Qué cambia en los partidos

(Columna de Juan Radonjic)

La consolidación del PRO más allá de la CABA reconfigura el cuadro político y torna inviable el retorno a un esquema bipartidista tradicional.

El 45% de los argentinos vivirá en distritos gobernados por el PRO y, si se agregan aquellos que tendrán al frente a un aliado radical, la suma superará el 50%.

Es un dato que refleja el crecimiento de una estructura política que es, sin lugar dudas, la más importante que surgió en el país desde 1983. Y lo es aun sin consagrar al próximo Presidente. Hubo otras fuerzas que tuvieron una gran presencia electoral en el pasado como la Ucedé, el PI y el Frepaso pero fueron efímeras y nunca tuvieron la densidad institucional que ahora tiene el PRO. Quizás ese sea el mayor mérito de Mauricio Macri: haber construido un partido. Miles de personas se involucraron en la vida política atraídas por el PRO y difícilmente lo hubiesen hecho de no haber tenido ese espacio para participar. El PRO, en todas las elecciones recientes, logró incorporar al Congreso legisladores de varias provincias, derribando la creencia de que su influencia nunca iba a poder superar los límites de la General Paz. A partir de diciembre gobernará la CABA, Buenos Aires, varias comunas del conurbano y contará con 4 senadores y 41 diputados nacionales.

UN NUEVO SISTEMA

Con los resultados del 25-O se asiste al entierro definitivo del sistema bipartidista que la Constitución de 1994 quiso institucionalizar pero que la crisis de 2001 puso en jaque.

La posibilidad de que haya por primera vez un Presidente que no sea radical ni peronista es un cambio enorme que tendrá consecuencias sobre todos los actores. Pese a su retórica contraria a las prácticas políticas tradicionales, el PRO asumió muchas de ellas desde que es Gobierno de la ciudad y seguramente profundizará esa línea por sus nuevas responsabilidades en el territorio bonaerense. El triunfo de María Eugenia Vidal pone al PRO en otra dimensión y lo hace trascender a la propia figura de Macri. Es decir que puede tener continuidad más allá de las vicisitudes de su fundador.

En el caso del peronismo, el resultado del 25-O parecería ponerle fin a la discusión sobre la naturaleza política del kirchnerismo. Definitivamente, no es un sujeto político nuevo sino la cara del peronismo en una etapa histórica determinada. El liderazgo del peronismo será motivo de debate en el caso de una derrota de Scioli porque quedó en claro con los modestos (para los antecedentes del peronismo) resultados de las primarias y de la primera vuelta que el kirchnerismo tiene sus límites electorales porque sólo con sus votos no se gana. La Presidenta no quedará indemne si Scioli pierde y se sabe que es difícil conducir al peronismo desde la derrota. Un eventual triunfo del FpV será más mérito de Scioli que de Cristina porque habrá conseguido al menos 13 puntos por fuera del kirchnerismo.

Por su parte, Sergio Massa logró reunir un caudal de votos muy importante y la primera tarea que tiene por delante es la de institucionalizar su espacio. Tiene distintas opciones por delante porque puede ser un aliado de un Gobierno de Macri y, en menor medida, de uno de Scioli pero también puede ser protagonista en el proceso de búsqueda de un nuevo liderazgo por parte de un sector del peronismo. Su principal aliado, José Manuel de la Sota, también tiene distintos caminos para recorrer, porque tiene un buen nivel de diálogo con casi todos los actores políticos del universo no kirchnerista.

A su vez, en la UCR parece haber quedado saldado –con los cargos obtenidos– el debate sobre la conveniencia del acuerdo con Macri. Tendrá al vicegobernador bonaerense y a 41 intendentes en la provincia de Buenos Aires, a los gobernadores de Mendoza y Jujuy, a varios intendentes de ciudades muy importantes del país y sumará cinco diputados nacionales a un bloque que contará con 46 integrantes (y seguirá siendo el más numeroso entre los no peronistas). Además, si Macri resulta electo, designará a muchos funcionarios de origen radical aunque la coalición electoral no se traducirá en una coalición de Gobierno formal como la que existen en otros países.

La recuperación de su partido, que tanto preocupa a los radicales, ya no podrá pensarse autónomamente sino a partir de su participación en una coalición que ganó la PBA y puede obtener la Presidencia.

Para el denominado progresismo también se abre un escenario complicado en caso de ganar Macri. Su presencia institucional disminuyó y sus figuras más importantes de los últimos años –Hermes Binner y Margarita Stolbizer– tuvieron un mal desempeño electoral. Un socio natural de ese espacio, como el radicalismo, integrará otra alianza y el peronismo, si pasa a ser la oposición, se ubicará a la izquierda del Gobierno de Macri, y eso le quitará espacio al progresismo. Pero distinto será su peso político si gobierna Scioli. Está en marcha una reestructuración del sistema de partidos que será muy profunda si gana Macri, pero que también continuará –aunque con menor intensidad– si se impone Scioli.

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