Una decisión razonable

(Artículo publicado en la edición nº32)

Muchos de los votantes del FpV son nuevos y no están dispuestos a acompañar a cualquier candidato.

La decisión final de la Presidenta en apoyo de la candidatura de Daniel Filmus se inscribe dentro del proceso de clarificación de alternativas que, a impulsos del cronograma electoral, ha venido abarcando a la mayoría de las fuerzas políticas. Las razones que llevaron a Cristina Kirchner a optar en un sentido que muchos consideran como no del todo conforme con sus preferencias naturales permanecerán en el misterio, incluso para sus colaboradores más próximos.

La Presidenta ratificó así una verdad indiscutible en la política contemporánea: el control de la iniciativa y de la agenda política es, por lejos, el factor principal en la competencia política. Algo de esto demostró también, a su vez, Hermes Binner al lograr que toda la política de la oposición haya girado durante meses alrededor
de la fecha del 22 de mayo y de los resultados de la lucha interna del Frente Progresista santafesino.

La capacidad para generar expectativas y “fijar” la agenda fue para Néstor Kirchner una herramienta formidable de construcción política. En el caso de la Presidenta, es un factor que explica en buena medida la ventaja casi indescontable que parece haber logrado en las últimas tendencias electorales.

Para comprender los alcances del control de la agenda –agenda setting–, baste con advertir su impacto sobre las estrategias de la oposición. Las razones que en los últimos tiempos llevaron a figuras tan disímiles como Julio Cobos, Ernesto Sanz, Mario Das Neves, Felipe Solá, Mauricio Macri o Fernando Solanas y toda una lista de figuras menores a abdicar de sus pretensiones presidenciales son, en el fondo, del mismo tipo.

Son razones de necesidad y autopreservación. Vinculadas menos al voluntarismo que a la necesidad de adaptarse a la dinámica misteriosa de las opiniones colectivas. Son razones de respeto a los límites fácticos de todo proyecto político y de aceptación de la lógica natural de los acontecimientos colectivos. Razones acaso no muy diferentes
a las que llevan hoy por hoy a Ricardo Alfonsín a entablar negociaciones con Francisco
De Narváez y a Hermes Binner a considerar con mucha mayor cautela que la que hubiera deseado los márgenes ganados luego de la cómoda victoria de su candidato Antonio Bonfatti en las primarias de Santa Fe.

Es el control presidencial de la agenda política el que, una vez más, vuelve a acorralar a la oposición dentro de los límites de sus propias contradicciones internas. Conviene, sin embargo, destacar la prudencia con que la Presidenta manejó sus ventajas, tiempos y posibilidades. Filmus era y es, en efecto, el único candidato capaz de perder frente a Mauricio Macri por una diferencia menor de diez puntos en primera vuelta, condición indispensable para acceder al balotaje y competir luego de igual a igual en una pulseada final de resultados hoy difíciles de prever.

Actualmente se registra un empate entre Macri-Filmus en torno a los 43 puntos. De resultar candidato Amado Boudou –estrella central de un Gobierno que parece asegurarle a Cristina Kirchner su reelección en primera vuelta– hubiera perdido frente a Macri por casi veinte puntos. El segundo lugar y el pasaporte a la segunda vuelta hubiera en tal caso beneficiado a Pino Solanas.

Entre los votantes potenciales para la segunda vuelta, Filmus triplicaba desde un
principio a Boudou. Más aún, sobre el final, un par de datos encendieron luces de alarma imposibles de soslayar: cuatro de cada diez votantes de Filmus aseguraban que, de optarse por la candidatura de Boudou, votarían por Solanas, al tiempo que un 56,5 % de los votantes del Frente para la Victoria expresaban que sólo lo votarían en la medida en que su candidato fuera la mejor alternativa posible, es decir, en la medida en que el candidato fuera Filmus.

Lo cierto es que, en la terminología de los consultores políticos más sofisticados, la mitad de los votantes del FpV son votantes “blandos”, nuevos votantes que tienen algunas cosas claras: el apoyo a Cristina, el rechazo a Macri, un ideario genéricamente “progresista y una agenda de demandas vinculadas a una idea del poder más inclusiva y socialmente responsable. Al mismo tiempo, tienen otras cosas menos claras –los estilos políticos, el espíritu de confrontación o la escasa vocación republicana de algunos de los sectores que integran la coalición gobernante–.

Dominando esta mezcla de razones y sensaciones, esta mitad por lo menos de los votantes probables del FpV son votantes independientes, que comparten con buena parte del electorado porteño fuertes expectativas de futuro y una intuición de que las políticas nacionales podrán no ser las únicas posibles, pero abren, al menos, un sendero de cambio futuro bastante más seguro que las confusiones, dudas y contramarchas de los candidatos de la oposición.

Esta es la base sobre la cual Daniel Filmus aportó lo suyo. Capitalizó años de conocimiento y trabajo personal y político en la ciudad. Enhebró con paciencia y en dosis exactas una red de acuerdos y compromisos que trascienden largamente el ámbito del peronismo. Aguantó con seguridad posiciones de autonomía e independencia de criterios poco frecuentes en las subculturas políticas que constituyen el kirchnerismo. Por sobre todo, dialogó y se expresó con mayor claridad que sus contendientes.

Respetó las reglas internas y se hizo entender por un electorado cauteloso y suspicaz.
Logró así ventajas claras, muy difíciles de ignorar.

LA DOBLE VUELTA
Sobre el final – al igual que Kirchner en las presidenciales del 2003–, Filmus fue, si se quiere, el menos “peronista” de todos los candidatos posibles del kirchnerismo, una condición necesaria aunque no suficiente en la difícil psicología política del distrito. El complemento de Carlos Tomada en la fórmula o de algunos de los nuevos dirigentes del “cristinismo” duro implicará ventajas e inconvenientes que tanto la Presidenta
como Filmus deberán acomodar con cuidado y precisión.

Una de las grandes ventajas del sistema de doble vuelta es que fuerza a los contendientes a la moderación. Nadie puede atacar a sus adversarios de un modo que, en la tarde misma de las elecciones, a la hora de su acceso al balotaje, le impida convocar al resto de los candidatos y fuerzas políticas. Está demasiado próxima
la experiencia de Menem en el año 2003, cuando a pocas horas de su victoria en primera vuelta vio crecer un rechazo social del 70% que tornaba imposible cualquier estrategia de segunda vuelta.

Tampoco es argumento menor la propia experiencia frente a Macri en la segunda
vuelta de las últimas elecciones. Desde por lo menos dos semanas antes de la
decisión presidencial, estaba claro que la fórmula para competir en la ciudad incluiría a dos de los tres candidatos, aunque permaneciera en el secreto más absoluto la combinación final. Todos los escenarios posibles fueron considerados, cuantificados
y evaluados con precisión.

Fruto más de la necesidad que de la virtud, la opción Filmus-Tomada, reforzada por una combinación de listas legislativas que integra a casi todos los sectores internos, fue sin duda la más inteligente y razonable de las posibles.

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