Las estrategias de Macri y Filmus para el balotaje

(Publicado en la edición nº36)

Después de la clara victoria del Pro en primera vuelta, el FpV se resigna y aspira a lograr un piso razonable en la Ciudad para las primarias. La desnacionalización de la campaña.

Tras la contundente victoria en la primera vuelta de la Ciudad de Buenos Aires, que superó incluso sus mejores expectativas, el PRO se encamina a ser reelecto al frente del gobierno porteño. Enfrente, un golpeado Daniel Filmus reconoce que los 19 puntos que los separaron el 10 de julio son muchos y, si bien dará pelea en el balotaje, tendrá como objetivo de máxima asegurar un piso razonable en el distrito porteño para que la Presidenta lo exhiba en el camino cada vez más corto hacia las elecciones primarias del 14 de agosto y las generales del 23 de octubre.

Como indica el manual de los balotajes cuando hay victorias tan abultadas, Macri buscará hacer la plancha hasta la segunda vuelta. Mejoró su performance de cuatro años atrás, mantuvo fiel a su electorado duro e incluso sumó algunos puntos extra por la polarización que se dio entre ambos.

El FpV, en tanto, está preparando una estrategia para mejorar su desempeño, pero también debe pensar en un discurso para hacer frente a una derrota que parece inevitable. Es cierto que el Gobierno esperaba otro resultado en la Capital. A partir de una mala información suponía que Macri sacaría menos votos, Filmus más y consecuentemente podía haber una segunda vuelta competitiva.

Este desfase entre lo que se percibía en los comandos de campaña K a través de algunos encuestadores afines, y lo que pasaba en las calles de la Ciudad, llevará a un seguro replanteo de la conveniencia o no de difundir encuestas “operadas”. “Entramos en una espiral en la que terminamos de creernos nuestras propias operaciones y eso te juega en contra para diseñar correctamente tus estrategias”, reconoció un hombre que siguió de cerca la campaña y que monitoreó las encuestas en el distrito.

Pero también es cierto que la elección del FpV fue mejor que la de 2007. Ese año,
Cristina Fernández obtuvo el 24% de los votos en las elecciones presidenciales (su peor registro con excepción de San Luis), 3 puntos menos de lo que obtuvo ahora Filmus.

También es cierto que un triunfo de Macri era previsible. El Pro es la fuerza mayoritaria de la Ciudad desde 2003 y hay una tendencia reeleccionista muy marcada en todo el país en la que influyen tanto aciertos de las autoridades locales como el buen contexto económico nacional que favorece a todos los que gobiernan. Así se entendería el ahora vox populi voto cruzado “Macri-Cristina”.

Teniendo en cuenta estos dos datos cuesta entender por qué un resultado razonable y previsible se convirtió en una derrota política para el Gobierno, en una combinación de malas lecturas y una lógica de todo o nada que amplifica tanto victorias como derrotas. La noche del 10 de julio marcó el comienzo de una serie de pases de factura y críticas internas dentro de la coalición K, que agrandaron una derrota que estaba en todos los escenarios lógicos.

Parte tiene que ver con la estigmatización de Macri. El Gobierno lo había elegido como rival para 2011 porque creía que era la elección en la que mejor podía presentar la confrontación de modelos ante la sociedad. También el jefe de Gobierno compartía que esa sería la elección y actuaba en consecuencia. El saldo fue una baja cooperación entre ambas jurisdicciones.

Macri, con las encuestas en la mano y Durán Barba en el oído, decidió abandonar la carrera presidencial, pero en el oficialismo no abandonaron la idea de profundizar la confrontación. El jefe de Gobierno fue presentado como una figura con características muy negativas tanto en lo político como en lo personal. Por ese camino, de excesiva confrontación, cualquier resultado que no fuese una derrota concluyente de Macri sería visto como una derrota del Gobierno. “Vago” , “noventista” fueron los apelativos K hacia un candidato que no sin dolor, pero con inteligencia, dejó de hablar de desarrollo nacional para hablar del desarrollo de bicisendas y otros temas locales. Y ahí terminó de congraciarse con el electorado de la Ciudad.

El otro factor que influyó en esa percepción política fue la centralidad que tiene en este momento la figura presidencial, que hace difícil que pueda tomar distancia de cualquier resultado negativo. La centralidad que le asigna Jorge Landau en la contratapa de este número por la positiva puede volverse en contra en épocas de derrota.

El reciente armado de listas y fórmulas locales demostró ese poder, que es la consecuencia del análisis que predomina en la Casa Rosada y que establece que los votos los tiene Cristina. Un recorrido de la relación de la Presidenta con la opinión pública le da sustento a esa percepción. A poco de iniciar su gestión su imagen
comenzó a caer en forma acelerada, alcanzando su peor nivel hacia mediados de 2009.

Hay pocos antecedentes de un deterioro tan rápido. Pero a partir de fines de ese año comenzó un proceso de recuperación que en la Casa Rosada lo atribuyen a decisiones de la Presidenta – ley de Medios y AUH, entre otros- que le permitieron ir recomponiendo su vínculo con la sociedad y de lo cual se benefician los otros actores políticos del oficialismo. La velocidad de la recuperación de la imagen presidencial fue tan impactante como lo había sido su caída.

Por eso Filmus desnacionalizará la campaña para el balotaje. Por un lado, porque sabe que el votante porteño lo eligió a él en las encuestas por sobre los otros precandidatos K porque es quien muestra más señales de autonomía del Ejecutivo Nacional. Y porque sabe que es en la discusión de lo local donde perdió por goleada. Cierto es, como tratan de aliviar culpas en su entorno, que debió batallar contra una sucesión de problemas que demoraron su campaña (Inadi, Schoklender), pero el senador nunca pudo retomar la pole y la centralidad del relato en una contienda que hacía al menos un mes ya se mostraba polarizada con Macri.

Hoy la apuesta K para la segunda vuelta pasa por superar largamente el 27,78% de los votos y llegar lo más cerca posible al 40%. Pensar más en el 14 de agosto que en el 31 de julio. Si esto se consiguiera, aventuran desde el oficialismo, el FpV podría vencer en la Capital Federal y llegar a colocar en octubre no menos de tres diputados nacionales. Como en 2009 sólo ingresó Carlos Heller, este resultado sería tomado como un éxito. Ingresarían Roberto Feletti, María del Carmen Bianchi y el camporista Andrés Larroque.

Según los colaboradores de la fórmula opositora porteña, la meta inmediata será cooptar el 8% de los votos porteños que, según las encuestas no fueron para Filmus y nunca votarían a Macri. Porque incluso el jefe de Gobierno y Durán Barba reconocen que hay un 35% del electorado que jamás lo votaría. Y ni siquiera esa totalidad
logró atrapar el FpV. Hasta ahí sería lógico el crecimiento K para el balotaje y a ese número esperan acercarse.

Pero desde el entorno del senador siguen haciendo hincapié en convocar a los que no votaron o votaron en blanco en la primera vuelta para tratar de revertir el resultado. Una estrategia que puede funcionar para mantener moralizada a la tropa pero que no guarda correlato lógico con los antecedentes porteños, en una Ciudad en la que en 2003 y 2007 bajó el número de votos positivos en las segundas vueltas con respecto a las primeras. En la última, incluso votó menos gente en términos absolutos y el voto en blanco pasó de 1,68 a 3,03%.

“En 2007 votó casi un 10% más de lo que votó esta vez. También hay un 2% que votó en blanco. Y hay también otra gente que dice: si se van a pelear Filmus y Macri, esta no es mi elección. A ese núcleo apuntaremos. Nosotros vamos a tratar de decirle que sí, que el que gane lo va a gobernar cuatro años más. Hay muchos segmentos
del electorado, más allá del más activo, que son convocables. En esta elección necesitamos todos y cada uno de los votos”, precisó a esta revista Luis Alberto Quevedo, jefe de campaña de Filmus.

Quevedo también trazó con el estadista dos ejes de campaña hasta el 31 de julio:“Hay dos desafíos. Uno es en tres semanas pelear por una mayoría. Convencer de que somos más los que estamos en contra del proyecto del Pro, que somos más los que creemos que la política es otra cosa. Ese es un desafío muy difícil. El segundo es ser capaces de convocar a todos los votantes que no nos eligieron en primera
vuelta. Crear una mayoría, pero tal vez haya que crearla pensando no sólo en el 31 de julio. La Ciudad continúa: hay elecciones internas en agosto, hay elecciones en octubre y hay elecciones en 2013. Todo proyecto político serio no es coyuntural”, agregó.

LA NACIONALIZACION (O NO) DE LA CAMPAÑA

En el entorno del senador, la idea de nacionalización de la campaña encabeza la lista de ejes a rever. Al comando del senador llegaron los datos de Poliarquía que marcan que, si bien el eje que más pesó (28%) a la hora de ponderar el voto hacia el candidato K fue su apoyo al proyecto nacional, entre los votantes de Macri el 31 por ciento dijo que “hace las cosas bien/es cumplidor”.

El estudio completo demuestra que las consideraciones de política nacional fueron mucho más gravitantes entre los votantes de Filmus que entre los de Macri y el resto de los candidatos. Por eso saldrán a ampliar su base de apoyos alejándose de ese discurso y se abrirán hacia una campaña más “abierta e inclusiva” que hable de la Ciudad.

“Los que nos acompañaron fueron los que coinciden tanto con el proyecto nacional como con nuestro proyecto en la Ciudad. Pero hoy apelamos a los que creen que hay que construir una nueva mayoría en la Ciudad apostando a los temas locales”, describió uno de los armadores porteños del kirchnerismo, que reviste en uno de los sectores más perjudicados con el armado de las listas.

Algunos de los puntos de la nueva campaña que ya ha comenzado girarán en torno de “la educación pública, la salud pública y una ciudad en la que el sur y el norte tengan tratamiento igualitario”, anticipó el dirigente. “El principal error de nuestro espacio fue pensar que lo nacional dirime lo local, y eso habrá que cambiar para la segunda vuelta. Si se quiere ganar hay que tender puentes, nosotros hicimos una campaña para nosotros solos. Tenemos que salir a convencer a quienes votaron a otras fuerzas para superar el 35%” , agrega otra fuente juvenil de consulta de los equipos técnicos K.

El macrismo, en tanto, seguirá con su estrategia de que la campaña no traspase los límites de la General Paz, más allá de los convites permanentes que le llegan de otras fuerzas para sus votantes. Así, Macri seguirá apostando a la campaña local. María Eugenia Vidal lo resumió: “Para la segunda vuelta, el votante porteño elige siempre, no es cautivo de nadie, no hay un dirigente político que pueda decir después de la primera vuelta a quien tiene que votar. El porteño es autómomo, sabe muy bien lo que quiere y se informa” . Y sentenció: “No se está eligiendo al modelo nacional sino al jefe de Gobierno de la Ciudad”.

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