Tan Biónica, Los Pumas y el relato amarillo

(Columna de Gonzalo Sarasqueta)

El flamante Primer Mandatario elaboró un guión reparador. Su texto vino a suturar la –supuesta– grieta que dividía a los argentinos. Nada de ideologizar ni polarizar. La liviandad de sus exposiciones le sirve como fuente legitimadora.

Las urnas dieron su veredicto: Mauricio Macri cerró –hasta nuevo aviso– el ciclo biológico del kirchnerismo y el 10 de diciembre se convertirá en el nuevo Presidente de los argentinos. Ahí, en el Congreso, un discurso prolijamente estructurado, calibrado y estudiado será el disparo de largada de su gestión. Hasta entonces, la alocución que desplegó el ingeniero en el pabellón 6 de Costa Salguero y la conferencia de prensa del día siguiente son las huellas narrativas que tenemos para decodificar el relato que custodiará su praxis política durante los próximos cuatro años.

La trama es una de las piezas esenciales para comprender dicho ensamble discursivo. En base al agotamiento de una gran parte del tejido social, que reclamaba menos beligerancia y más diálogo, el flamante Primer Mandatario elaboró un guión reparador. Su texto vino a suturar la –supuesta– grieta que dividía a los argentinos.Nada de ideologizar ni polarizar. La liviandad de sus exposiciones le sirve como fuente legitimadora. La plasticidad de sus presentaciones funciona como catalizador de aquellas subjetividades reticentes a la tensión política constante. Una diferencia sustancial con la crónica de Cristina Fernández que, en sentido contrario, mediante la invención de conflictos regulados, es decir, problemas construidos y planificados por el mismo actor para deslegitimar a sus adversarios –dinámica muy bien sintetizada por el comunicólogo Mario Riorda–, proyectaba su Gobierno. Pack que completaba con un estilo dramático, épico y emocional, todos rasgos ausentes en el líder amarillo.

Otra arista interesante a subrayar es la forma en que Macri se relacionará con la ciudadanía. Como lo plasmó el lunes 23, el tandilense pretende utilizar al periodismo como mediador. O sea, entablará aquello que la politóloga Belén Amadeo interpreta como un “modelo de comunicación abierto”. En este caso, las entrevistas, las ruedas y conferencias de prensa y los contactos espontáneos son los vasos comunicantes con la sociedad. Y en este tema también toma distancia del kirchnerismo. Tanto Néstor como CFK llevaron adelante un sistema de comunicación cerrado, sin intermediarios. Los periodistas se hacían eco de sus palabras. Nada más. No había posibilidad de réplica ni de preguntas, sólo interpretaciones. El vínculo era directo con el pueblo. La prueba fehaciente de este mecanismo fue el empleo reiterado de la Cadena Nacional.

CAMBIEMOS DE DICCIONARIO Y ESTETICA

“Esperanza”, “energía”, “alegría”, “unión”, “amor”, “esfuerzo”, “meritocracia”, “orden”, “paz”, “diálogo” y “equipo”, por armar rápidamente una nube de tags, son las expresiones dominantes en el discurso de Macri. Es el repertorio lingüístico al que viene apostando –junto a sus principales copilotos, María Eugenia Vidal, Marcos Peña y Horacio Rodríguez Larreta– para calar en el sentido común de la ciudadanía. Un léxico proveniente del marketing. Suelto. Sin callos. New Age. La antítesis perfecta del glosario K que, a través de su linaje peronista, erigió una gramática neosetentista que rodeó al movimiento de un aura romántica. Resta por saber si esta marca tan particular del kirchnerismo sobrevivirá sin el auspicio del Estado. Así como también brota el interrogante sobre si la terminología light del PRO será capaz de alcanzar el status de “popular”.

Esta jerga modernizante está envuelta con una estética particular. Original. El búnker del domingo fue otra muestra cabal de ello. Macri descosió –sí, una vez más– las costuras del ritual político argentino. El micrófono inalámbrico que lo convierte en un coach empresarial, los pasitos de baile descontracturados, las camisas prolijamente desabrochadas, el abrazo colectivo al estilo de Los Pumas de sus colaboradores a sus espaldas, los colores vivos inundando las pantallas led, todos son elementos disruptivos para la cultura política argentina.Afalta de tradición partidaria de largo aliento, el PRO inventa sobre la marcha. El folclore proviene de la rutina de sus miembros: empresas multinacionales, la UADE, el tercer tiempo, los casamientos en La Rural, Asia de Cuba, los conciertos de Tan Biónica. Por ende, más allá de si es superfluo o no, hay una sinceridad comunicacional. Ese es el trasfondo de la cuestión. El PRO, orgulloso, se muestra como es. Desde esa “franqueza”, interpela. Sin vergüenza, cristaliza ese eslabón privilegiado de la pirámide social porteña que, a doce almanaques de armar un partido político, “asalta” –en simultáneo– la Casa Rosada y la Casa de Gobierno bonaerense.

SI, ¿SE PUEDE?

Muchísimos desafíos asoman en el horizonte para esta emergente fuerza. Uno de ellos, seguramente, es el de cumplir con las expectativas pacifistas que instaló en los distintos pisos del edificio social. Reto arduo. La veta consensual que contagió durante toda la campaña será difícil de mantener una vez que se acomode en el sillón de Rivadavia y la luna de miel con los medios sea pretérita. Las demandas sociales hay que jerarquizarlas. Y eso genera conflicto. Rispideces. Choques de intereses que desnudarían la prédica consensualista. En ese sentido, Macri tendrá que revisar el sujeto discursivo seleccionado para sortear el período electoral: el paradestinatario (la sociedad en general). O, al menos, lo deberá intercalar con el protedestinatario (seguidor) y el contradestinatario (el adversario). Los otros dos actores del mapa. En el equilibrio de ese triángulo hallará uno de los tantos apoyos necesarias para garantizar la gobernabilidad. La alternativa es la ficción. El autismo político. Encerrarse en la torre de marfil. Aunque no es aconsejable: de ahí, se sale solo en helicóptero. A la historia me remito.

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