La UCR, en un laberinto

Los radicales se preguntan adónde está la salida para enfrentar la pérdida de votos en las elecciones para cargos ejecutivos

El título de esta nota no es original pero sirve, una vez más, para definir la situación de la UCR. ¿Cómo hace para salir de una situación que lo lleva a perder posiciones elección tras elección de cargos ejecutivos? En las primarias, Ernesto Sanz obtuvo el 3,2%, un tercio de lo que logró Ricardo Alfonsín hace cuatro años. En las elecciones legislativas, el radicalismo parece renacer como en 2009 y 2011 pero volvió a caer en la siguiente elección en la que se pusieron en juego los gobiernos. Los ciudadanos le confían a los radicales la responsabilidad de controlar a Ejecutivos que tienden a excederse pero no la de gestionar. Pero todas las elecciones recientes demostraron que el poder político se construye desde la gestión. Ser oficialista y disponer de recursos institucionales otorga muchas ventajas. No es casual que los dos candidatos más votados en las primarias hayan sido el gobernador bonaerense y el jefe de Gobierno de la CABA. Hay allí un problema estructural para el radicalismo.

Hay otros: su nula inserción en el conurbano bonaerense, lo cual no es un problema menor ya que representa el 25% del padrón nacional. También le falta apoyo entre los jóvenes y los sectores de menores ingresos, lo cual le quita al partido ímpetu transformador. Quienes están cerca de Sanz no le encuentran explicación a una cosecha tan magra. Destacan las bondades del candidato, la intensidad de la campaña y las ventajas de la decisión de formar parte de un frente competitivo. Y están convencidos de que no se cometieron errores significativos. De todas maneras, no todos los radicales comparten la actitud casi eufórica de Sanz en las horas posteriores a haber realizado la segunda peor elección presidencial del radicalismo en toda su historia.

LAS ALIANZAS

El acuerdo con Mauricio Macri será puesto en cuestión nuevamente por muchos radicales a los que les costará asumir que ahora es el candidato oficial del partido. Más allá de las cuestiones ideológicas, la alianza con el PRO será juzgada básicamente por sus resultados. A comienzos de año, la UCR aparecía con posibilidades de ganar ocho o nueve gobernaciones. Por ahora sólo logró imponerse en Mendoza y todavía mantiene expectativas en Jujuy y Santa Cruz. Si bien la cosecha será mucho menor a la esperada, en todos los casos la presencia del PRO acompañando a los candidatos radicales será importante. El triunfo en Mendoza, en donde Macri tiene mucho respaldo (ganó las primarias), es el mejor ejemplo.

El acuerdo con el PRO le permitirá a la UCR agregar cinco bancas a las que tiene actualmente en la Cámara de Diputados. Puede llegar a incorporar entre dos o tres diputados por la provincia de Buenos Aires, lo que hubiese sido casi imposible de lograr sin el acuerdo con el macrismo. Sanz obtuvo menos del 3% de los votos en el distrito, que es el porcentaje que deben superar las listas de legisladores para poder entrar en la distribución de bancas. En el Senado la historia será distinta y la UCR cederá un par de bancas. Pero en ambas cámaras del Congreso se quedará con los bloques más numeroso luego de los del peronismo.

En términos de recursos institucionales obtenidos, el balance del acuerdo con el PRO apunta a ser positivo para el radicalismo. Aunque un acuerdo con Margarita Stolbizer y el socialismo hubiese sido ideológicamente más cómodo para la mayoría de los radicales,  implicaba resignar bancas en el Congreso, algunas intendencias y eventualmente gobernaciones. Hubiese sido testimonial. Eso es lo que indican los modestos resultados obtenidos por Stolbizer y por Hermes Binner como candidato a senador por Santa Fe. El espacio progresista existe –las legislativas de 2013 así lo demostraron– pero es difícil de traducirlo en votos en una elección presidencial que tiende a polarizarse.

El papel del radicalismo en el sistema político argentino dependerá en gran medida del resultado de las elecciones presidenciales. Si gana Macri, será el socio minoritario de una coalición oficialista. Habrá un Presidente al que habrá contribuido a encumbrar pero que no sentirá como propio. Si gana Scioli, será el principal partido de oposición al menos en términos de recursos institucionales con los cuales contará. Son dos escenarios muy distintos. Por eso el debate fuerte en la UCR comenzará luego de octubre (o noviembre si hay balotaje).

En esa instancia también se pondrá en discusión la estrategia llevada adelante por Sanz. Algunos le reconocerán su papel como constructor del acuerdo con el PRO pero le cuestionarán que, por concentrarse en ese papel, nunca se asumió realmente como un candidato presidencial con posibilidades de competir en serio. Tal vez no le quedaba otro camino dadas las debilidades que tiene el radicalismo. Por otra parte, muchos potenciales votantes radicales ya se habían inclinado por Macri desde hace tiempo porque lo veían como el candidato con más posibilidades de derrotar al oficialismo. Además, Sanz tuvo que enfrentar una situación compleja como la que se plantea cuando las primarias se dan dentro de un frente, porque los candidatos deben asumir el doble papel de aliados y competidores.

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