Los peronismos posibles

(Columna de Néstor Gabriel Leone)

Derrotado a nivel nacional y en la oposición en los principales distritos, el FpV buscará hacer pie en el nuevo escenario.

La derrota de Daniel Scioli ante Mauricio Macri, en el balotaje, tan ajustada como concluyente, no sólo trajo la novedad de una fuerza alternativa a cargo del gobierno del país; también el retorno del peronismo al llano, toda una “curiosidad” en la política argentina contemporánea. Retorno al llano, por otra parte, con menos anclaje territorial del previsto. La pérdida a manos de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires y en algunos municipios que parecían invulnerables es el dato más destacado en ese sentido. Que se suma a la gestión en manos ajenas que ya resignó en las llamadas provincias “grandes”, aquellas que componen el núcleo más importante en términos demográficos, económicos y de resonancia política.

Una serie de interrogantes se abren entonces tras los contornos (en gestación, todavía) del nuevo escenario. Ligados, por supuesto, a las características y dinámicas que intentará imponerle Macri al ejercicio del Ejecutivo, pero también a los realineamientos propios de un movimiento con vocación innata de poder, desacostumbrado a la intemperie y que oscila entre la resistencia y la oposición en tiempos de adversidades. El rol que se adjudique Cristina, por supuesto, influirá de manera importante en esas respuestas. En tanto interlocutora distante del nuevo Gobierno, o en tanto partícipe activa de impugnaciones. Como aglutinadora de espacios diversos, o sólo como líder de una minoría intensa.

Pero también habrá que seguir de cerca el devenir de otros actores. Varios de ellos que hoy integran el FpV y varios otros que formaron parte de la fuerza, se consideran peronistas y propendieron hacia la oposición en los últimos años. En el primero de los casos, están aquellos que conservan cuotas variables de presencia territorial, como los gobernadores reelectos, en lugar destacado, y los de primer mandato, luego. En el segundo, aquellos referentes del Frente Renovador o de la disidencia peronista en términos generales (Sergio Massa, sobre todo) que ya se entusiasman con disputar la conducción de un justicialismo que prevén (o se entusiasman) con liderazgo vacante. O, por lo menos, en juego.

MOMENTOS

Antecedentes de realineamientos peronistas en la derrota hay varios. Uno de ellos nos sitúa en 1983. Raúl Alfonsín había sido electo presidente y había dejado en evidencia lo anquilosado de la oferta justicialista. Aquella que tenía a Italo Luder y Deolindo Bittel en la fórmula rival y a Herminio Iglesias como candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires. Santa Fe se convirtió entonces en la provincia más importante en sus manos (12 en total) y el sindicalismo tradicional devino sustituto de una oposición política bastante débil y desprestigiada. Hasta 1987, por lo menos, cuando pudo consolidarse como alternativa una renovación partidaria que tuvo a Antonio Cafiero como principal referencia y a un clivaje parecido al alfonsinista como horizonte de sentido. Por cierto, abriría las puertas de la recuperación del Ejecutivo Nacional en 1989. Pero para otras manos. Las de Carlos Menem, más inesperadas entonces.

Otro antecedente de derrota es el de 1999, por supuesto. El PJ quedó sin el Ejecutivo Nacional, pero con 13 provincias a su cargo. Algunas de ellas contribuirían a formar una especie de liga de gobernadores con peso creciente en los años posteriores. Y uno de ellos, Néstor Kirchner, llegaría al poder en 2003, en un contexto por demás excepcional y con el apoyo decisivo del aparato del PJ bonaerense, uno de los pocos que había quedado en pie. Desprestigiado, pero en pie. En ese contexto de alta fragmentación y de crisis persistente, el justicialismo volvió a demostrar que tenía mucho del “partido del orden” requerido para retomar el timón. Aun cuando formase parte fundamental del sistema político que se acababa de repudiar. Pero, también, que podía recuperar, del legado peronista, esa capacidad inédita de reinventarse, convertir verticalismo mecánico en ascendencia política y transformar al Frente para la Victoria en bastante más que un mero sublema del universo justicialista, en algo más que una miríada de liderazgos territoriales acotados, muy pragmáticos y versátiles por definición.

PARTICULARIDADES

En esta ocasión, el amplio y heterogéneo universo peronista tendrá a su cargo la gestión de 16 provincias, con 14 gobernadores que acompañaron con diverso nivel de adhesión el gobierno de Cristina y otros cuatro considerados “disidentes”. Y el FpV, en particular, tendrá mayoría en el Senado y será primera minoría en Diputado, con alrededor de cien bancas. También es posible que pretenda atribuirse la representación de ese 48,6% de los votos que obtuviera Scioli en el balotaje. Lo que está menos claro es si habrá una conducción unívoca de ese espacio en la oposición, o si una multiplicidad de liderazgos parciales pondrá en juego otra vez la tensión entre partido de baja institucionalidad, movimiento político extendido y frente político.

Entre esos liderazgos parciales está el de Juan Manuel Urtubey. Gobernador reelecto de Salta y con cierta cintura para desmarcarse de algunas pertenencias es probable que pretenda encabezar algo así como una nueva liga de gobernadores, uno de los ejes de poder posibles dentro del peronismo. Y con influencia en otras esferas de poder. El Senado, por caso. Sin los Gioja, Urribarri o Capitanich como competidores en esa liga y con gobernadores peronistas noveles, en su mayoría, querrá hacerse fuerte desde el interior. Tanto como Sergio Massa intentará lo suyo desde la siempre clave provincia de Buenos Aires (¿mantendrá su evanescente alianza con José Manuel de la Sota?), batiendo el parche de una nueva renovación necesaria y con dosis variables de visibilidad mediática.

Como se dijo, el rol y las pretensiones con las que se piense Cristina de aquí en más (¿un regreso à la Bachelet?) no será menor para los realineamientos eventuales. Cuenta con una aceptable imagen positiva (que irá variando, seguramente) y una minoría intensa que le responde sin reparos. Cuánto de ascendencia más allá de ese núcleo duro podrá retener es una incógnita. Como también lo es cómo quedarán situados en este universo Scioli o el mismo Florencio Randazzo, y cuáles serán también sus aspiraciones en el nuevo escenario. En mayo del año próximo, por lo pronto, vence el mandato del actual presidente del PJ, Eduardo Fellner, reciente derrotado en Jujuy. Quizá sea el primer capítulo que decida cosas importantes de este entramado. Más acá o más allá de Cristina.

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