El recurrente debate sobre la pobreza

Cada tanto reaparece con intensidad el debate sobre el número de personas que viven en situación de pobreza o son indigentes. La falta de mediciones oficiales crea las condiciones para que toda la discusión se base en presunciones más que en datos confiables. Pero no es ese el principal problema sino el que polemice en torno a cifras y métodos de medición y no sobre la cuestión de fondo. Detrás de cada punto del índice de pobreza se esconde el drama de miles de personas. Más allá de los porcentajes, lo cierto es que en Argentina hay muchas personas con ingresos insuficientes y es hora de discutir –en el marco de la campaña electoral– cómo reducir el nivel de pobreza y eliminar la indigencia en el próximo turno de Gobierno.

El primer punto a tener en cuenta es la estabilidad macroeconómica. No hay mejor política social que evitar las crisis ya que los sectores de menores ingresos son los primeros en verse afectados y los últimos en recuperarse cuando empieza a mejorar el ciclo económico. En este sentido, debe ser prioridad para las autoridades que asuman en diciembre reducir sustancialmente la tasa de inflación y ubicarla en un dígito antes que termine su mandato. No puede haber una mejora de los ingresos con una tasa de inflación que se ubica entre las tres más altas del mundo. Es fundamental también que se incremente la tasa de inversión para que el país pueda crecer a tasas del 4% durante un período prolongado. Sólo así se podrán generar empleos suficientes, formales y bien remunerados.

Hoy el mercado de trabajo sigue mostrando muchas debilidades. La tasa de actividad es muy baja, la informalidad es alta y el empleo privado con salarios adecuados abarca a un segmento reducido de los que tienen empleos. Sin un mercado laboral potente, las perspectivas de reducir drásticamente la pobreza se desvanecen. Una inversión masiva para mejorar la infraestructura en las zonas más vulnerables del país también es fundamental para disminuir drásticamente la pobreza.

Hay, finalmente, una necesidad de mejorar las políticas sociales. Realizando evaluaciones constantes para comprobar si se cumplen los objetivos que se persiguieron al ponerlas en marcha. Se lograron avances a partir de la AUH que hoy se convirtió en una política de Estado y todos los sectores afirman que debe mantenerse. Pero se necesitan fortalecer otros programas que apuntan al segmento joven de la sociedad que aparece como el más desprotegido.

Si no se ataca ahora el problema de los cientos de miles de jóvenes que ni estudian ni trabajan, se corre el riesgo de que los índices de pobreza se mantengan elevados durante mucho tiempo. Hoy, casi la mitad de los jóvenes son pobres. La campaña electoral es un buen momento para discutir con seriedad estos temas.

La polémica sobre los dichos de la Presidenta en la FAO ya forma parte del pasado, no del futuro. Es irrelevante discutir sobre si la década K fue ganada, perdida o desaprovechada. Es tiempo de ponerse a trabajar para la próxima.

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