¿Vamos hacia una coalición?

En un foro organizado por el Club Político Argentina, politólogos y políticos nacionales y extranjeros debatieron sobre las posibilidades de un gobierno compartido a partir de 2015.

Por necesidad más que por virtud, el próximo Gobierno Nacional podría verse impulsado a realizar una coalición de gobierno. Pero antes tendrá que sortear varios obstáculos: una Constitución Nacional que concentra los poderes en la figura del Presidente, una cultura política adversa a las coaliciones y un sistema de partidos fragmentado y desnacionalizado, entre otros tantos. Esa fue una de las coincidencias centrales de los varios expositores -académicos como Marcelo Cavarozzi, Eduardo Levi Yeyati, Guillermo Rozenwurcel y dirigentes políticos y tales como Graciela Camaño, Facundo Suárez Lastra,  Javier González Fraga, Juan Carlos Schmid, entre otros- que reunió el Foro abierto sobre coaliciones de gobierno organizado por el Club Político Argentino.

¿Para qué las coaliciones en el presidencialismo, que ? El que se encargó de responder eso fue el politólogo y columnista de el estadistaMario Serrafero, al enumerar: «Para acceder a la Presidencia, para evitar el gobierno dividido, para lograr una gobernabilidad mínima y para mantenerse en el poder, dado que en los países de la región, las coaliciones lo que pueden hacer es proteger al Presidente ante la eventualidad de que ocurran cuestionamientos parlamentarios o un impeachment«.

En la región, son varios los países donde gobiernan (o gobernaron) coaliciones. En Chile lo hace la Concertación, mientras que en Brasil el PT suma a más de una decena de países en sus votaciones legislativas. El caso chileno fue retratado por Paulo Hidalgo y Pepe Auth, mientras que el brasilero Cláudio Couto contó la experiencia de su país.

Ante estas experiencias, la mayoría de los expositores académicos argentinos consideró más difícil la situación en nuestro país. ¿Cuáles son los obstáculos? Para Serrafero, «la concepción de la Presidencia (en Argentina) es propietaria, como de dueño de una estancia, y eso opera no solo contra la concepción sino también contra el mantenimiento de las coaliciones», además de que al ser elegidos por una gran cantidad de votos y amplios márgenes respecto del segundo, «los candidatos ven que no necesitan de coaliciones electorales para acceder a la Presidencia». Como señalaba Luis Tonelli en el panel de coaliciones enmarcado en el seminario de el estadista, el Presidente prefiere ser electo sin depender de nadie para no tener que «pagar» con lugares.

Además, el politólogo Vicente Palermo señaló hacia la «subcompetitividad tanto a nivel nacional como subnacional» como uno de los factores adversos a la creación de coaliciones y su par Carlos Gervasoni apuntó a «la desnacionalización o territorialización del sistema político» y, al igual que Patricia Bullrich, a los partidos políticos no programáticos. «Es mucho más fácil y barato construir coaliciones territorialmente hablando con gobernadores que tienen control de legisladores en provincias de bajo mantenimiento, donde transferencias de pequeñas cantidades de dinero «compran» legisladores, que con partidos como el PJ o la UCR, que pueden cambiar radicalmente de programas y políticas públicas de una década a la otra o donde pueden convivir opciones ideológicas muy alejadas entre sí», remarcó el politólogo especializado en política subnacional.

Sin embargo, el chileno Pepe Auth matizó el pesimismo de sus colegas argentinos al advertir que «la cultura de coaliciones no surge sola sino que se construye» y dio como ejemplo a su país, donde los gobiernos de coalición surgieron luego de tres partidos que habían intentado «el camino propio» (Jorge Alessandri por derecha, Eduardo Frei de centro y Salvador Allende, con el «socialismo por la vía democrática») y después de una fuerte ruptura entre los que habían apoyado el SI y los que habían votado por el NO en el plebiscito convocado por la dictadura pinochettista.

Además, la cuota esperanzadora vino también desde el mundo político. El sciolista Gustavo Maragoni aseguró: «Hemos labrado acuerdos a lo largo de estos años. Con sus cosas buenas y malas, la Constitución de 1994 es la única de todos los argentinos. Algunas cuestiones pendientes van a requerir de acuerdos amplios y ojalá los podamos tener. El hecho de seguir siendo un país presidencialista no implica que sigamos siendo un país decisionista». En tanto, el radical Jesús Rodríguez aseguró que «la política puede cambiar la cultura» y Gerardo Milman (GEN-Progresistas), remarcó que pese a facultades legislativas y nominativas que la Constitución le concede al Presidente -que todos en la jornada coincidieron en cuestionar-, la Carta Magna no es un impedimento para las coaliciones, en tanto que «la realidad que vemos no es la que de la Constitución, donde dice presidencialismo y no híperpresidencialismo».

A contramano del resto, la politóloga y senadora del Frente Amplio uruguayo, Constanza Moreira, cuestionó la visión favorable a las coaliciones imperante en los paneles. «La eficacia en llevar adelante un programa de gobierno es mucho mayor en un sistema presidencialista que en las coaliciones», opinó. Otro que le restó algo de importancia fue el secretario de Gobierno del GCBA, Marcos Peña, quien remarcó que «muchas veces se sobreestima el valor de las coaliciones y se subestima el valor de la alternancia, que es más símbolo de salubridad democrática que la existencia de coaliciones».

En suma, el próximo período presidencial, por varias particularidades, ofrece un escenario propicio para la conformación de coaliciones de gobierno. Como remarcó Palermo, «si va haber coaliciones, no van a ser motivadas por la virtud política sino por la necesidad. Los partidos no se coaligan porque aman coaligarse sino porque creen que es de la forma en que pierden menos o más beneficios obtienen».

Sin embargo, el camino no estará exento de obstáculos ni es seguro que quien asuma en diciembre de este año busque hacer alianzas. «No es forzoso que vayamos a un gobierno de coalición en el corto plazo. Aún en el caso de que ningún partido tenga mayoría en el Parlamento, el presidente tiene otras alternativas», advirtió Palermo.

«Si gana Scioli va a tener una coalición muy amplia que no va a ser de él, si gana Macri va a tener una coalición muy pequeña que tal vez sea de él. Macri va a tener que ampliar esa coalición para consolidar su gobierno, Scioli va a tener que tratar de tomar control de una coalición que no le pertenece. El mejor escenario es que de aquí a 2017, cualquiera de los dos que gane haya solucionado ese problema y por lo tanto tengamos un gobierno consolidado», según el sociólogo Marcos Novaro.

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¿Vamos hacia una coalición? | Facundo Matos
5 años atrás

[…] originalmente en el estadista, […]

Juan Ruiz
5 años atrás

El reporte está muy bueno, pero refleja la perplejidad de políticos y analistas frente a un futuro que promete ser muy complicado y pleno de ingredientes desconocidos que demandarán del equipo de gobierno reflejos casi extraordinarios para encauzarlos.
Está claro que no va a haber coaliciones formales porque no forman parte del ideario político argentino ni están contempladas en la Constitución, pero sea quien sea el que acceda al gobierno deberá beber varias veces amargas pócimas y trenzar acuerdos con sectores de la oposición para superar el test de la desestabilización que subyace en una sociedad con muchas demandas postergadas y moralmente relajada luego de los 12 años de kirchnerismo, para colmo en un marco de restricciones instrumentales en materia económica y un contexto mundial de alta inestabilidad.
Por más que Marcos Peña saque pecho lo cierto es que Macri, si gana, carece de estructura nacional propia que se refleje en el Congreso, por lo que se verá tironeado de dos lados, el radical (su socio) y el peronista, para no hablar de los tarugos camporistas que le quedan en todos los ámbitos, agazapados en espera de la ocasión de arruinar cualquier iniciativa del futuro gobierno.

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