Datos de color sobre las alianzas

(Columna de Paula Clerici)

Los votantes no se sobresaltan frente a estrategias de alianza poco congruentes cuando los partidos que forman una alianza para la elección de un cargo son competidores para otro.

Hasta el vencimiento del plazo para conformar alianzas electorales, las frenéticas negociaciones, marchas y contramarchas de los presidenciables y los líderes provinciales ocuparon los medios periodísticos. La alianza de Elisa Carrió con Mauricio Macri, el cónclave radical que decidió sumarse, el desconcierto de los radicalismos provinciales (más de un santafecino habrá lucubrado argumentos para aceptar la idea de que su partido dispute la gobernación contra el Miguel Del Sel pero en las elecciones nacionales sean todos amigos), Sergio Massa esperando el llamado de Macri, la “soledad” de Adolfo Rodríguez Saá. Casi que con la excepción de la muerte de Alberto Nisman, los cálculos aliancistas opositores llenaron el espacio mediático. Se oficializaron las alianzas y luego… silencio.

A estas alturas la población tiene dos certezas. Primero, que es muy probable que su voto sea para una alianza y no para un partido. Salvo ciertos rara avis, la oferta electoral de cargos nacionales está compuesta por alianzas. Segundo, que tiene la suficiente esquizofrenia para aceptar que los líderes que se chicanean en una arena electoral, aparezcan juntos en la foto de campaña para otra elección. Los votantes no se sobresaltan frente a estrategias de alianza poco congruentes cuando los partidos que forman una alianza para la elección de un cargo son competidores para otro. Dicho de otra forma, qué tan parecidas son las estrategias de alianza de un partido para enfrentar distintas elecciones el mismo año. Respecto de la primera cuestión, las alianzas electorales son protagonistas del cambio que ha experimentado el sistema argentino de partidos en los últimos treinta años. Hoy hay más alianzas electorales por provincia, estas son más numerosas en cantidad de integrantes y son más los partidos que compiten en alianza que solos. Y yendo a la segunda, las alianzas poco congruentes son posibles porque la ley electoral permite a los partidos en las provincias conformar sus propias alianzas para elegir sus representantes al Congreso y sus cargos provinciales, independientemente de lo que haga en el orden nacional el partido al que pertenece para competir por la Presidencia. Esto explica desde el punto de vista formal, por qué la UCR puede ser aliada del PRO para la elección de presidente o a nivel provincial en Mendoza, y a la vez contendiente en Santa Fe o la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo.

Los dos partidos más grandes del país, la UCR y el PJ, son los pivotes fundamentales de la red de alianzas. En promedio, el 40% de las alianzas para elecciones de diputados entre 1983 y 2013 se realizaron alrededor de alguno de los dos. Es posible saber cuán congruentes han sido sus alianzas analizando cuáles fueron sus socios en las 24 provincias cada una de las 16 veces que se eligió diputados desde la vuelta a la democracia (la estrategia de competir sin alianza también cuenta). Para ello, creamos un indicador que mide entre 0 y 1 el grado de congruencia donde 1 implica una congruencia perfecta, es decir, cuando el partido en cuestión se alió con los mismos partidos en las 24 provincias para presentar candidatos a diputados [1]. Como muestran las dos líneas del gráfico, tanto las alianzas de la UCR como del PJ son menos congruentes con el paso de las sucesivas elecciones si vemos la foto completa.

Aunque la congruencia de ambos partidos describe recorridos diferentes, acompañan la tendencia de la nacionalización del sistema de partidos que se ilustra mediante el área sombreada. Suben y bajan juntas. La nacionalización es un concepto que permite comparar cuán parecida es la competencia de los partidos en las distintas provincias para obtener una conclusión a nivel general del país. En un sistema perfectamente nacionalizado los partidos obtendrían el mismo porcentaje de votos en todas las provincias. Por eso, cuánto más cercanos estos valores a 1 en el gráfico, más parecidas entre sí las dinámicas partidarias en las provincias [2]. Contrariamente, al disminuir los valores encontramos un sistema territorializado en el que los líderes de los partidos en las provincias definen sus estrategias de alianza para enfrentar elecciones teniendo en cuenta la realidad política de la provincia sin importar demasiado qué haga el mismo partido en las otras provincias o en el nivel nacional. Por este motivo, tanto la UCR como el PJ muestran sus valores más bajos de congruencia entre 2001 y 2009 coincidiendo con el momento de menor nacionalización del sistema de partidos.

En estos años, el PJ ha participado de las elecciones legislativas de las distintas provincias bajo alianzas como Frente Justicialista Federal, o Popular, Frente de la Esperanza, Frente para la Victoria, y nombres más locales como Correntinos por el Cambio o Chaco Merece Más, entre otros. A pesar de la diversidad de nombres de las alianzas, sus socios más frecuentes fueron el MID, el Frente Grande y los partidos Demócrata Cristiano, Intransigente y Conservador Popular. Partidos que también, con la excepción del Conservador Popular, fueron los aliados más asiduos de la UCR en estos últimos 30 años, además de los partidos Socialista y Socialista Popular. Juntos participaron en la Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación, Concertación para una Nación Avanzada, Frente Cívico y Social, por nombrar algunos. Lo anterior demuestra que un determinado nombre de alianza no “dice” mucho de quiénes son sus integrantes.

Tres cosas podemos concluir. Primero, cuán parecidas son las dinámicas partidarias entre las provincias parece ejercer influencia sobre cuán congruentes son las estrategias de alianza de los partidos en general. Segundo, una alianza es una etiqueta o la reunión de partidos pero una cosa no implica la otra. Tercero, la UCR y el PJ se han aliado a los mismos cuatro partidos alternativamente desde la redemocratización (en otros países de la región se estudia la consistencia ideológica de las alianzas pero, aquí, se las debo). Si bien estos argumentos están lejos de actuar como aliciente para los desconcertados militantes, pueden ser útiles para dar cuenta de la interdependencia que existe entre las elecciones de las distintas provincias.

[1] Los indicadores de congruencia son propios y su explicación metodológica puede encontrarse en Clerici (2014) Aliados y contendientes. Dimensionando el fenómeno de la congruencia aliancista en Argentina (1983-2013). Tesis de doctorado en ciencia política, UTDT/CONICET. DOI: 10.13140/RG.2.1.2602.3527. [2] Jones, Mark y Scott Mainwaring (2003) “The nationalization of parties and party systems: an empirical measure and an application to the Americas” en Party Politics 9(2): 139-166.

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