Objetivo opositor: revertir junio

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Junio fue el mes del Frente para la Victoria. En los últimos días antes del cierre de listas y candidaturas, el oficialismo tomó varias decisiones políticas que le permitieron sacar ventaja sobre el resto en las encuestas e instalar un clima de triunfalismo que llevó a analistas políticos, consultores y dirigentes a especular con la posibilidad de que el FpV se imponga en primera vuelta.

En primer lugar, Cristina Fernández no se presentó como candidata a ningún cargo, como preveía gran parte de la oposición. Dejó sin argumentos a los que especulaban con verla en una boleta, supuestamente en búsqueda de fueros judiciales. Además, le sirvió para alejarse de la competencia política, lo que le permitió sumar en imagen positiva. Tal como ocurre con la mayoría de los presidentes salientes, la ciudadanía empezó a percibirla en salida, fuera de la disputa política, y comenzó a evaluar su gestión, lo que le valió ganar en adhesión popular.

Al mismo tiempo, el FpV le allanó la primaria presidencial a su principal -y ahora único- candidato, Daniel Scioli. Con la designación de Carlos Zannini como su compañero de fórmula, se terminó de sintetizar en la boleta la nueva coalición oficialista, que reunió con éxito en el binomio y en las listas a peronistas ortodoxos, progresistas, sciolistas y camporistas. Con el nombramiento del santacruceño para acompañar a Scioli, además, se vio obligado a desistir de competir el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, quien buscaba mostrarse como garante de la continuidad, un lugar que recae en Zannini en la fórmula congeniada.

Como señala Juan Germano, director de Isonomía, “el cierre de listas funcionó para el FpV como una virtual primaria, en la que el oficialismo se salteó un paso previo que el núcleo de la oposición todavía tiene que dar: Sergio Massa contra José Manuel de la Sota, Mauricio Macri contra Ernesto Sanz y Elisa Carrió”. Pero además, en el desafío de ambos de ser la oferta opositora mejor posicionada, lugar que hoy está ocupando Macri según todas las encuestas. “En el FpV hay un paso saldado que lo definió la política, mientras que en la oposición lo tiene que resolver la ciudadanía. Esta situación dispar es la que hace que el análisis sea dispar, pero después de agosto va a haber un reordenamiento”, describe en diálogo con el estadista.

En el armado de listas legislativas, en tanto, la presencia de actuales y antiguos ministros, de funcionarios, camporistas y gobernadores, dejó en claro que el oficialismo juega para ganar y que Cristina Fernández no busca hacer «la gran Bachelet» y volver en 2019, después de cuatro años de macrismo u otro signo político opositor. El FpV pondrá todo para ganar en lo que -de algún modo- será un plebiscito de su gestión.

Finalmente, el pase a retiro del cuestionado jefe del Ejército, César Milani, y el apartamiento de los actos del procesado vicepresidente Amado Boudou, terminaron de consolidar el buen presente del oficialismo y de potenciar sus chances en las urnas, según indican los sondeos de intención de voto.

Por otra parte, si las elecciones provinciales son -como señalaba Andrés Malamud en el estadista– una suerte de primera vuelta, los resultados no fueron del todo favorables a la oposición ni desfavorables para el Frente para la Victoria (FpV). Mauricio Macri no triunfó en Santa Fe ni evitó el balotaje en la Ciudad de Buenos Aires y no pudo celebrar en varias de las provincias donde esperaba hacerlo de la mano de sus aliados radicales. De las 11 provincias que ya votaron (a las que se suma La Pampa, donde hubo internas sin cruce de fuerzas), en dos triunfó el radicalismo y en una -la Ciudad de Buenos Aires-, el PRO ganó en las PASO y las generales y es favorito para quedarse con la segunda vuelta. Pero de las ocho restantes, el FpV ganó en tres, y otras tres (Río Negro, Neuquén y Córdoba) tendrían trato cercano con Daniel Scioli en un eventual gobierno nacional suyo.

Todo esto, se vio reflejado en las encuestas. En la última edición de el estadista, Enrique Zuleta Puceiro señalaba que en las semanas recientes, Scioli ganó varios puntos de intención de voto y tomó distancia de Mauricio Macri, el precandidato mejor posicionado de la oposición. A un mes de las PASO, el escenario para el arco no oficialista es complejo, aunque no es irreversible. ¿Dónde están sus puntos débiles y qué puede hacer la oposición para revertir esta tendencia?

TERRITORIALIDAD

De cara a las elecciones primarias, uno de los puntos débiles del PRO sigue siendo la territorialidad. Pese a que la alianza con la Unión Cívica Radical le permitió adquirir una presencia que solo uno de los dos partidos tradicionales podía garantizar, Macri no termina de consolidarse en buena parte del país.

El caso emblemático, es la provincia de Buenos Aires. Por su peso en el electorado nacional (concentra el 38 por ciento del padrón), el aporte de votos que da el distrito al presidente electo es mayor que en cualquier otra provincia. Y ahí, el macrismo sigue teniendo dificultades para instalarse. “El PRO tiene que terminar de consolidar su despliegue en el interior provincial pero acercarse electoralmente al oficialismo en la Primera Sección Electoral”, señala Germano.

A grandes rasgos, el distrito está dividido en tercios: la Primera Sección Electoral concentra uno; la Tercera, otro; y el resto de la provincia, el último. Según Germano, “en el interior provincial, hay una situación que se parece mucho a la de 2009, reemplazando a Francisco de Narváez por Macri, sobre todo en ciudades grandes como Mar del Plata, La Plata o Bahía Blanca, donde el PRO está midiendo mejor que el FpV”. “En la Tercera, que es la de identificación más peronista, el panorama se parece más a 2011, con Scioli con muy buena intención de voto y Cristina Fernández con una elevada imagen positiva”, agrega.

Donde debe mejorar sus números el PRO es en la Primera Sección, donde compite no solo con el FpV sino también con el Frente Renovador, que tiene allí a buena parte de sus intendentes y el mayor nivel de adhesión para su líder, Sergio Massa.

La fragmentación de la oposición, por otra parte, también jugará en contra de cara a las PASO aún dentro de los frentes UNA y Cambiemos. Frente a un oficialismo encolumnado detrás de una única fórmula, julio y agosto serán meses en los que los precandidatos de los demás frentes se enfrentarán entre ellos por un lugar en octubre.

Más aún, en el frente Cambiemos, el balotaje porteño entre Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta, podría jugarle en contra a Macri. A solo dos semanas de las PASO, el candidato de ECO (aliado a nivel nacional con el PRO) llevará adelante una campaña con críticas a la gestión macrista en la Ciudad, el principal activo de la campaña de Macri a nivel nacional. Aunque es probable que no sea mordaz ni encendida, es un obstáculo más a sortear camino a agosto.

CAMPAÑA

En lo discursivo, el Gobierno tomó ventaja al fijar como eje de la discusión preelectoral la conservación de los logros de los tres gobiernos kirchneristas. La Presidenta y los dirigentes oficialistas hicieron hincapié en el último tiempo a la comparación entre 2003 y la actualidad y en la responsabilidad de la población y los dirigentes que sean electos de garantizar que los avances en materia social y económica de los años recientes no sean revertidos. En este contexto la opción por el cambio –dentro del clivaje continuidad o cambio- pierde fuerza. Uno de los desafíos de la oposición, será retomar la imposición de los temas de agenda.

“La discusión se va a plantear desde el eje continuidad o cambio, pero habrá que prestarle atención al metamensaje de los candidatos, porque hay una ciudadanía que no acepta ni continuidad ni cambio únicamente sino que busca algo intermedio”, advierte Germano. En ese sentido, siendo Scioli el representante de la continuidad y Macri el del cambio, advierte que el mayor desafío de ambos será “alejarse de sus fantasmas, que para uno es que lo vean como un regreso a los ‘90 y para el otro, como el kirchnerismo sin cambios”.

Paradójicamente, Sergio Massa, el candidato que mejor –y primero- ajustó su campaña a la demanda del electorado de cambios moderados, es el que marcha tercero y más lejos de la victoria. Consultados por el estadista, integrantes de su equipo de campaña confirmaron que seguirán intentando romper con la polarización a fuerza de propuestas concretas y mostrándose como un término medio entre Scioli, a quien le atribuyen ser la continuidad de La Cámpora, el “garantismo” en materia de seguridad y el “estatismo” en lo económico, y Macri, a quien le endilgan ser “la vuelta a los ‘90” y un candidato “muy porteño” (contra la fórmula “federal” que conforman Massa y el salteño Gustavo Sáenz).

Mientras tanto, desde el PRO, buscaron quitarle importancia al clima de exitismo que se instaló en torno al oficialismo y aseguraron a el estadista que seguirán apelando a la idea del cambio como estrategia electoral. “La designación de Zannini como vice de Scioli le subió el piso de votos pero le bajó el techo. No cambió nada, así que no vamos a hacer nada nuevo. Vamos a seguir mostrándonos como contracara del FpV, apelando al 50 por ciento de los votantes que quieren un cambio, mostrando con nitidez durante la campaña en qué somos el cambio y por qué Scioli es la continuidad sin nada nuevo”, describieron.

 

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