La danza de los vices en el FpV

(Columna de Sebastián Iñurrieta)

Los dos precandidatos del oficialismo están dedicados a la búsqueda del vice perfecto, un arte que el kirchnerismo nunca pudo perfeccionar. Las opciones y el rol de Cristina.

Un poco más de cristinismo, un poco más de peronismo tradicional, una pizca de pejotismo K, menos sciolismo, unas gotas abundantes de camporismo, todo teniendo en cuenta la cocción del acuerdo macrimassismo. En estos momentos, en los laboratorios electorales oficialistas están buscando las mejores recetas para sus (por ahora) dos fórmulas presidenciales en las PASO del próximo 9 de agosto.

Los bioquímicos de la campaña le agregan kirchnerismo a un hoy por demás cristinizado Daniel Scioli o lo atenúan con justicialismo. Distintas variantes se ensayan con pretendida rigurosidad científica en un Florencio Randazzo que se propone como heredero adoptivo de Cristina Fernández, a falta de uno natural. Sobre ambos peronistas, con sus propios niveles K en sangre, se ensayan sus posibles compañeros de boleta para llegar a los resultados deseados. La búsqueda del vicepresidente perfecto, una ciencia que el kirchnerismo nunca pudo perfeccionar.

Una Mandataria cuyo apellido volverá al llano después de doce años, hoy inesperadamente revitalizada de imagen, sorteando incluso el terremoto político de la muerte aún misteriosa del fiscal Alberto Nisman, oficia de árbitro de la interna del FpV. Desde esa centralidad en el tablero, maneja sus tiempos, como virtual jefa de campaña envía gestos a sus postulantes a sucederla: es la virtual jefa de campaña de ambos, de inclinación para Randazzo y gélidos a un Scioli encerrado entre paredes K al que siempre le redituó la victimización frente a la Casa Rosada. Ambos agradecidos. Así, Cristina Kirchner trabaja para su ministro de Trenes y DNI para las primarias y para las generales del gobernador bonaerense poco asiduo de la Quinta de Olivos.

Sin bendición explícita (“No tengo favoritos”, envió desde Rusia), los experimentos preelectorales presidenciales apenas se dejan entrever. La conformación de las fórmulas será uno más de ellos. Durante su última visita a Santiago del Estero, ante el diario El Liberal, el ex motonauta sentenció que su copiloto será “dialogado y consensuado al máximo nivel”. Descartado que se refiriera al papa Francisco, se descuenta de quien hablaba. “¿Ya sabe quién será su vice?”, le preguntó Página 12 a Randazzo. “No, lo voy a conversar con la Presidenta. Ella es la que conduce este proceso y la opinión de Cristina tiene un enorme peso”, coincidió el funcionario, que evita estar de acuerdo con su archienemigo interno en todo lo que pueda.

Desde que lo ungieron como presidenciable del G7 pejotista, Randazzo da la misma respuesta si se lo consulta por su compañero de fórmula como si se le pregunta por su candidato a concejal de su Chivilcoy natal: “Lo va a decidir Cristina”. En su cuartel general de campaña, sin embargo, vienen ensayando distintos brebajes para captar el paladar electoral. En un momento se entusiasmaron con una transversalidad 2.0 luego de una foto de gestión con el gobernador santafecino (y socialista) Antonio Bonfatti. Con un Scioli ya por la tercera cita con sus pares peronistas, en especial aquellos sin plan jubilatorio este 2015 a falta de reelección, cada instantánea de sus primeras citas con un cacique territorial también entusiasma a la tropa ferroviaria. Por despecho más que por amor. De esta manera, luego de su visita a Misiones, hasta surgió la posibilidad de ir acompañado por el mandatario Maurice Closs. Descartado: obligado a acordar con La Cámpora dos de los cuatro lugares de la lista legislativa (dinámica que se está repitiendo en la mayoría de los distritos K), el gobernador irá como candidato a diputado.

El proceso naranja fue mucho más gradual. El sciolismo hoy está resignado a entregar todos los espacios con tal de salvar el que le corresponde a su líder. Igual, esta previa electoral fue con menos optimismo y esperanza que la de 2013, cuando el senador bonaerense Alberto De Fazio renegaba del “dedo de Cristina”, lo que derivó en un preacuerdo legislativo con Sergio Massa en Villa La Ñata, roto a último minuto. Pero había lugares que reservaban para sí. Eso al menos prometía el ex motonauta en sus incursiones por el interior, buscando apoyo de otros gobernadores. Todo cuando imaginaban a una Cristina Kirchner encerrada en Olivos para este kilómetro de la recta final. Pronósticos fallidos. Hoy no es tan segura una fórmula naranja 100% peronista.

El primero en autoanotarse fue el mendocino Francisco “Paco” Pérez. Fue en mayo del año pasado. Poco disimulado, abrió las sesiones legislativas rodeado de carteles naranjas de “Scioli 2015”. Sumado a los chisporroteos con la Casa Rosada en el armado de las listas, que eyectaron al histórico operador de todos los peronismos gobernantes Juan Carlos “Chueco” Mazzón, el gobernador de Mendoza cayó en desgracia. La derrota del FpV provincial a manos de una UCR macrimassista encendieron las alertas en Balcarce 50. Tras esas PASO, el secretario general de la Presidencial, Eduardo “Wado” De Pedro, inició el Operativo Unidad, en su doble rol como apoderado del PJ y referente de La Cámpora. Condonado por un cristinismo en gira despedida (más magnánimo que lo que era el kirchnerismo en su esplendor), Pérez tendría acordado competir como parlamentario del Mercosur. La debutante parte de la boleta terminará siendo el destino jubilatorio de más de un gobernante K sin otra re, que hasta podría incluir a la propia Cristina Kirchner, según los rumores alentados por la aceleración del proyecto en ley del diputado Jorge Landau, ingeniero electoral del oficialismo.

El histórico José Luis Gioja siempre fue el preferido en La Plata, respetado por todo el arco peronista. Si bien las secuelas de su accidente en helicóptero, del que se salvó de milagro, ahora lo pone en duda, aún cuando hace poco anunció que desistía de ir por la re-re-relección en San Juan. Más allá de la figura decorativa del vicepresidente, el rol obliga a presidir las a veces interminables sesiones del Senado. “Hay que ver si Gioja quiere asumir esa responsabilidad”, se desentienden en la gobernación.

Tanto las visitas de Scioli como de Randazzo a Santiago del Estero potenciaron la opción de Gerardo Zamora, senador y tercero en la línea de sucesión actual. Dejó al frente de la provincia a su esposa, Claudia Abdala Ledesma, terruño que ya vio una sucesión matrimonial con Carlos a “Nina” Juarez, mucho antes de Néstor a Cristina Kirchner. Para esquivar ponerlo en la terna de sus vices pero tampoco descartarlo, el bonaerense auguró que “en los próximos años” el ex gobernador “será un gran protagonista de la política argentina”. “Estoy excluido de ese tema”, se bañó de humildad el santiagueño, como antes lo había hecho el re-reelecto salteño Juan Manuel Urtubey. “No voy a ser vice de Scioli ni de Randazzo”, prometió tras ganar las elecciones el ex presidenciable que ahora apuesta a 2019. “Si Cristina me lo pide, le diría que consigamos otro”, se animó a una prematura negativa a cualquier orden presidencial.

Otro que se bajó pero podría tener posibilidades es el gobernador Sergio Urribarri. Aún antes de ser una víctima del precandidaticidioK, sin poder despegar en las encuestas, el entrerriano se proponía de partenaire. Autopublicitado como el sucesor más cristinista, logrando el apoyo incluso de una Hebe de Bonafini que quiere a pocos, la lógica indicaría que debería acompañar al ministro en una boleta 100% K. Pero la razón no siempre escribe las tramas electorales. El bañarse motus proprio (sin llamado de la Casa Rosada, a diferencia de Jorge Taiana) lo dejó en carrera. Al menos en boxes. Hay que tener en cuenta el teorema Alberto Balestrini. Como gobernador, Scioli nunca eligió a su compañero. El cacique matancero fue el primero que Kirchner le acopló como “comisario político” en 2007. “Le pusieron al vicegobernador para que al año se hiciera cargo de la provincia y Alberto, hasta su problema de salud, terminó mediando entre Néstor y Daniel”, recuerdan en La Plata. No precisan citar la experiencia Gabriel Mariotto, que de ultra-K pasó a pintarse de naranja.

El kirchnerismo ha tropezado más de una vez con la piedra sciolista. No hay que descontar que busquen una tercera para ser la vencida. En esa lógica se perfilan también dos camporistas: uno es el ministro de Economía, Axel Kicillof. Desde antes que la Presidenta lo calificara como su “mano derecha” en un acto, el ex motonauta lo venía elogiando en privado ante la (insólita) sorpresa de empresarios que no entienden que lo que dice en la televisión lo repite sin micrófonos. Por eso se salvó del escándalo Wikileaks. El otro es “Wado” De Pedro, cuya sangre peronista le otorga una mayor sintonía con La Plata. Ambos cuentan también para un Randazzo que se vende como el heredero natural de un proyecto al que lo icorporó Néstor Kirchner en 2005 desde un armado felipista provincial. Por eso hay una doble hipótesis: la agrupación de Máximo Kirchner ayudaría a camporizar a un pejotizado Scioli, para mantenerlo dentro de los límites K, o también para kirchnerizar aún más al ministro.

A Randazzo lo potenciaría para la interna pero lo limitaría en su eventual octubre. Para Scioli, con peso encuesteril propio en las generales, sería la cruz que tendría que llevar si quiere ser el candidato K.

En un proyecto adicto a las sorpresas, el peronismo que sobrevivió a todo el kirchnerismo no descarta una carta bajo la manga de Cristina Kirchner. “En cualquier momento saca un conejo de la galera, queda ver si es blanco o negro”, especulan con una posible hechicería de último momento. Una gotas de más o de menos en la preparación de la fórmula en los laboratorios electorales K determinará el éxito o el fracaso del experimento. Sus conclusiones se verán en el simposio del próximo 10 de diciembre.

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