Se viene el debate presidencial

Es un aporte saludable y bien venido para la política nacional, pero difícilmente modifique en profundidad el sistema democrático argentino.

Por iniciativa de Argentina Debate, un colectivo integrado por economistas, empresarios, periodistas y otras figuras, es posible que haya por primera vez un debate entre candidatos presidenciales. De no mediar modificaciones, será el 4 de octubre en “un lugar de prestigio” que podría ser la Facultad de Derecho de la UBA o la Biblioteca Nacional y constará de cuatro o cinco bloques que sumarán en total entre una hora y media y dos horas, que se televisarán en simultáneo por varios canales.

Como será después de las primarias abiertas, sólo participarán los candidatos que superen el umbral del 1,5% y que se impongan en sus respectivos espacios. Desde la organización del evento, esperan que sean un máximo de seis o siete candidatos para mantener la fluidez del debate, aunque probablemente sean menos aún. De todas maneras, falta aún que todos los candidatos acepten porque los que van primeros en las encuestas suelen ser reacios a participar para no correr riesgos. Y como aún los debates no estánincorporados en la cultura política argentina, ningún candidato paga un precio por negarse a participar. Un caso recordado es el de Carlos Menem que dejó una “silla vacía” por negarse a debatir con Eduardo Angeloz pero le ganó cómodamente la elección. Y nadie imaginó ver debatiendo a Cristina Fernández con Eduardo Duhalde, Hermes Binner y Ricardo Alfonsín en 2013.

Dilma Rousseff se enfrentó más de diez veces con sus rivales de cara a las últimas elecciones. Tabaré Vázquez, Lacalle Pou, Pedro Bordaberry y Pablo Mieres debatieron antes de los comicios que consagraron al candidato del Frente Amplio. En Chile, Paraguay, Perú, Colombia, Gran Bretaña y por supuesto, en Estados Unidos, los aspirantes a gobernar el país tienen la costumbre de debatir entre sí en algún momento de la campaña. ¿Por qué no en Argentina?

Es cierto que a nivel subnacional hubo algunas experiencias y las sigue habiendo. “Encontramos que hay una tradición más robusta que la que creíamos: más de la mitad de las provincias tuvieron al menos un debate provincial, de hecho varias lo hacen con regularidad”, advierte el coordinador de Argentina Debate, Hernán Charosky.

Al pionero debate entre Dante Caputo y Vicente Saadi (1984) por la consulta sobre el tratado con Chile, se le sumó el que protagonizaron Juan Manuel Casella y Antonio Cafiero (1987), Domingo Felipe Cavallo y Aníbal Ibarra (2001), Mauricio Macri y Daniel Filmus (2007) y las múltiples experiencias ene elecciones de gobernadores en Córdoba, Mendoza, Santa Fe, Salta (2015) y otras tantas provincias, de aspirantes al Congreso Nacional. Allí están los casos de Tucumán (2009), Mendoza, Chaco y la ciudad de Buenos Aires (2013). Según Charosky, “esto quiere decir que si existe la demanda a nivel provincial de que los candidatos debatan, es posible construir la demanda nacional. Hay expectativas de cooperación para hacer que el debate ocurra y que sea un bien público”.

Para las pasadas elecciones en Salta, el gobernador Juan Manuel Urtubey y el aspirante a reemplazarlo, Juan Carlos Romero, se enfrentaron en televisión en una entrevista en simultáneo realizada por un único periodista y transmitida por un único canal. Los resultados no fueron muy alentadores: si bien hubo algún nivel de diferenciación, ambos candidatos apuntaron a frases hechas y amplias, capaces de contentar a la mayor parte del electorado, y no a una diferenciación programática concreta.

En Rosario, los postulantes a la intendencia debatieron por primera vez en la historia de la ciudad, con resultados más provechosos. Tres periodistas intervinieron como moderadores estructurando el debate, que dejó definiciones de parte de los aspirantes y cruces entre la candidata del PRO, Anita Martínez, y la actual intendenta del FJPV, Mónica Fein. La transmisión fue seguida por internet a través del hashtag #DebateRosario, lo cual permitió cierta participación del público. En condiciones similares, con transmisión en simultáneo en los tres canales abiertos de la provincia, debatirán los candidatos a gobernadores el primer sábado de junio.

¿TRAE CAMBIOS?

Hasta ahora, la campaña presidencial no arrojó grandes debates ni discusiones programáticas. A contramano de eso, sobraron slogans, chicanas y herramientas discursivas. Una de las razones es que la campaña no comenzó formalmente y que con las PASO siendo utilizadas en la mayoría de los espacios, el primer objetivo de todos es la discusión interna de cara al9 de agosto y el engranaje de alianzas. En este contexto, el aporte que podría dar un debate es tenido en cuenta por sus organizadores. “El debate presidencial abre el desafío a los candidatos de realizar propuestas sustanciales, generar expectativa en los ciudadanos y si puede ser satisfecha es lo que hace la diferencia. La posibilidad de agregar valor a la discusión”, dice Charosky.

Otros, en cambio, son más escépticos. “El debate es un acting puro, es un evento político para el cual los candidatos se preparan actoralmente con sus asesores y definen de antemano qué van a decir, a dónde van a mirar, cómo van a mover las manos, cómo se van a vestir, qué argumentos van a plantear”, advierte el experto en comunicación política Rubén Weinsteiner. “Hay muy poco de autenticidad y de planteos reales de planes de gobierno”, remarca.

En la edición Nº 110 de el estadista, el presidente de la Televisión Nacional de Chile y ex asesor de campaña de Michel Bachelet, Ricardo Solari, coincidía: “Uno de los riesgos es la banalización, la trivialización y la pérdida de valor del debate. La televisión sólo gana audiencia cuando hay dramatismo e imprevisibilidad, lo que puede llevar a que el debate se convierta en un producto totalmente desechable, más parecido a un reality que a una discusión política”.

Por esos motivos, para el debate presidencial tiene más fuerza la idea de seleccionar un lugar público y “de prestigio”. En ese punto, el modelo argentino se diferenciaría del chileno, el brasileñoo el inglés y se aproximaría al de Estados Unidos, en el que suelen hacerse tres con diferentes formatos (por ejemplo quienes hacen las preguntas) en distintos lugares del país.Entre los lugares que se barajan en nuestro caso, están la Facultad de Derecho de la UBA y la Biblioteca Nacional, ambos en la ciudad de Buenos Aires. Un punto que a futuro se podría corregir es la necesidad de mayor federalismo.

En cualquier caso, la celebración del primer debate presidencial de la Historia Argentina es una buena noticia y debe ser bienvenida, aunque no resolverá por sí solo los déficits del sistema democrático argentino. Cuál sea su aporte concreto, dependerá no tanto de la herramienta del debate en sí, sino en cómo la usen los políticos. De cómo se estructuren dependerá también si tendrán una influencia real en la decisión electoral y si modificarán preferencias previas a su realización.

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