Después del milagro

(Columna de Cecilia Escudero)

El Gigante Sudamericano enfrenta una coyuntura crítica. El dilema del PT y el impacto en Argentina.

Una vez más en su historia, Brasil se encuentra de frente a la encrucijada de su desarrollo. Desde la era inaugurada por Luiz Inácio Lula da Silva en 2003, el primer gobierno liderado por fuerzas del campo popular –después de veintiún años de dictadura militar y más de una década de gobiernos neoliberales– ha intentado resolver los dilemas de una Nación con vocación de potencia pero con una estructura social atrasada y desigual. Muchas veces, como en la actualidad, las contradicciones de la primera economía latinoamericana y séptima mundial parecen emerger en un cuadro dramático. Prueba de ello son los cincos meses que van del segundo mandato de la presidenta Dilma Rousseff, que entrelazaron turbulencias políticas y económicas.

Ex miembro de la dirección nacional del gobernante Partido de los Trabajadores, Valter Pomar, sostiene en diálogo con el estadista: “Desde 2011, con un grupo de dirigentes decimos que la Presidenta tiene dos alternativas. O bien adopta una visión progresista y realiza reformas estructurales para profundizar los cambios iniciados por Lula; o bien ejecuta una política conservadora que conduce a una regresión económica y a los impasses del período neoliberal”. Este profesor universitario y doctor en historia –que aclara que aunque sigue dentro del PT opina a título personal– agrega: “En los últimos años se desarrolló una pelea sobre estos dos rumbos. Hubo etapas en que prevaleció la primera posición, como cuando se impuso el modelo de participación estatal para la explotación de los yacimientos del Presal y otros momentos, como ahora, en los que predomina la variante conservadora, ortodoxa, fiscalista”.

Las grietas en el PT saltan a la vista. Pero, la realidad se tambalea más allá de los dilemas del partido originado en plena transición democrática, y devenido potente maquinaria electoral. Al escándalo de corrupción en Petrobras y el estancamiento económico, se agregan las dificultades de articulación política con un Congreso liderado por el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, principal aliado del PT, pero que muchas veces actúa como un tenaz adversario. Tampoco contribuye un gabinete cuya dimensión obedece al inevitable reparto de cargos que impone el denominado “presidencialismo de coalición” y que hace indispensable la demorada reforma política. Para peor, el clima de descontento en las centrales sindicales y los movimientos sociales por el proyecto de tercerización laboral se incrementó frente a los detalles del anunciado ajuste presupuestario de US$ 22.400 millones, que afectará políticas sociales, y que tiene por fin retornar a la senda del crecimiento. Brasil entró en recesión técnica en el primer trimestre de este año. El Gobierno reconoce que puede haber una retracción de la actividad económica en 2015 del 1,24%. Se trataría del peor desempeño de la economía brasileña desde 1990.

¿FIN DEL MILAGRO DE LA ERA LULISTA?

Desde Brasil, Marcelo M. Valença, profesor universitario de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, dice: “Debemos preguntarnos si el país ya es una potencia emergente o si está emergiendo. Las condiciones nunca fueron tan favorables como en los últimos quince años para la concreción del sueño de Brasil potencia. Pero faltaron planificación y proyectos sólidos”. Según Valença, la estabilidad económica resultante del Plan Real del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y de la primera administración de Lula posibilitaron el desarrollo del mercado interno. “El incentivo al consumo, especialmente entre las capas menos pudientes de la población, se incrementó durante el primer mandato de Dilma y conformó una gran base de apoyo. Sin embargo, faltó gestión para el sostenimiento y la diversificación del consumo. El milagro brasileño naufragó y expuso las heridas que fueron enmascarados por el discurso oficial”. No todo está perdido. “Si bien se observa el agotamiento del modelo económico, la situación tenderá a estabilizarse en el mediano plazo”, remata.

Al ser interrogado por la coyuntura brasileña, el director de la consultora Abeceb, y ex secretario de Industria y Minería de la Nación, Dante Sica menciona los efectos negativos del escenario internacional, y especialmente la abrupta caída del real que se registra desde inicios de año y que se asocia al incremento del precio del dólar a nivel global. Además del escenario financiero externo, Sica pone el foco en “la crítica situación interna”. Las denuncias de corrupción y las pujas de la dirigencia política “generan incertidumbre en un proceso de ajuste que no está demasiado aceptado por algunos actores económicos directamente impactados, como los agrarios”. Asimismo, agrega que Rousseff está convencida de que necesita “un fortalecimiento fiscal para lograr una expansión de la actividad, ya que en los últimos años se habían desenfocado la política fiscal y la monetaria”.

¿Cómo afecta la crisis brasileña a la región y especialmente a la Argentina? Para Pomar, dado que prevalecen los intereses contrarios a la integración regional y a los BRICS, la proyección global de Brasil y su liderazgo latinoamericano están bajo amenaza. Mientras que Valenga desestima que pueda haber problemas en los vínculos con sus vecinos. “Con Argentina, las relaciones, alimentadas desde los ‘80, son fuertes. Pueden atravesar este período de crisis”.

Con todo, Brasil, además de ser el principal socio comercial de Argentina, recibe el 42% de las exportaciones manufactureras. Sica vuelve a poner el acento en la cuestión cambiaria: “La depreciación de Brasil se combina con un tipo de cambio prácticamente fijo en nuestro país, junto con un diferencial de inflaciones muy adverso para Argentina. Ello mejora la competitividad de Brasil”. Si bien asegura que, “es improbable una avalancha de importaciones brasileñas debido al comercio administrado con trabas y la complementariedad que rige el comercio bilateral, de sostenerse en el tiempo la pérdida de competitividad, podría condicionar el desarrollo del entramado local en el mediano plazo”. En el corto plazo, “el sector automotriz se encuentra entre los más expuestos a esta situación, dado que el 85% de los autos producidos en el país tienen como destino a Brasil”.

En suma, el quiebre político que representó la irrupción de Lula en el poder, como no se veía desde la época del varguismo, con un modelo de crecimiento económico que mezcló ortodoxia con niveles inéditos de inclusión social, revivió el viejo sueño del milagro brasileño, un término pergeñado durante el boom económico de la dictadura. Y por muchas razones no cabe duda de que Brasil es uno de los grandes de la urbe global. Aunque, por el momento, se aleje de los notales equilibrios económicos y sociales de la última década. El “destino de grandeza” que, cada tanto, se le escapa de las manos.

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