionado por los límites de un balotaje al que se llegó después de un escenario de tres en las elecciones generales que no dieron un ganador. El sistema de doble vuelta adoptado por Argentina en la reforma constitucional del ‘94 necesariamente polariza y sobre ese diseño institucional se dibujó una segunda brecha, como la definió el politólogo Andy Tow, quien realizó el trabajo de cruzar la variable socioeconómica con el voto en balotaje en 24 municipios del conurbano.El 2016 se abre con una perspectiva distinta de reacomodamiento en función de nuevas realidades. El bloque de actores del oficialismo tiene, en términos de construcción política interna, el solo desafío de posicionarse en la centralidad de la escena, un resultado casi dado por el hecho de haber ganado las elecciones en un país institucional y culturalmente presidencialista. A cambio de esa “facilidad”, tendrá nada menos que la tarea de gestionar los tres ejecutivos más grandes del país a la vez, situación inédita y de cuyo éxito dependerá no sólo su propio destino.

La disputa de armado político más interesante se dará entonces en la forma en la que se reconfigure el espacio peronista. Que la oposición juegue los juegos del oficialismo es tanto una virtud de los presidentes argentinos como una necesidad que impone el diseño institucional del sistema político. Por lo tanto, como espacio opositor, el peronismo va a reconfigurarse después de muchos años en un escenario del cual no controla los resortes principales. Claro que el clima no lo controla tampoco el oficialismo: será en todo caso el saldo de su capacidad para llevar adelante su agenda y obtener los éxitos de gestión sobre los que construyó su oferta electoral.

El rearmado del peronismo tiene entonces un primer condicionante exógeno: va a jugar en el terreno que “deje libre” el macrismo. De acuerdo a cuál sea ese terreno se vislumbran dos posibles grandes escenarios (que funcionan como tipos ideales y que por supuesto en su aplicación real necesariamente tendrán más pliegues, marchas y contramarchas).

Escenario 1: un pan-peronismo para atraerlos a todos.

Este escenario supone una gran unión pan peronista que involucra a todos los actores que se reconocen parte del espacio (con el PJ adentro o todos adentro del PJ, algo que aún no puede saberse): desde el FpV pasando por el “peronismo-PJ” hasta el Frente Renovador de Sergio Massa. Dentro de esta hipótesis conviven dos posibles variantes, a su vez, de las cuales incluso tal vez no ocurra una sola: a) un empate hegemónico entre todos los bloques integrantes que obligue a negociaciones ad hoc ante cada instancia, o b) la preponderancia de uno de los sectores capaz de conducir al resto.

Escenario 2: dos bloques opositores.

Se forman dos bloques contrapuestos al interior de la oposición: el kirchnerismo/FpV, por un lado y el PJ/Frente Renovador, por el otro, que se disputan entre sí el lugar de oposición (nuevamente, suponiendo tipos ideales de formaciones, que pueden variar y entrecruzarse). El primer bloque en busca de la polarización más “extrema” y el segundo bloque como una oposición que busca disputarle “el centro” al oficialismo.

Para ser más claros, pongámosle a la hipótesis los nombres de los actores. El siguiente estudio fue realizado la semana posterior a las elecciones de segunda vuelta (*). Es una encuesta telefónica en el AMBA a partir de la cual se realiza un factorial de imágenes, una técnica de análisis que permite identificar variables subyacentes de relación. Esas variables de relación están traducidas en puntos ubicados en el espacio, donde la cercanía de los mismos implica opiniones relacionales (similares) sobre los dirigentes y antagónicas respecto de los puntos más lejanos.

En la lectura del cuadro vemos dos grandes espacios de sentido alrededor de los cuales se ubican los actores individuales. No quiere decir que sean los únicos espacios posibles, ni que vayan a seguir siendo esos en el futuro, si no que expresan la cercanía de los actores individuales entre sí.

Para graficar las dos posibilidades de reconfiguración de la oposición: supongamos que el escenario político fuera una alfombra. Una punta de la alfombra la tiene Cambiemos y es quien va a determinar, con su capacidad de tirarla para su lado a través de la gestión de Gobierno (por positiva o por negativa), cuántos pliegues le deja al resto para pararse. Mientras mayor sea esa capacidad, menor va a ser la posibilidad de quienes busquen pararse en ese centro para disputar: los Urtubey, Massa y Randazzo, aparecen en este estudio como los ejemplos más claros. Tirar de la punta de la alfombra es dejar el terreno liso para que sólo queden dos actores, es decir, un escenario polarizado. Bajo ese escenario, mayores son las posibilidades del kirchnerismo de integrar y tener un rol preponderante en un pan-peronismo unido. El tamaño de ese pan-peronismo, en todo caso, dependerá de cuántos actores de ese centro sea capaz de atraer hacia su espacio. La discusión de quién representa ese tipo de kirchnerismo, articulador y a la vez capaz de expresar un cierre más amplio, será uno de los puntos fundamentales. Pero, a la fecha, no hay demasiados elementos – más que declaraciones periodísticas – como para tener más que un pálpito.

Veamos el segundo escenario posible. Si, en cambio, de la cruza de variables “éxito en la gestión Macri” + “reacomodamiento del escenario de partidos” sobrevive en el medio un centro opositor capaz de disputarle al oficialismo, se abren dos nuevos panoramas: o bien ese centro es capaz de integrar en sus filas al kirchnerismo que iría detrás de un pan-peronismo más moderado (más parecido al primer escenario), o bien se produce una ruptura del bloque opositor en dos, dejando al oficialismo la cancha electoral que más cómoda le ha quedado, por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires: el juego de tres actores, con la oposición dividida (en 2007 con Macri/Filmus/Telerman; en 2011 con Macri/Filmus/Solanas y en 2015 con Rodríguez Larreta/Lousteau/Recalde).

Una salvedad no menor e interesante de analizar en el gráfico es el caso de Scioli: al comenzar la campaña, según este mismo estudio, Randazzo ocupaba exactamente el mismo lugar que ahora ocupa Scioli y viceversa. Es decir, en el imaginario social de ordenamiento de espacios, la campaña “kirchnerizó” a Scioli, lo dejó más cerca del peronismo vinculado a Cristina Kirchner, mientras hizo exactamente lo opuesto con Randazzo. Por supuesto que la asociación de imágenes no es, ni por cerca, la única variable que determina un sistema de alianzas. Pero permite ver, por ejemplo, que Scioli transita en ese rearmado lugar distinto al del que siempre disputó, más cercano al kirchnerismo que al centro. Para los casos de Massa o Urtubey, el escenario ideal es aquél donde sobrevive un pliegue en el medio capaz de obligar al extremo opositor, en este caso el kirchnerismo, a formar parte de un armado más amplio que lo contenga pero no le de la totalidad de la primacía. Pero el riesgo es que la oposición se quiebre en dos y termine favoreciendo, finalmente, al oficialismo.

Si el 2016 será un año de reconfiguración política, llegará el 2017 como año electoral, con la elección legislativa de medio término. Para entonces estará más clara la forma en la que se reconfigure el escenario y a partir de esa reconfiguración de los espacios surgirá nuevamente la necesidad de debatir candidaturas que son algo más que expresiones individuales. Son nada menos que la encarnación de esos movimientos casi subterráneos al interior del espacio opositor.

(*) Ficha técnica: Fecha: 1° de diciembre / Casos: 800 / Margen de error: 3.5% /
Universo: Mayores de 16 años residentes en CABA, 1era y 3era secciones electorales
de la PBA.

Tipo de encuesta: Telefónica, mediante sistema IVR.

 

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