Candidatos, objetivos y estrategias

El mayor interrogante que queda por resolver es si la elección se polarizará. Muchos analistas creen que sí pero las encuestas, por ahora, dicen lo contrario dado que los dos candidatos con mayor intención de voto sólo reúnen el 70% de las preferencias.

La campaña electoral entró en su recta final y la intención de voto no es muy distinta al resultado de las primarias. Como no hubo un ganador nítido en esa instancia nadie pudo cobrar el premio –un crecimiento importante en la intención de voto– que suelen recibir los triunfadores de las PASO. Un escenario ajustado –en el cual la realización o no de un balotaje puede definirse por una mínima diferencia– obliga a todos los candidatos a no cometer errores, sortear los desafíos que tiene por delante y afinar la estrategia para lograr los votos que necesitan para cumplir con sus objetivos. Así enfrentan la recta final los tres candidatos que concentran el 90% de los votos.

DANIEL SCIOLI

Daniel Scioli aspira a ganar en primera vuelta porque los balotajes, aunque puedan darle la posibilidad de obtener un mayor respaldo electoral que en el futuro puede hacer valer adentro y afuera de la coalición oficialista, son siempre un escenario imprevisible. Además, si finalmente debe hacerse una segunda vuelta, eso podría ser visto como una derrota del oficialismo y un triunfo de la oposición lo cual podría influir en el comportamiento de los votantes.

La base de la campaña de Daniel Scioli es la de presentarse como el garante de la gobernabilidad ya que es el candidato de la principal estructura política del país. Es la que cuenta con los recursos institucionales suficientes para gobernar sin sobresaltos.

Por eso es un desafío para Scioli mostrar cohesión en el oficialismo y evitar que se instale la percepción de que puede haber tensiones internas entre sus integrantes frente a determinadas iniciativas de su gobierno y que puedan complicar la gestión. Contrapuntos como el de Urtubey-Fernández o el Blejer-Kicillof no ayudan en ese sentido.

La otra apuesta de Scioli es apostar a su imagen personal presentándose como un político previsible, que tiene responsabilidades públicas desde hace mucho tiempo y que demostró tener capacidad de diálogo con distintos sectores.

Está convencido de que su sola presencia en la Casa Rosada bajará el nivel de conflictos lo que está en línea con la demanda de un sector de la sociedad que considera necesario ir a un etapa de menor intensidad en la confrontación política luego de doce años de kirchnerismo. Scioli, por ejemplo, no necesita decir que no va a abusar de las cadenas nacionales para diferenciarse de la Presidenta porque confía en que los votantes descuentan que no lo va a hacer.

Tiene que mejorar la performance en Buenos Aires en general y en el interior provincial en particular. No le fue bien en las grandes ciudades como Mar del Plata, La Plata y Bahía Blanca. También debe mejorar su caudal en Córdoba y la apuesta pasa allí por el apoyo de algunos intendentes peronistas y su buena sintonía con el gobernador electo Juan Schiaretti.

Lidera las encuestas pero no pudo sumar votos más allá de la coalición oficialista y de aquellos ciudadanos que tienen una valoración positiva del Gobierno. En el sciolismo siempre se pensó que sólo con esos votos no se podía llegar al 45% y que por lo tanto había que ir a buscar apoyos fuera de ese espacio. Eso requería marcar ciertas diferencias con el Gobierno pero finalmente Scioli apostó por lo seguro y por lo tanto no transitó ese camino riesgoso.

No le hubiese resultado fácil hacerlo dada la centralidad política que conserva la Presidenta. El oficialismo le garantiza un piso muy sólido pero no parece asegurarle llegar al 45% de los votos y por lo tanto su apuesta es superar el 40% y sacarle una diferencia de diez puntos al segundo, que según todas las encuestas, será Mauricio Macri. En la medida en que Sergio Massa conserve su caudal, puede lograrlo.

MAURICIO MACRI

El objetivo de Macri es conocido: superar los 30 puntos. Para lograrlo, tiene que mejorar el desempeño que tuvo en las primarias entre los sectores sociales de menores ingresos. Por eso, casi todos sus mensajes están dirigidos a ellos. Tradicionalmente, los sectores de ingresos medios y altos y aquellos de mayor nivel educativo tienden a votar en las elecciones presidenciales mirando al futuro. Mientras que los de menos recursos o menor nivel educativo tienden a votar mirando al pasado porque les preocupa mantener lo logrado en los últimos años y que no quieren perder. Por eso Macri insiste tanto en decir que ninguna de las políticas de inclusión social vigentes corre riesgo si llega a la Presidencia. Más aún, anuncia que las va a ampliar.

La estrategia electoral sigue siendo, como desde el primer momento, apelar al voto útil y apostar a la polarización con Scioli como representantes de la continuidad y el cambio y que en esa competencia no hay espacio para un tercero.

En el PRO creen que los votos que pueda perder Massa antes de la primera vuelta irán mayoritariamente para Macri porque serían básicamente opositores que quieren evitar la continuidad del oficialismo y harían un voto estratégico. En un eventual balotaje el reparto sería más equilibrado.

Otro tema al cual el PRO necesita dar respuesta es el de la gobernabilidad. Contará con pocos legisladores propios y sólo podrá tener como propio el gobierno de la CABA. Para responder a ese desafío, la apuesta es formalizar acuerdos con otras fuerzas opositoras y avanzar con aquellas reformas que no necesiten la sanción de leyes.

¿Cómo van a gobernar con los sindicatos en contra? Esa pregunta la escucharon en las últimas décadas todos los candidatos presidenciales no peronistas que tenían alguna posibilidad de ganar.

La respuesta del macrismo es el bajo nivel de conflicto que tuvieron con los gremios vinculados a la gestión de gobierno en la ciudad. Y en el plano simbólico, las reiteradas apariciones junto a Hugo Moyano completan el cuadro. En respuesta a la afirmación que sólo el peronismo puede gobernar, el macrismo sostiene que su gestión en la CABA lo desmiente.

También el PRO le tendrá que prestar atención a aquellas zonas en las que les fue peor en las primarias como el norte del país. Para ello hizo muchos gestos amistosos hacia la dirigencia del radicalismo que tiene peso en la región y presentó el Plan Belgrano para el desarrollo de las provincias norteñas. También debe mejorar su desempeño en las zonas más pobres del GBA, en particular en la Tercera Sección Electoral. Si logra avances en esas dos zonas y mantiene los resultados de las primarias en las demás, podría superar el 30% de los votos.

SERGIO MASSA

El objetivo de Massa es desplazar a Macri del segundo lugar. Las encuestas muestran que –a pesar de haber acortado la diferencia entre ambos– todavía está lejos de lograrlo pero –fiel a su estilo– lo intentará hasta el final.

Uno de los argumentos que más utiliza es que el verdadero voto útil es para él dado que está en mejores condiciones para ganarle la segunda vuelta a Scioli porque recibiría en esa instancia el apoyo de todos los votantes de Macri en la primera vuelta, mientras que no todos los suyos apoyarían a Macri en un balotaje. Claro que para que llegar a esa instancia es necesario que Scioli no llegue al 40% de los votos porque Massa –aun ganándole a Macri– tiene remotas posibilidades de lograr el 30%.

Entre sus grandes activos está el de poder mostrar un equipo con experiencia de gestión con dos figuras excluyentes: José Manuel De la Sota y Roberto Lavagna. De la Sota –a quien presenta como futuro jefe de Gabinete– es fuerte en el segundo distrito del país y es hoy uno de los dirigentes políticos con mayor trayectoria.

Roberto Lavagna, a su vez, conserva una muy buena imagen y ofrece pocos flancos para la crítica por parte de otros sectores porque fue ministro de Néstor Kirchner, a cuyo triunfo ayudó considerablemente en 2003, y porque también el PRO lo quiso llevar como candidato a senador.

Después de las PASO, Massa, con poco que perder, jugó fuerte con propuestas audaces, sobre todo en materia de seguridad, para evitar la polarización. Además, por dificultades propias, ni Scioli ni Macri crecieron luego de las primarias y entre ambos no llegan a reunir el 70% de los votos según las encuestas.

Pero Massa enfrenta un problema: sus votantes son los menos consolidados y los más propensos a cambiar. Y eso no es casual ya que no se sostiene en una estructura política sólida que cuente con integrantes con ideas y trayectorias compartidas.

Massa, además, corre de atrás. En la mayoría de los distritos grandes obtuvo un porcentaje de votos muy inferior al logrado por Macri. Sólo le ganó en algunas provincias del norte y los distritos más pobres del conurbano bonaerense. Retener buen parte de los votos que obtuvo De la Sota en las primarias de UNA y ganarle votos a Macri en la competencia “mano a mano” en Buenos Aires son la clave para lograr su objetivo.

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