¿Un final de juego civilizado? Es culpa de Massa

(Columna de Ernesto Calvo)

No hay bravuconadas, no hay patadas por atrás y no hay codazos en pelotas divididas entre los tres principales presidenciables. ¿Por qué?

Entramos en el tramo final, con tres elecciones sucesivas, las cuales muy probablemente se definan por pequeños márgenes. Al menos eso parecerian decir los analistas políticos, las encuestas, la militancia y la calle. Como en el fútbol, cuando los márgenes son exiguos las batallas electorales son duras, con mucha fricción. Se juega al límite, golpeando al oponente mientras se levantan los brazos y se sonríe al árbitro para evitar la expulsión. Así son los partidos importantes, los partidos en los que hay paridad entre los equipos. Pero en Argentina, por ahora, no es este el tono que le han dado a sus campañas electorales los candidatos que pican en punta. No hay misiles entre Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa. No hay bravuconadas, no hay puntapiés por atrás, no hay codazos en pelotas divididas. No todavía.

Cuando los márgenes son exiguos, los candidatos más agresivos tienden a ser los que vienen atrás, los que necesitan ganar puntos. Marcar bien de cerca, agarrar la remera, patear los tobillos, trabar los brazos, son todas estrategias para frenar al oponente y cambiar el ritmo del partido. Pero en este caso los dos candidatos de la oposición que se encuentran más necesitados de votos han construido sus campañas electorales denunciando la crispación, la intolerancia y el talante autoritario del Gobierno. Una civilidad que fue pensada para ganar votos contra Cristina Fernández y no contra Daniel Scioli. Una estrategia que es ahora un corsé que no deja respirar a las campañas de Macri y Massa, mientras se aproxima la elección nacional con vientos económicos soplando a favor del Gobierno. Sólo Florencio Randazzo se comporta como el candidato tradicional que viene peleando desde atrás y tira manotazos para tratar de frenar al oponente, en este caso en su interna. Claro, Randazzo nunca prometió cambiar el “estilo” de la política argentina sino darle continuidad al programa del Gobierno. Pero, con todas las cartas sobre la mesa y una diferencia de puntos exigua, la presión política tiene que ir subiendo. Uno esperaría mayores cuotas de agresividad.

Una cantidad de datos políticos conspiran en esta campaña para mantener paños fríos, lo cual va más allá de la retórica anticrispación. Es el resultado de una tendencia que empieza a consolidarse y va a dominar la política en las próximas semanas: si el massismo desaparece (o se hace muy chico), Scioli puede llegar a ganar en primera vuelta, arañando el 40% y con 10 puntos de ventaja sobre Macri. Si el massismo se mantiene en su actual nivel, casi con seguridad hay segunda vuelta, Scioli tendría que juntar 50 puntos y Macri tendría una pequeña ventana –muy pequeña– para alzarse con el premio grande. Massa, parafraseando a mi colega Pato Navia, es el viagra que le garantiza a Macri la segunda vuelta.

Esto, por supuesto, es un problema para Massa. Nunca va a tener tanto capital político para negociar como en este momento. Pero nada de lo que puede negociar es demasiado atractivo. Al gobernador Scioli le conviene que colapse la campaña de Massa, pero atacarlo públicamente sería contraproducente. La mejor opción es que el massismo se desangre por sus propias presiones internas antes que por un ataque frontal. A Macri le conviene capturar votos de Massa, pero sólo después de la primera vuelta. Como resultado, Massa se ha transformado en un frenemy de ambas campañas, alguien que se encuentra en ese espacio ambiguo entre ser un amigo y un enemigo, alguien que juega desde afuera pero puede ayudar a ambos candidatos, ya sea con su continuidad o con su caída. Distintas campañas se beneficiarían si Massa decide irse o quedarse, pero ninguna tiene interés en ofrecerle un premio interesante. El frente interno de Scioli no permite apoyar las aspiraciones de Massa en la provincia como contraprestación por bajarse. Al frente interno de Macri no le sirve una coalición, dado que nadie puede garantizar que los votos del massismo no vuelvan al sciolismo. El secreto a voces es que Massa es un disidente peronista y no un líder opositor. Si desaparece, la mayoría de sus votantes no son de nadie y tienen orígenes peronistas. Con o sin Massa, el FR se disuelve en Scioli y no en Macri.

LA “BORRA” EXPLICA EL DILEMA MASSISTA

Para explicar el dilema de las campañas de Scioli, Macri y Massa utilizo a continuación los datos del proyecto colectivo “La Borra”, el cual comenzamos con Julia Pomares, Andy Tow, María Page y Manuel Aristaran hace algunos meses.

En los últimos años un gran número de investigadores en ciencia política han comenzado a realizar metaanálisis de encuestas, con el objetivo de mejorar el nivel de análisis y de predicción electoral. Metaanálisis significa combinar los datos agregados de un gran número de encuestas para obtener estimaciones más precisas de las preferencias de los votantes. El público en general conoce estos análisis a partir de bloggeros como Nate Silver (http://fivethirtyeight.com/), aun cuando hay un gran número de académicos que desde hace tiempo utilizan este tipo de modelos, incluyendo a Simon Jackman en Stanford y Andrew Gelman en Columbia. Para esta elección, hemos ido juntando las distintas encuestas que han sido publicadas en Argentina y poniendo los datos a disposición del público en el blog de Andy Tow (www.andytow.com/blog/borra). Actualmente, tenemos los datos agregados de más de 220 encuestas producidas en Argentina que miden las preferencias de voto para las PASO, para la primera vuelta y para un número importante de elecciones provinciales.

Existen muchos modos de combinar estas encuestas pero en casi todos los casos se utilizan variantes de modelos no lineales que estiman cambios en la tendencia electoral con el paso del tiempo. En este caso, utilicé las encuestas que miden la intención de voto para el Ejecutivo nacional en las PASO y en la primera vuelta. Estos datos son presentados en las figuras de la siguiente página. Los puntos describen la razón de votos de los candidatos en las distintas encuestas, las líneas rojas describen la tendencia del voto entre mediados de febrero y fines de mayo y las líneas grises describen el intervalo de confianza alrededor de la línea de tendencia, con p < 0.05. Dado que el número de observaciones disponibles para las PASO es considerablemente menor que para la elección general, la tendencia de las PASO tiene un alto margen de error mientras que la tendencia de la primera vuelta es estimada de modo más preciso.

Figura 1: Macro-Análisis de Encuestas Electorales (PASO)

Figura 2: Macro-Análisis de Encuestas Electorales (Primera vuelta).

Los resultados de estos gráficos muestran algunos de los riesgos que enfrentan los candidatos conforme nos aproximamos a las PASO, explicando el bajo nivel de combatividad de las campañas. En primer lugar, vemos el debilitamiento del massismo que ha sido ampliamente reportado por los medios y ha llevado a defecciones importantes dentro de sus filas. Los gráficos muestran que Macri ha mantenido estable su caudal electoral en estos tres meses, con buenas posibilidades de salir como el candidato más votado en las PASO a pesar de que su coalición seguramente quedará segunda. Finalmente, los gráficos muestran una creciente concentración del voto, que debería incrementar el nivel de polarización entre Scioli y Macri.

Más importante, sin embargo, es que los gráficos parecerían confirmar la sospecha de muchos de nosotros, que vimos siempre a Massa como un disidente peronista antes que como un opositor. Incluso el nombre de su partido, Frente Renovador, hace alusión al giro interno del partido luego de la derrota de Luder en 1983. El resultado es que, conforme se debilita el massismo, no vemos un aumento significativo del voto de Macri sino, muy por el contrario, un fortalecimiento del sciolismo como opción de gobierno. Por supuesto, algunos votos del massismo van a Macri, pero no la mayoría. Y Scioli está a tan sólo 5 o 7 puntos cruzar la meta en la primera vuelta.

El sciolismo tiene que apostar a cerrar el negocio en octubre, llegando a 40 puntos con 10 de ventaja sobre Macri. La clave de este triunfo, por tanto, está en desarmar al massismo para que no llegue a octubre o que, en su defecto, consiga un número de votos que se encuentre por debajo de 7% – 8%. Por tanto, por extraño que parezca, las posibilidades electorales del macrismo dependen de que Massa logre mantener un número significativo de votos en la elección de octubre y, por tanto, evitar que el sciolismo gane en primera vuelta. Esto le da un nuevo sentido a la coalición entre el PRO y el FR, cuya utilidad para el macrismo depende de mantener los votos lejos del sciolismo. La consigna tiene que ser mantener vivo al FR hasta la primera vuelta y, para ello, una alianza presidencial no tiene ningún sentido. Mientras tanto, para la segunda vuelta, las posibilidades electorales de Macri dependen de capturar los votos del radicalismo y la oposición para compensar los desequilibrios de un voto massista que pareciera fortalecer a Scioli. Para Macri, la supervivencia del FR es mucho más importante que una coalición con Massa.

BAJAME ESE TONITO Y CHARLEMOS DEL TEMA

La Borra muestra porque tanto el sciolismo como el macrismo deberían mantener un tono cordial con Massa hasta el 25 de octubre (o hasta que el massismo deje de ser electoralmente viable). Macri se perfila hoy como el candidato que va a obtener una pluralidad de votos en las PASO, resultado que va a usar a su favor para tratar de arrastrar votos en la elección general. Sin embargo, para ganar necesita arrear los votos del resto del arco opositor en una segunda vuelta, dado que Macri no está creciendo en las encuestas a una velocidad que le permita salir primero, mucho menos tener 10 puntos de ventaja.

Mientras tanto, el FpV se perfila como el partido que mayor cantidad de votos va a obtener en las PASO y en la elección general de octubre. Aun si Scioli divide su voto con Randazo en las primarias, la madre de todas las batallas se juega en la primera vuelta. En esta primera vuelta los votos de Massa son clave. Estos votantes no están particularmente preocupados por el “estilo” del Gobierno y tampoco son un núcleo duro opositor. No son más cercanos a Macri que a Scioli y, por tanto, son votos que el gobierno necesita en octubre antes que en noviembre. En la medida en que el voto de Scioli se estabiliza en alrededor de 32 a 34 puntos, los votos de Massa pueden ser claves para evitar una segunda vuelta en noviembre.

¡Que dilema para Massa! Conforme sus aspiraciones presidenciales se extinguen se aproxima la hora de negociar con el futuro presidente, no importa cuál sea su color. Quizá esto explica el silencio de Massa. La suerte está echada y un futuro con Scioli parecería ser mucho más probable que un futuro con Macri. ¿Llegó la hora de apagar la luz en el local del FR? ¿Será este el cálculo que están realizando en el war room los asesores de Massa? ¿Será este el motivo por el cual, en la campaña electoral, nadie golpea muy fuerte? ¿El motivo por el cual nadie se ha sacado los guantes?

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