El factor Vidal en la provincia

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

El distrito fue determinante en la primera vuelta y lo será también en la segunda. Las incógnitas que abre el triunfo de Vidal y de varios intendentes del PRO.

Mauricio Macri tuvo un resultado soñado en las elecciones y una de las explicaciones está, sin dudas, en la provincia de Buenos Aires. En relación a las PASO, el líder del PRO sumó 1,5 millones de votos más a nivel nacional que lo que habían logrado los tres candidatos de Cambiemos juntos, y 3 millones de votos más contrastado con sus propio caudal en las primarias. Y en ambos casos, de la PBA provino un tercio de esa diferencia (500.000 y 1 millón de votos, respectivamente).

Como contrapartida, Daniel Scioli apenas sumó 1.000 votos entre una elección y otra en el distrito, lo que volvió a dejar en evidencia sus dificultades para sumar en la provincia que gobierna hace ocho años. La sobrerrepresentación de la PBA en el caudal de votos nacionales que suele ser una característica de los candidatos presidenciales peronistas fue ínfima en este caso: la provincia aportó el 37,7% de los votos afirmativos a nivel país y fue origen del 38% de los sufragios a favor de Scioli.

De cara a la segunda vuelta, no es menos decisivo lo que suceda en la provincia. La gran pregunta hoy es –una vez más– hacia dónde irán los votos que recibió Sergio Massa y, en ese aspecto, una mirada a su performance en el distrito es una aproximación a su caudal a nivel nacional en tanto cosechó en la PBA el 40% de sus votos.

En términos nominales, los votos de Massa se concentraron mayormente en la Primera y Tercera Sección Electoral (38% y 33%, respectivamente). Pero en términos relativos, su voto estuvo sobrerrepresentado únicamente de manera clara en la Primera (3,78 puntos) y subrrepresentado en el resto. Veamos, entonces, cómo se dividió el voto al interior de la Primera, donde mejor le fue.

Allí, Massa obtuvo sus mejores números, tanto en términos nominales como relativos, en Tigre, Merlo, Malvinas Argentinas, Moreno, San Martín, Tres de Febrero y Morón, en ese orden. Partidos tan heterogéneos a su interior y disímiles en función de ingresos y perfil sociológico y político de sus habitantes que cualquier salto a conclusiones sobre su comportamiento futuro en una segunda vuelta es, cuanto menos, apresurado. Más aún, en un balotaje, una instancia siempre más incierta, donde no influirán esta vez la elección de cargos en los niveles provinciales ni municipales. Más allá de la discusión sobre si los votos de Massa son más peronistas que opositores o viceversa, un dato trascendente es que donde sus votos más marcan la diferencia, incluso desplazando a Macri, es en los partidos del conurbano de menores ingresos y fuerte tradición peronista.

LA SORPRESA

El inesperado triunfo de María Eugenia Vidal fue un logro de Macri, que la sostuvo desde el primer momento cuando su intención de voto y su nivel de conocimiento eran bajos y logró demostrar que podía ganar la provincia sin hacer un acuerdo con Massa. Con una menor distancia entre Scioli y Macri y un masivo corte de boleta, la vicejefa porteña venció a Aníbal Fernández en siete de las ocho secciones electorales, con la Tercera como única excepción.

Pero la gran sorpresa fue el masivo corte de boleta a favor de la ganadora. Según un relevamiento de Management & Fit previo a las elecciones, desde 1983 la diferencia entre los votos al candidato a gobernador y el Presidente para el caso de las fuerzas ganadoras osciló entre 3,1% negativo para la candidatura a gobernador (Graciela Fernández Meijide respecto de Fernando de la Rúa en 1999) y 4,9% a favor (Eduardo Duhalde versus Carlos Menem en 1995). En este caso, Vidal superó a Macri en 6,7 puntos (447.337 votos), al recibir la adhesión de votantes tanto de los demás presidenciables, que en todos los casos sacaron más votos que sus candidatos a la gobernación.

El gran logro de Vidal, en ese sentido, fue haber centrado la competencia contra el jefe de Gabinete y haber instalado exitosamente la noción de que, al no haber posibilidad de un balotaje, todo se dirimía entre ellos dos en esta única instancia.

A nivel municipal, el masivo corte de boleta a favor de Vidal también tuvo su impacto. La situación que dejaron los comicios es muy similar a la de 1983, cuando el triunfo de Raúl Alfonsín en la provincia arrastró votos hacia el candidato radical a la gobernación, Alejandro Armendáriz y a los postulantes a intendentes, lo que le valió conseguir inesperadamente las intendencias de San Martín, Tres de Febrero, Morón, Tigre, Vicente López y San Isidro en la Primera y Quilmes, Avellaneda y Esteban Echeverría en la Tercera, un mapa similar al que dejó esta elección.

En varios de esos partidos, tiene un peso relativo alto un segmento de la población que es de ingresos medios, menos fiel al peronismo y más volátil, y suele ser decisivo en las elecciones. Cuando esa porción del electorado decide apoyar a una candidatura presidencial no peronista (1983, 1999 o 2015), puede dar vuelta la elección contra los intendentes pero nistas no por la discusión a nivel municipal sino por efecto de la oleada nacional.

Sin embargo, una diferencia sustancial entre estos comicios y las que consagraron a Alfonsín como Presidente y Armendáriz como gobernador es que los candidatos municipales de Cambiemos recibieron el arrastre positivo tanto de Macri como de la categoría de gobernador, algo que en 1983 no había sucedido.

A FUTURO

Con el escenario que dejaron las elecciones, el balance de fuerzas a nivel territorial se rediseñará. Si bien entre los 135 municipios es mayoría el caso de los intendentes o partidos que son reelectos, dentro de los 29 partidos que superan los 150.000 habitantes, hubo un inédito recambio de figuras: cambiaron los intendentes en 15 de esos 29 municipios, aunque solo cambió el partido en 10 oportunidades. Con esto, el macrismo pasó a ser la segunda fuerza en cantidad de intendencias entre las más grandes, después del FpV, desplazando al massismo.

Luego de las primarias, que ya habían dejado a tres de los llamados “barones del conurbano” fuera de la carrera (Raúl Othacehé, Mariano West y Daniel Di Sabatino), estas elecciones volvieron a mostrar un debilitamiento de los viejos caciques peronistas. Jesús Cariglino cayó en Malvinas Argentinas y Hugo Curto en Tres de Febrero, lo que dejó a Alberto Descalzo (Ituzaingó) y Gustavo Posse (San Isidro) como los que llevan más años en su cargo (1995 y 1999, respectivamente).

¿(IN)GOBERNABILIDAD?

Ante la noticia del triunfo de Vidal, el primer planteo que surgió en el ideario colectivo es si la vicejefa porteña podrá manejar la relación con los intendentes peronistas del conurbano y garantizar la gobernabilidad en el distrito.

Las razones para desconfiar son varias: aunque con estas elecciones amplió notablemente su cantidad de intendencias, el PRO sigue estando en marcada desventaja frente al peronismo en el siempre conflictivo conurbano bonaerense. En rigor, de los 24 municipios del GBA, gobernará 15 el peronismo oficialista, 6 el macrismo y 3 el massismo.

Aún más, en algunos de los municipios donde ganó el macrismo, tendrán minoría en los concejos deliberantes frente al peronismo. Un ejemplo es Quilmes, donde el FpV mantendrá un bloque mayoritario de 10 concejales contra los 8 de Cambiemos (seis del PRO más dos radicales con mitad de mandato cumplido).

Tener mayorías en los concejos suele ser un factor decisivo por cuanto el proceso de destitución, que recae sobre los concejales, es sencillo, según advierte Gustavo González. El caso ejemplar es Pinamar, donde dos intendentes fueron destituidos en menos de cuatro años.

En ese sentido, según González, la pregunta es qué nivel de poder de negociación tendrán los intendentes electos con las mayorías peronistas. Los radicales Carlos Gorosito en Saladillo y ‘Cachi’ Gutiérrez en Pergamino, por caso, han gobernado sin mayoría propia sin problemas, aunque en el conurbano la disputa es siempre mayor. De todos modos, que Vidal haya ganado la gobernación es un claro dato a favor para los intendentes del PRO y más todavía si Macri alcanzara la Presidencia.

Así todo, en la medida en que Vidal sigamanteniendo sus niveles de popularidad actuales, no será gratuito confrontar con ella, como quedó claro en los primeros días poselectorales, en los que varios intendentes peronistas se aprestaron a felicitar a la nueva gobernadora. Por otro lado, con excepción de algunos ediles de los municipios de mayores ingresos, como San Isidro o Vicente López, la mayoría suele tener un déficit de financiamiento que los incentiva a estar en buenas relaciones con quien ocupa la gobernación.

LEGISLATURA

Fuente: Cippec.

Cambiemos no tendrá quórum propio ni mayoría en ninguna de las cámaras. El FpV seguirá siendo primera minoría en ambas, con 35 diputados y 16 senadores, mientras que Cambiemos tendrá 28 legisladores en la Cámara baja y 16 en la Alta. De todos modos, es habitual que suceda así, por lo que el gobernador suele apelar a una cantidad de recursos e incentivos para cooptar a los legisladores de otros bloques en sus primeros años de Gobierno. Por tanto, tampoco esta vez Vidal tendría dificultades para engrosar un cuerpo de legisladores.

Aunque la Legislatura bonaerense no suele tener un peso sustancial en la política provincial, puede serun foco de conflicto por cuanto entre los ingresantes del FpV, predominan los militantes de La Cámpora, fuertemente enfrentados con el macrismo. En rigor, de los 17 diputados que ingresarán, 9 son de La Cámpora mientras que de los 8 senadores ingresantes 3 son de la agrupación que lidera Máximo Kirchner.

Fuente: Cippec.

En tanto, en Cambiemos hay predominio claro de los macristas (12 de los 19 diputados que ingresarán y 8 de 13 senadores) y, en menor medida, de radicales (5 entre los diputados y 3 entre los senadores). ARI y FE, los otros partidos que integran la coalición, recibirán un único diputado cada uno, mientras que la fuerza encabezada por Elisa Carrió tendrá 2 senadores. Mientras tanto, en el Frente Renovador, las listas fueron colonizadas por personajes vinculados a los intendentes massistas, que ubicaron a 6 de los 10 diputados que entrarán y a uno de los dos senadores ingresantes.

Manejar una provincia con un déficit estructural de financiamiento como la provincia de Buenos Aires es siempre complicado. Las dificultades que pueda tener Vidal no serán muy diferentes a las que hubiese tenido otro gobernador. Pero para tener una mejor gestión será clave que Macri sea Presidente porque la siempre conflictiva relación entre gobernador y Presidente podría ya no serlo y porque, además, Macri tendría todos los incentivos para que a Vidal le vaya bien, mientras que si gana Scioli, no tendría ningún interés especial en que eso suceda. Y en el desenlace de esa otra pelea, también la provincia será determinante.

Esta entrada fue publicada en Edición 132 y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 × 2 =