El Congreso que viene

El FpV perderá varios escaños en la Cámara Baja y no llegaría al quórum propio, aunque no estaría lejos. ¿Cómo quedarían los otros bloques?

¿Cómo quedaría integrado el Congreso si en octubre se repitieran los resultados de las PASO? Arranquemos por la Cámara Baja. El FpV seguiría siendo, por lejos, la primera minoría y tendría 101 bancas propias. Con aliados (los siete del Frente Cívico por Santiago, los tres del MPN y la banca de Carlos Heller), llegaría a 114 escaños y quedaría a 15 de los 129 escaños necesarios para alcanzar el quórum propio. En el FpV, sin embargo, confían en que harán una mejor elección en octubre y podrían llevar el número de bancas propias a 104-107, tal como le dijo Teresa García, la secretaria del bloque, a La Nación. Pero, aun así, estarían cortos del número mágico (129). Primer dato: el FpV perdería el control de la Cámara Baja. La retracción (arriesga 77 y conseguiría renovar sólo 59 si se repitieran los guarismos de las PASO) se explica porque se renueva la elección de 2011 cuando el FpV obtuvo 54,11% a nivel nacional.

En mayor o menor medida, los otros tres grandes bloques que hoy están en la oposición (UCR, PRO y FR), también crecerían. La segunda minoría seguiría siendo la UCR (sumaría7 bancas y controlaría algo más de 40 en total), y tendría la bancada más federal. Muy cerca quedaría el PRO (sumaría nada menos que 21 y tendría cerca de 35 bancas), con una clara preeminencia de la región central del país. Más atrás aparece el Frente Renovador, que tendría 24 bancas (mejoraría en 8 escaños su representación) y una clara preeminencia bonaerense entre sus filas. Con bancadas menores quedarían Suma+ (2), el Partido Socialista (4), el GEN (3), Unión por Córdoba (7), Compromiso Federal (4), la Coalición Cívica (4), Chubut Somos Todos (3), el FIT (4), el Bloque Social (2) y habría 10 monobloques. Dato de color: el PS tendría los mismos diputados que el FIT.

Dentro del actual bloque oficialista se destaca una presencia completa de la plana mayor de La Cámpora: ingresarán Máximo Kirchner y Eduardo “Wado” de Pedro (que, acorde a la tradición, debería presidir la Cámara), renovarán Andrés “Cuervo” Larroque y Mayra Mendoza y Juan Cabandié seguirá pues ingresó en 2013. Estarán acompañados por Josefina González (Santa Fe), Mauricio Gómez Bull (Santa Cruz) y Martín Pérez (Tierra del Fuego), electos en 2013. Más en general, se destaca una presencia importante del kirchnerismo duro, fuertemente identificado con el actual Gobierno, como Axel Kicillof, Diego Bossio y Julio de Vido. ¿Kicillof ocupará la presidencia de la comisión de Presupuesto y Hacienda que dejará vacante Roberto Feletti, que no renovará su banca? ¿Y quién presidirá las otras comisiones estratégicas? Habrá que esperar a diciembre para ver qué posiciones ocupan estos diputados en las comisiones y, por ende, con qué poder de fuego cuentan.

Como en las elecciones anteriores, el sindicalismo –la otrora columna vertebral– tendrá muy poca presencia en las listas del FpV (más lugares obtuvo en las listas del massismo). De todas maneras, a diferencia de lo que ocurrió en 2009 con los llamados “agrodiputados” ahora las listas tienen una clara preeminencia de dirigentes políticos clásicos, sin antecedentes de representar intereses corporativos.

En el próximo Congreso, los diputados que hoy integran el frente Cambiemos seguirán trabajando juntos. ¿Lo harán como oficialistas u opositores? La respuesta se conocerá en octubre o en noviembre. La UCR tendrá algunos diputados más que el PRO y constituirá un argumento a favor de los radicales que señalan que sin un acuerdo entre ambos partidos eso no se hubiese podido lograr.

Otra gran incógnita –en caso de ganar Scioli– será determinar el comportamiento de los diputados del hoy llamado peronismo disidente. ¿Desaparecerá? Los antecedentes indican que paulatinamente se irán encolumnando detrás del liderazgo presidencial.

Si esto es así, las iniciativas del Ejecutivo podrían lograr el apoyo del bloque del FpV que tendrá dos grandes componentes: los diputados del kirchnersimo puro y aquellos que se referenciarán en los gobernadores. Pero los hoy llamados disidentes podrían conformar una tercera pata que le daría mucho margen de maniobra al Presidente para impulsar su agenda en el Congreso.

En la Cámara Alta el peronismo podrá reforzar el dominio que viene ejerciendo desde 1983. En esta ocasión pone relativamente pocas bancas en juego y son los partidos de la oposición los que más tienen que perder. El socialismo se quedará sin representación en el Senado mientras que la UCR perderá tres o cuatro bancas (una en Córdoba producto del acuerdo con otros partidos y las restantes porque será derrotada por el peronismo). En el caso del PRO no habrá cambios en su representación y se quedará sin presencia el partido de Luis Juez.

La Cámpora también pondrá un pie en la Cámara Alta. Ingresarán Anabel Fernández Sagasti (Mendoza), actual presidenta de la comisión de Juicio Político de la Cámara Baja y Ana Almirón (Corrientes).

“¿Ampliación de la coalición de Gobierno? ¿Coalición legislativa estable? ¿Negociaciones puntuales alrededor de cada ley? ¿Cooptación de bloques menores al bloque oficialista? El menú es amplio, resta analizar la viabilidad de cada una de las alternativas”, interrogaba el politólogo Javier Zelaznik en la última edición de el estadista sobre las posibles estrategias del nuevo Presidente ante un Congreso más adverso del que tuvo el kirchnerismo en buena parte de estos últimos doce años.

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