Las razones de una estrategia

(Artículo de Nicolás Tereschuk publicado en la edición nº33)

Las elecciones provinciales anticipadas se convirtieron en un elemento más para comprobar la recuperación de opiniones positivas por parte de la ciudadanía que rodea al oficialismo y, sobre todo, a la presidenta Cristina Kirchner. Sería aventurado afirmar que los votos tienen “dueño”. Ni los sufragios a nivel local ni a nivel nacional pueden explicarse por una única variable.

De todos modos, en los comicios que tuvieron lugar hasta el momento en cuatro provincias (Catamarca, Chubut, Salta y La Rioja) y en las internas abiertas de Santa Fe son varias las señales que dan cuenta de un cambio de panorama, visto desde la Casa Rosada. Se trata de un elemento más, que puede sumarse a otras encuestas o a la reciente difusión del Indice de Confianza en el Gobierno (ICG), que realiza la Universidad Torcuato Di Tella. Según el ICG, hubo una suba en mayo con respecto
a abril del 7% y el índice ahora se ubica sólo 0,81 punto por debajo del promedio que
tuvo la administración de Cristina Kirchner en sus tres años y medio de gestión.

En ese contexto, el 57% de los ciudadanos consideró que la administración de Cristina
Kirchner está resolviendo los problemas del país o sabe cómo hacerlo, pero que necesita tiempo. Por otra parte, el 49% de la población afirmó tener una buena imagen del Gobierno –cinco puntos por encima con respecto a la medición de hace treinta días– y el 38% afirmó que se gobierna en beneficio del interés general.

Aunque la evaluación debe ser matizada por el hecho de que en lo que va de 2011 sólo
se movilizó una porción pequeña del electorado a las urnas, se acumulan algunos elementos que llamarían la atención de alguien que tiene una visión del Gobierno Nacional similar a la de 2009.

TENDENCIAS
Por ejemplo, si se repasan las localidades del interior santafesino, muy vinculadas al núcleo de la producción agropecuaria, en las que resultó más votado el precandidato a gobernador Miguel Del Sel, se apreciará el buen resultado que en algunas de ellas obtuvo, aún sin haberse impuesto, el candidato kirchnerista, Agustín Rossi. En Venado Tuerto (principal ciudad del departamento General López, corazón sojero del país), Del Sel se impuso apenas por cuatro votos a Rossi. En Villa Cañás, del mismo departamento, ocurrió algo similar: el candidato del Pro, quien remarcó su alineamiento con los reclamos de la Mesa de Enlace, triunfó pero con 20 votos más que Rossi.

En toda la provincia, el diputado K obtuvo en las internas abiertas cien mil votos más
que los que cosecharon la lista que encabezó dos años atrás, en el pico del malhumor del campo contra el kirchnerismo.

En tanto, en Catamarca y Chubut, dos elecciones provinciales que aparecían como complicadas para el oficialismo, se registraron resultados importantes si se tiene en cuenta la estrategia de la Casa Rosada. Por un lado, el peronismo recuperó la Gobernación de Catamarca en unos comicios en los que, tanto propios como extraños, reconocen que fue clave la bendición de la Presidenta a la candidata Lucía Corpacci.

En 2007, en esa provincia el radical “K” Eduardo Brizuela Del Moral había logrado poco más del 59% de los votos, en una coalición que integró al Frente para la Victoria.
La estrategia antikirchnerista de Brizuela del Moral y su temprana alianza con el hoy
fallido precandidato radical Julio Cobos parece no haber sido la mejor jugada. El Frente para la Victoria local priorizó una coalición con el resto del peronismo, aisló al sector del partido que comanda Luis Barrionuevo –que redujo su caudal electoral de una coalición que logró el 37% en 2007 a otra que cosechó el 2,3% en 2011– y en el tramo final, bien pegado a la figura de la Presidenta, se alzó con el triunfo.

En Chubut las cosas fueron similares para el kirchnerismo. Mario Das Neves se había
impuesto en 2007 con el 76,7% de los votos, lo que lo convirtió en uno de los gobernadores reelectos con mayor caudal electoral, un club que también integran Alberto Rodríguez Saá, Gildo Insfrán y José Alperovich. En aquella coalición estaba incluido el Frente para la Victoria. Al hacerse más pronunciado el perfil opositor de Das Neves, y el intento de nacionalización de su figura, el kirchnerismo optó por desarrollar una oferta electoral propia.

Así, Das Neves perdió, por supuesto, a sus aliados vinculados a la Casa Rosada, que lo llevaron a unos comicios voto a voto. Si bien ese candidato, Martín Buzzi, se impuso, lo hizo no por los 1.500 votos que había anunciado, sino por 384, tras una larga disputa en la que se deshilachó su postulación presidencial.

El espejo invertido –y en el que también buscó reflejarse la estrategia del Gobierno nacional– fue La Rioja. En 2007, Luis Beder Herrera había revalidado su mandato por cuatro años con el 42,5% de los votos. En aquella oportunidad, los riojanos tuvieron la oportunidad de votar una lista del Frente para la Victoria, que se ubicó segunda, con casi el 28%. Al contrario que lo hecho por su colega de Chubut, Beder Herrera se alió al kirchnerismo, para superar así el 67% de los votos y superar a sus competidores inmediatos por una diferencia de casi 50 puntos porcentuales.

La elección en Salta, que en términos de peso electoral nacional significa tanto como los padrones de Catamarca, La Rioja y Chubut juntas mostró un resultado más ambiguo para el kirchnerismo. El gobernador Juan Manuel Urtubey centró su campaña en aspectos locales y en todo momento dijo que apoyaba la continuidad
de Cristina Kirchner al frente del Ejecutivo. Ya reelecto por casi el 60% de los votos y tras haber dejado en tercer lugar a una lista filokirchnerista dio a conocer a través de medios nacionales aspectos que lo diferencian en parte del oficialismo.

Más allá de la permanente búsqueda de algunos medios de comunicación de consagrar
alguna “esperanza blanca” que enfrente al kirchnerismo “desde adentro”, Urtubey dejó en claro que, al menos hasta octubre, su apoyo a la reelección presidencial es claro. Y nadie se animaría afirmar que entre sus votantes no hay una gran cantidad que preferirá a la mandataria para un nuevo período.

Lo que queda de carrera electoral “anticipada” muestra obstáculos para el kirchnerismo en los distritos más grandes –Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe–, aunque con posibilidades de dar batalla hasta el final, cosa que no ocurría hace dos años.

Un panorama más despejado aparece en Misiones, Chaco y Tucumán. Habrá que ver cómo se desarrolla la próxima elección en Tierra del Fuego y, sin dudas, habrá victoria opositora en San Luis.

Más allá de esto, la estrategia de presentar varias elecciones “desdobladas” de la
nacional y marcar el peso electoral que conserva el oficialismo no parece, por el momento, haber sido una mala decisión por parte del kirchnerismo.

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