Otra etapa

(Columna de Alejandro Radonjic)

Consolidado el núcleo duro, en el sciolismo comenzó una nueva fase de la campaña presidencial. Las claves.

Las campañas tienen etapas diferenciadas y, cada una, precisa una estrategia y un discurso determinado. Lo saben, por ejemplo, los candidatos en Estados Unidos: primero deben hablarle a su base electoral más cercana y, luego de las primarias, ensayan un giro aperturista para tentar a los moderados e independientes. Lo mismo parece estar ocurriendo en estas pampas con la campaña de Daniel Scioli.

En una primera instancia, el objetivo sciolista fue abroquelar al electorado y a la dirigencia kirchnerista con la promesa de construir sobre lo construido y seguir por el mismo camino. Continuidad pura y dura para exhibirse, sin fisuras, como el candidato del FpV. La “kirchnerización”. Fue una etapa de construcción hacia adentro para limar asperezas, eliminar desconfianzas y consolidar el núcleo duro. Esa etapa concluyó, o debió haber concluido, con el 38,7% de las PASO.

Una elección algo por abajo a lo esperado (sobre todo en “la provincia”), errores de timing en algunas decisiones, las inundaciones, la polémica sobre los comicios en Tucumán y otras yerbas generaron una etapa en la cual el sciolismo navegó a la defensiva y sin rumbo, y obligó a posponer el inicio de la segunda etapa de la campaña en la cual primaría la construcción hacia afuera de las amplias fronteras del FpV. “Agosto fue un mes desfavorable para el oficialismo”, sintetiza el sociólogo Ignacio Ramírez, director de Ibarómetro.

Tras la dilación inicial, finalmente ha comenzado esta nueva etapa y, como casi todo en el sciolismo, algo imperceptiblemente. El intérprete no es (ni será) Scioli sino sus principales asesores devenidos, ahora, en exégetas y señaladores de sus planes. A saber: Gustavo Marangoni, Alberto Pérez, Miguel Bein, Silvina Batakis y Mario Blejer, centralmente. Ninguno habla a título personal ni sin la venia de DOS. Varios de ellos desembarcaron en territorio enemigo para ir anticipando algunas medidas (sobre todo en el plano económico), lanzar críticas (muy) solapadas hacia algunas cuestiones de la coyuntura y dieron rienda suelta a que se elucubren especulaciones sobre, por ejemplo, cómo sería el Gabinete de Scioli que, según los trascendidos, incluiría, a la brasileña, la creación de varios ministerios.

Ese supergabinete tentativo, que en el sciolismo no negaron (en política, se dice, el que calla otorga), habría lugar para todos (y todas), y constituye todo una señal de los tiempos que podrían venir. Habría sciolistas de la primera hora,como Batakis, Pérez, Alejandro Collia (Salud) y Oscar Cuartango (Trabajo); referentes del PJ tradicional, como Omar Perotti (suena para Agricultura) y otros gobernadores salientes como “Paco” Pérezo Sergio Urribarri y, también,para los dirigentes más cercanos al Gobierno, como Diego Bossio y Daniel Filmus. Habría, incluso, lugar para un extrapartidario como Jorge Sapag, del MPN, que podría recalar en Energía.

Es la etapa de la “sciolización”, las propuestas y el futuro. El gobernador busca mostrarse como el virtual Presidente electo y, vía sus asesores, hacerse eco de los que reclaman cambios. La primera etapa concluyó (con relativo éxito) y, ahora, deben crecer más allá de las generosas fronteras del FpV. Con 8,7 millones de votos no alcanza. “Necesitamos 10 millones de votos en octubre”, arengó Carlos Zannini en Mar del Plata el pasado sábado 5 de septiembre. Precisan tentar a nuevas franjas del electorado, sobre todo a aquellas que votaron a variantes peronistas en las PASO y “no están tan lejos de nosotros”, como dicen en el war room sciolista. Fueron nada menos que 5,3 millones los votos que recibieron Sergio Massa, José Manuel de la Sota y Adolfo Rodríguez Saá el 9-A. Hacia allí apuntarán los cañones. No será una tarea fácil porque las encuestas muestran que Sergio Massa se sostiene y que el trasvase de votos desde UNA hacia el FpV no sería tan aceitado como auguraban. Más motivos aún para ensayar el giro estratégico, creen en el sciolismo.

El acto fundacional de la segunda etapa bien puede haber sido la entrevista que mantuvo el gobernador, flanqueado por Bein, con “Ale” Fantino. El consultor adelantó tendencias, se refirió a temas tabú y no se contuvo a la hora de espetar críticas. El economista, que enuncia con precisión econométrica e integra la mesa chica económica sciolista junto a Rafael Perelmiter (ex contador de Casa Scioli), Batakis y Blejer, habló de que es necesario invertir más en infraestructura (“faltan rutas”), acordar con los holdouts (“a Argentina le conviene negociar”), que el gasto crezca por debajo de la recaudación (algo que ocurrióraras veces en los últimos años), financiarse con deuda para suavizar la restricción externa, avanzar hacia el levantamiento de las “restricciones cambiarias” (“lo mejor es tender a bajar y sacar controles”), aumentar las reservas del BCRA (“está corto de liquidez”), aumentar la rentabilidad de algunos cultivos extensos (“hay campos que están perdiendo mucha plata”) y algunos sectores en particular (“no puede ser que Argentina no exporte carne y tenga 120 frigoríficos cerrados”), redireccionar subsidios (“algunos no están bien direccionados” y “hay que poner tarifas que tengan que ver con el costo de producción”) y reducir la inflación “4-5 puntos por año” para estimular el crédito a largo plazo. Bein no estuvo sólo en este raid mediático. “Hay que reformar las escalas del Impuesto a las Ganancias”, le dijo Marangoni a Nelson Castro en TN. Tajante. Nada de “veremos” ni “cambiar lo que haya que cambiar”. En su paso por el ciclo “Conversaciones”, Marangoni habló de recuperar “el equilibrio fiscal, como hicimos en la provincia”, habló de la incertidumbre que genera “la brecha cambiaria”, los problemas que enfrenta la cadena triguera y, en el plano más político, sobre la necesidad de que el PJ tienda a la unidad. Blejer, en el mismo ciclo, habló de los “desequilibrios monetarios y fiscales”. Hay más ejemplos, pero los mencionados bastan para concluir que hay un giro discursivo notorio.

LA PALABRA CLAVE

“¿Cuál es una de las grandes diferencias que yo veo con otros espacios? Yo soy el candidato a Presidente de una organización política, de un proyecto político, respaldado por el PJ, con sus gobernadores, con sus intendentes, con organizaciones gremiales, con legisladores. Una de la bases fundamentales que yo les garantizo es la gobernabilidad, y este no es un tema menor”, dijo recientemente Scioli en The Council of the Americas 2015. La palabra clave (gobernabilidad), asociada a su previsibilidad (“soy un tipo previsible” y “conmigo pueden estar tranquilos”, dice cada vez que puede), su expertise como administrador (“soy la cabeza visible de una gran organización”, dijo en la medianoche de América y “soy el gobernador de la provincia más importante del país”), necesaria en un mundo más incierto (como en las presidenciales de 2011, los mercados globales andan muy inquietos por estos días),seguirá siendo claves en la segunda etapa y será su elemento distintivo ante los otros candidatos que suponen, según la visión sciolista, un salto al vacío. Así piensan salir a la caza de los votantes potenciales que andan por ahí, que no se inclinaron por el FpV en las PASO, pero que, con los incentivos correctos, podrían hacerlo. En eso está el sciolismo. En octubre sabremos si la estrategia rindió sus frutos.

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