¿De qué hablaban cuando hablaban de democracia?

(Reseña de La reivindicación de la democracia, de Nicolás Freibrun -Editorial Imago Mundi-)

El autor reconstruye los debates e ideas de los intelectuales argentinos en torno al concepto de democracia en los ’80.

Año 1983. Raúl Alfonsín vence en las primeras elecciones libres que hay en el país desde septiembre de 1973, diez años antes. Llegaba a su fin la “República Militar”, como llamó Ricardo Sidicaro a la etapa 1930-1983, signada por la sucesión de golpes militares. La dictadura cívicomilitar dejaba un tendal de heridas en la sociedad argentina como el quiebre de los lazos sociales, la condena social a la militancia y la actividad política, el crecimiento de la pobreza y la desigualdad, y la Guerra de Malvinas, entre otros tantos.

En el plano internacional, tras muchas crisis internas y un estancamiento de larga data, la Unión Soviética –paladín de los regímenes comunistas en el mundo– se acercaba lentamente a su desintegración final. En Europa y Estados Unidos, líderes neoliberales (Margaret Thatcher y Ronald Reagan como ejemplos centrales) se imponían en elecciones con un discurso marcadamente promercado. En América Latina, a una etapa signada por una oleada de líderes de amplia adhesión popular y una gran movilización popular, le había seguido el auge de los regímenes burocráticoautoritarios –según la clásica definición de Guillermo O’Donnell– que en los ’80 empezaba a mostrar su fin.

Mientas tanto, “la crisis del populismo en el plano político y del marxismo en el teórico” –describe Nicolás Freibrun, autor de “La reinvención de la democracia”– empezaba a demandar la construcción de un nuevo ideal de régimen y sociedad.

El concepto de democracia cristalizaría ese nuevo clima de época. En cada página del libro, con un lenguaje complejo pero riguroso, Freibrun pondrá en debate a los autores del momento (y a los anteriores retomados por esos días) para rescatar y revelar los debates intelectuales imperantes en la época, entre los cuales la noción de democracia ocuparía un rol central.

ESPECIFICIDADES DE ESA DEMOCRACIA

A través del análisis de escritos de distintos intelectuales como O’Donnell, Juan Carlos Portantiero, José Nun, Atilio Borón, Carlos Strasser y Emilio de Ipola, entre otros, el autor identifica las corrientes centrales que surgieron en torno al concepto ordenador de la teoría de aquél entonces. “Entre las principales corrientes que dieron lugar a una formulación más profunda del concepto –destaca el autor en diálogo con el estadista–, encontramos diferentes perspectivas y visiones”. “Desde el ‘consenso comunicativo’ de Habermas, pasando por el liberalismo político de Rawls hasta las posiciones de Claude Lefort sobre la democracia como ‘lugar vacío’, vemos que los intelectuales locales tomaron una serie de corrientes de ideas que funcionaron como lentes para leer, interpretar y proponer una nueva caracterización de la realidad política. Hay que pensar, asimismo, en autores como Robert Dahl o incluso Joseph Schumpeter y, yendo más lejos, a aportes como los de Tocqueville para pensar aspectos de la sociedad civil”, señala.

“Deliberación racional”, “pluralidad”, “neocontractualismo” y “pacto democrático”, son algunos de los conceptos que articularon la democracia en esos primeros años de transición, mientras fueron subordinadas y desplazadas categorías de pensamiento como “pueblo”, “superestructura”, “base económica”, “lucha de clases”, “revolución”, “igualdad” o “justicia social”, más vinculadas a las luchas de la izquierda y a la idea de democracia social tradicionalmente esgrimida por el peronismo (o populismo). En efecto, observa, “aspectos del liberalismo funcionaron como elementos organizadores de la crítica hacia el marxismo pero también hacia el peronismo”. “Las ideas de pacto democrático y contrato, claves en ese nuevo clima epocal en busca de una renovación en los lenguajes políticos, pertenecen al acervo de un liberalismo receptado a la luz de un proyecto de invención democrático”, explica.

Pero así como las construcciones teóricas más pujantes se opusieron al corpus teórico del populismo, según Freibrun también lo hicieron respecto de las ideas del neoliberalismo, como la noción de minimal state (Estado mínimo), de Robert Nozick, o los postulados económicos de Friedrich Von Hayek y Milton Friedman, que en Argentina no harían mella sino hasta la década siguiente.

El concepto de “democracia”, además, se extendería no solo a un régimen con elecciones libres y sin proscripciones, sino a un sentido mucho más abarcativo. “La construcción del concepto también fue pensada como una ‘forma de vida’, como una forma de socialización y no solamente como un régimen político, no obstante la importancia de esto último en el debate”, asegura el autor.

Así, la antinomia excluyente de los ’80 fue democracia/dictadura pero entendiendo democracia como un valor en sí mismo: como “la vida en democracia versus la muerte de la dictadura”, según escribe Freibrun. La célebre frase de Alfonsín “con la democracia se cura, se come y se educa”, y la famosa consigna de la Junta Coordinadora “somos la vida, somos la paz”, darían cuenta de la incorporación de esos aspectos sociales al concepto de democracia. De todos modos, complementa, “también es cierto que la democracia que se va cristalizando es una que escinde lo político de lo social, dando lugar a una configuración de la democracia más formal; lo que en el lenguaje de la época fue denominado como ‘politicista’”.

Mientras la democracia argentina logra un nuevo cambio de gobierno, alternancia mediante, en medio de un contexto pacífico y de calma social –a diferencia de muchas otras experiencias pasadas–, bien vale recordar los orígenes de esa lucha, y lo que todavía falta.

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