Mitos y miradas sobre el peronismo

¿Qué es el peronismo? ¿Existe un solo peronismo o infinitos? ¿Se pueden alcanzar respuestas concluyente a esas preguntas?

Si el movimiento justicialista tuviera una partida de nacimiento, se leería 17 de octubre de 1945 en ella, por más que en varios sentidos se puede encontrar su surgimiento en días, meses y hasta años antes de la movilización de aquél día (Miguel Rep, irónicamente, habla de 200 años de peronismo). Por eso, a 70 años de esa mítica fecha, convocados por la agrupación Clivaje de la carrera de Ciencia Política (UBA), analizaron el fenómeno peronista y sus transformaciones el prestigioso sociólogo -y, ¿peronólogo?- Ricardo Sidicaro, el titular de la carrera de Ciencia Política Luis Tonelli y la historiadora Nora Pagano. Acá, algunos de los conceptos salientes de las exposiciones.

17.10.1945

“La gran adquisición de los años recientes es haber incorporado la palabra relato. Ya no hay más historia, hay relatos”. Con esa voracidad, Sidicaro puso en cuestionamiento algunos de los que llamó “mitos” en torno al nacimiento del peronismo.

El primero de ellos fue la intencionalidad de Juan Domingo Perón detrás de aquél día que lo catapultaría a tres décadas de poder y tres presidencias mediante. Al recordar que en dos oportunidades Perón intentó alejarse de la política y las circunstancias lo volvieron a poner en lugares de poder, el autor de Los tres peronismos resaltó la importancia del contexto en los procesos históricos («como no estaban las condiciones estructurales, ni Perón fue Perón en 1973-74», dijo) y puso en cuestionamiento la noción cuasi omnipotente que se tiene de los líderes. “La historia no la hacen los hombres ni los líderes. Pueden llegar a materializar situaciones de efervescencia social en las cuales se cargan ellos mismos de ideología. Si el 17 de octubre fue importante es porque en la sociedad se inventó el peronismo y la lealtad y sumisión a un jefe”, advirtió. “Perón influyó dando conquistas sociales al mismo tiempo que estaban cercenadas las libertades públicas y había estado de sitio, por lo que la oposición no podía expresarse. Pero la Historia, el conjunto de personas que había depositado algo en ese hombre produjeron el 17 de octubre. Y que, como diría Gabriel García Márquez, el Coronel tuvo quien le escriba, porque los historiadores oficiales también se ocuparon de convertirla en una fecha tan importante”, señaló y lo contrastó con la poco recordada movilización del 19 de septiembre en oposición al GOU.

Otro «mito» al que hizo referencia fue el rol que ocuparon «la nueva clase obrera» y los radicales que acompañaron su gobierno. Del primero dijo que «los obreros en el sentido de Marx» no llegaban a ser 600.000 -de los cuales una buena parte eran mujeres y extranjeros y por ende no votaban- mientras que el peronismo tuvo 1,5 millones de votos en 1946, por lo que «los nuevos obreros casi no podrían haber pesado». «La sociología hizo una construcción interesante sobreponderando el peso de la nueva clase obrera -analizó-. Pero es la Iglesia la que volcó los sufragios a favor del peronismo, aunque obviamente eso no podía ser parte del relato del peronismo ni de la Iglesia». Sobre los «radicales arribistas» recordó FORJA fue «un grupo minúsculo que terminó siendo perseguido» junto al gobernador bonaerense Domingo Mercante por su sucesor, Carlos Aloé.

Para Tonelli, en tanto, «el 17 de octubre es constitutivo de todos nosotros como sujetos políticos». «Hay en esa plaza algo de salvaje, de animal, que produce una doble anomia. Por un lado, la anomia conservadora de la melancolía por la pérdida del orden ante los que llegan y abrevan en las fuentes; y por otro lado la anomia de los que sienten que están perdiendo su futuro por el miedo a perder lo que tenían porque han puesto preso al que les había dado una esperanza de felicidad -analizó y completó-. Esa doble anomia se resuelve ese 17 de octubre de una manera casi mítica. Es el único mito político de Argentina de esa magnitud, de ese tamaño».

Por eso mismo, como advirtió Pagano, «el peronismo no es un objeto frío sino un objeto caliente» y en tal sentido, hubo los más diversos «debates y percepciones contrapuestas que incidieron en las interpretaciones de los cientistas sociales» y en las nociones actuales del peronismo. ¿Fue una dictadura? ¿Fue un gobierno con todas sus credenciales democráticas? ¿Fue un partido o un movimiento? ¿Qué fue (y qué es) el peronismo?

Para Sidicaro, «fue un tipo de régimen autoritario que amplió la democracia social y restringió la democracia política». «No fue una dictadura porque había elecciones, pero se manipuló la forma de votación para que no quedaran diputados radicales», dijo en referencia sistema conocido como Gerrymandering.

Pero para Sidicaro, ante todo, el peronismo, fue. Y ya no es, desde la muerte de su fundador, más que «una amalgama de recuerdos en las sobremesas de los domingos» y una imagen con las que los gobiernos y dirigentes anhelan ser emparentados, aunque -para el estudioso del peronismo-, no lo sean.

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