Ganar (o perder) con lo propio

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Finalmente, Scioli fue kirchnerista desde el primero al último día de campaña. ¿Qué lo llevó a apostar a consolidar las adhesiones del FpV y no a expandir las fronteras de su voto?

En los últimos meses se dijo de Daniel Scioli que después de las PASO tendría que romper relaciones con Cristina, que necesitaría distanciarse de la Presidenta para ganar «votos independientes», que entraría en conflicto con el kirchnerismo no peronista a medida que se rodeara de peronistas de paladar negro y que Cristina no le daría explícitamente su apoyo, entre otras cosas. Y, sin embargo, a contramano de lo que todos esperaban, el gobernador bonaerense cerró su campaña a puro kirchnerismo. Su último spot («El principio del fin») calcó del oficialismo su retórica y estética, y en el acto de cierre de campaña, el gobernador le volvió a dedicar un lugar central a destacar las políticas del kirchnerismo y agradeció a la Presidenta por dejar «un país ordenado y desendeudado». ¿Qué pasó? ¿Por qué nunca se dio el preanunciado distanciamiento? ¿Le hubiera convenido separarse en términos electorales?

Según buena parte de los analistas, los números de las PASO mostraron que los votantes de Scioli son ni más ni menos que lo que los consultores llamaban el «núcleo duro» kirchnerista. Los indicios de que habría sido así son varios: la distribución geográfica, que Julio Burdman analizaba en el estadista hace algunas semanas, el número de votantes (similar al que los consultores le calculaban a ese grupo de fieles) y distintas encuestas hechas a los votantes del Frente para la Victoria (IbarómetroConsultora Dicen, por ejemplo).

Los votantes de Scioli, según esta óptica, no serían a grandes rasgos más que ese «núcleo duro» oficialista que hubiera votado por cualquier candidato del Gobierno.

Sin embargo, los antecedentes de las votaciones previas dicen que en algún momento el gobernador logró superar a Cristina en la provincia de Buenos Aires. ¿Qué pasó esta vez? ¿Fue la confianza de poder ganar con lo propio lo que lo desalentó de buscar votos más allá del núcleo duro? ¿Fue el temor a arriesgar demasiado, creyendo que tenía más para perder que para ganar, lo que lo frenó de buscar esos votos extra?

Para María Esperanza Casullo, Scioli nunca tuvo la oportunidad ni el deseo de ir en búsqueda de esos «votos independientes» por encima del piso que le garantizaba su pertenencia al FpV. «La mayor fortaleza del kirchnerismo del 2005 hasta hoy es su núcleo inconmovible, pétreo, del 30-32% del electorado. A partir de ahí podés crecer y ganar, o no, pero ésta es tu línea de base. Si Scioli no aseguraba ese 30% no llegaba a ningún lado», asegura.

¿No los había consolidado ya cuando le ganó la pulseada por la candidatura a Florencio Randazzo? ¿Hasta último momento necesitaba estar fidelizando esos votos? – preguntó el estadista. «Sí, Scioli cerró su campaña fidelizando su base al igual que Mauricio Macri cerró intentado bloquear a Sergio Massa en Córdoba y no en la provincia o la ciudad de Buenos Aires», respondió Casullo.

Por su parte, según Artemio López, director de la consultora Equis, «Scioli no tuvo ni tiene más potencia electoral que la que le asigna el despliegue del proyecto, que es el verdadero candidato». En ese sentido, explica el hecho de que el gobernador no se haya apartado nunca del discurso oficialista (ni ahora ni a lo largo de toda la larga década kirchnerista) bajo el argumento de que el candidato del FpV » no es nada electoralmente por fuera del espacio».

En tanto, para Nicolás Tereschuk, «Scioli en un momento a finales de 2013 decidió ir ‘por adentro’ y no se fue, lo que sumado al repunte económico-político de CFK desde entonces, no le dejó lugar a otra estrategia». Para el politólogo y docente de la UBA, el gobernador «decidió ser el candidato ‘por adentro’ y tiene posibilidades de ganar así, por lo tanto, no lo perjudica».

En tanto, para Hilario Moreno, de Consultora Dicen, si bien es cierto que gran parte de los votos de Scioli son heredados de Cristina, el gobernador bonaerense conserva alrededor de 5 puntos de intención de voto más «blandos» que no necesariamente retendría cualquier candidato kirchnerista.

Por otro lado, para Casullo, Scioli puede estar motivado a quedarse dentro del discurso kirchnerista por el deseo de ser visto como el «heredero» del kirchnerismo. En la misma línea, según Moreno, el gobernador bonaerense cuadra dentro de la categoría de dirigentes «incrementalistas», es decir, de aquellos políticos o funcionarios que buscan hacer únicamente «cambios incrementales, corrigiendo lo que no funciona, tocando lo menos posible las cosas».

En ese sentido,  advierte que «no sería racional y prudente para un dirigente moderado e incrementalista como Scioli salir de la autopista K para emprender, antes de la elección, su propio camino». «Parece lógico que alguien que aspira a transmitir confianza y previsibilidad evite ese tipo de volantazos salvo que sea muy imprescindible», opina en diálogo con el estadista. Y con chances de vencer en primera vuelta, no se volvió necesario.

A fin de cuentas, quizás no sea únicamente un eslogan de campaña y efectivamente, el gobernador tenga fe y esperanza en que puede ganar con lo propio y evitarse de esa manera mayores problemas con la gran coalición peronista.

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