Sivak: “Clarín era un tema subdiscutido hasta 2008″

(Entrevista con Martín Sivak, autor del libro “Clarín. La era Magnetto”)

En el libro habla de “distintos Héctor Magnetto” desde que el CEO entró al diario Clarín hasta hoy. ¿Por qué?

Magnetto es un empresario que se va haciendo, va aprendiendo sobre la marcha. Hay una primera etapa cuando Magnetto llega a Clarín en 1972 como militante del MID y por indicación de Rogelio Frigerio con el objetivo de mejorar las cuentas del diario, que atravesaba una crisis financiera tras la muerte de Roberto Noble. En esa etapa, Magnetto ordena las cuentas, cumple una función importante en la compra de Papel Prensa y a fines de la década del ’80 se produce el primer cambio, cuando empieza a ver que el diario es asociado en las élites empresariales y políticas como del frigerismo y esa partidización empieza a ser vista como un problema. En 1982, Ernestina Herrera de Noble decide echar a Frigerio y al mismo tiempo, Magnetto empieza a convertirse en un estratega de medios. En la década de los ’90 se lo ve mucho más tomado por la “cultura pacman” de entrar a negocios en radio, televisión, cable, telefonía, que marca el momento de hegemonía del grupo pero provoca al mismo tiempo una crisis muy severa por el efecto que tiene el fin de la convertibilidad sobre el endeudamiento en dólares de Clarín. Y ahí se ve la habilidad de Magnetto para negociar con el poder político en tiempos dramáticos, con la modificación de la antigua ley de quiebras, que habilitaba a los acreedores a quedarse con parte del paquete accionario para saldar las deudas.

Hasta hace algunos años, había cierto miedo o respeto hacia Clarín. ¿El hecho de que el kirchnerismo lo haya subido al ring político le quitó peso como tabú?

Clarín era un tema subestudiado y subdiscutido hasta el año 2008 y era poco comentado en la prensa y entre los dirigentes por ese tabú que marcás. Obviamente el conflicto del Gobierno con Clarín lo que logró fue transformarlo en un gran tema. Había un miedo muy marcado entre dirigentes políticos y empresarios y eso evidentemente ahora va a cambiar. Pero creo que el objetivo del Gobierno no fue correr el velo de Clarín.

¿Cuál fue entonces?

El kirchnerismo tuvo cinco años de plena armonía con el diario y luego entendió que por los beneficios gubernamentales que le había otorgado, Clarín debía mantener el tratamiento amigable que tuvo durante la primera presidencia, y cuando no sucedió, buscó afectar la credibilidad del diario, dañarlo económicamente y privar a Magnetto de su anonimato. Además fue también una manera de restarle importancia a los partidos de la oposición, porque esta idea de un Magnetto todopoderoso que le dice qué hacer a los periodistas y a los dirigentes opositores fue una construcción del kirchnerismo que encontró ahí un enemigo muy efectivo. Pero toda esta propuesta de democratización de las voces y de terminar con las corporaciones de medios no ha existido porque no fue la prioridad del Gobierno. El mercado sigue estando concentrado; basta ver a Telefónica o Cristóbal López para darse cuenta que hubo varios grupos empresariales que rentabilizaron este conflicto.

¿Cuánto hay de mito y cuánto de realidad en que tener a Clarín a favor ayuda a garantizar la gobernabilidad?

En el libro yo trato de desmontar algunas de las creencias sobre Clarín. Una es esa que dice que al principio es oficialista y luego de obtener los beneficios, se vuelve opositor. Eso no se cumplió. Sobre todo, con Raúl Alfonsín, cuando Clarín fue opositor desde el primer día. De la misma forma, planteó sobre el tema de la gobernabilidad que cuando gana Fernando de la Rúa en 1999, es el momento de hegemonía del diario Clarín y el propio diario se asume como parte de la gobernabilidad. Entiende que en el contexto de la recesión, los problemas económicos que ya empezaban a surgir y el riesgo de salir de la convertibilidad, Clarín debía contribuir a garantizar la gobernabilidad en Argentina. Esa creencia de alguna manera se mantiene hasta 2008, pero no lo convierte en un actor decisivo para la gobernabilidad. Clarín fija agenda, tiene gran capacidad de presión, influye sobre las élites, genera climas, pero eso no lo convierte en un actor central de la gobernabilidad, no es que no se puede gobernar con el diario en contra. El mejor ejemplo es el caso de Cristina Fernández, que fue reelecta con el 54% de los votos en el momento más candente de su enfrentamiento con Clarín.

Ese mito está instalado sobre otra creencia, que es que Clarín es el diario que representa a la clase media, un sector del electorado codiciado por los políticos.

Sí, hay cierta sensibilidad de clase media pero en términos generales yo discutiría esa idea. En muchos dirigentes empresariales, gremialistas y políticos eso sirvió como para instalar la noción de que un buen vínculo con Clarín facilitaba un buen vínculo con las clases medias urbanas. Hay algo de cierto en que es leído por la clase media, pero los estudios disponibles muestran que es un diario que llega tanto al ABC1 como al D1, es decir, a todos los segmentos socioeconómicos. Clarín se concibe a sí mismo como un diario multitarget, es decir, un diario que tiene una gran llegada a todos los estratos sociales. En términos absolutos, en los ’90 Clarín tenía más público ABC1 que la Nación porque como vendía casi el triple de ejemplares, llegaba a más cantidad de lectores de todos los estratos.

¿Qué imagina que dejará este enfrentamiento para después de 2015?

Es interesante ver que los principales candidatos a la Presidencia –tanto de la oposición como del oficialismo– no han hecho de Clarín un tema de su campaña. Esto ilustra bastante el pos 2015. El enfrentamiento con Clarín es un tema del núcleo duro del Gobierno, que no tiene un candidato. Si bien a Daniel Scioli le exigen cada tanto algún pronunciamiento sobre la ley de medios o Magnetto, lo que hace es salir del paso, no es un tema al que le dé importancia en sus discursos o sus spots. Aunque al ubicar a Martín Sabbatella como precandidato a vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, está claro que hasta entonces, el conflicto con mayor o menor intensidad va a continuar. Pero la guerra tal como la entendimos en los últimos años, termina el 10 de diciembre.

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