¿Ya ganó Cristina?

(Artículo publicado en la edición Nº32)

La Presidenta encabeza todas las encuestas sobre intención de voto por amplio margen. Cuáles serían los hechos que podrían complicarla.

La foto de hoy es contundente. Cristina Fernández se mueve entre el 45 y el 50 % de in tención de voto, con más de 25 puntos de ventaja sobre su más inmediato competidor, Ricardo Alfonsín. En imagen positiva supera ese valor, con una recuperación que más de un encuestador califica como “impresionante”.

Incluso sin anunciar formalmente una candidatura que sus ministros describen como
“inevitable”, la Presidenta ocupa muy cómodamente el primer lugar en todos los sondeos. Si bien hasta que se definan las candidaturas el escenario puede variar, por ahora es poco probable que la incipiente polarización entre ella y Alfonsín consiga ponerla en aprietos. Como si esto fuera poco, la economía crece al 7 % y no hay perspectivas de nubarrones externos o internos en el mediano plazo.

Pero en la oposición hay muchos que cuestionan esta visión y entienden que instalar la idea de que la elección está definida es una estrategia que apunta a desanimar al resto de los candidatos y desinteresar a los votantes porque ya estaría todo “resuelto”.

Cuando las alianzas y candidatos estén definidos el 25 de junio empezará la campaña
y recién allí los números sobre intención de voto tendrán una rigurosidad que todavía no han logrado, según la visión opositora. La Presidenta atraviesa una situación similar
a la que tuvo Carlos Menem en 1995, a la cabeza de una presidencia valorada por la
opinión pública, de origen peronista, y en busca de la reelección. Nombres aparte, la conjunción de esos tres elementos parece imbatible. El peronismo aporta un piso cercano al 38 % (Duhalde en 1999) y el hecho de ser oficialismo un porcentaje similar, más allá de una mala gestión (Angeloz en 1989).

A eso hay que sumarle el plus que ha cosechado con su firma en el último año y medio, que la dejan en ese cómodo lugar en las encuestas. Su presencia ha logrado recomponer el caudal de votos del peronismo, al que unificó y que se impuso en Santa Fe con un Agustín Rossi que pasó de sacar 9% a ser el segundo precandidato más votado en la elección del 22 de mayo; también logró derramar imagen positiva para hacer competitiva la elección chubutense que pocos meses atrás parecía un trámite para el candidato del gobernador Mario Das Neves.

Al mismo tiempo, en algunos municipios del Conurbano, su intención de voto alcanza cifras apabullantes, con más de 60 % en algunos casos. Por eso, la sensación que desde comienzos de año se palpa en el ambiente político, de una inexorable victoria oficialista en octubre, ya se transformó en la sensación de que además será por amplio margen. La pregunta es, ¿puede modificarse ese escenario? ¿Qué podría llegar a alterar el rumbo en el que hoy coinciden todos los analistas?

LOS PLAZOS

Cinco meses es mucho tiempo en la política, más aún en la Argentina, exhiben aquellos analistas y protagonistas que sueñan con ver un cambio drástico de escenario hasta octubre. En 2009 pocos preveían un triunfo de Francisco De Narváez sobre Néstor Kirhcner cinco –e incluso dos– meses antes, pero fue una elección que contó con elementos muy particulares como la crisis financiera internacional y las secuelas del conflicto por la resolución 125.

En el resto de las elecciones, menos aún en las presidenciales, es difícil encontrar
casos donde la tendencia que se vislumbraba medio año antes no fuera ratificada. Por citar dos ejemplos recientes en contextos de relativa normalidad, desde 2004 se sabía que el “pingüino o pingüina” ganaría en 2007, así como era igual de certero ya en 1997 que De la Rúa derrotaría al candidato peronista dos años más tarde.

Hoy, hasta Mauricio Macri reconoció públicamente que si las elecciones fueran en
breve ganaría CFK. Parece poco probable que de ahora al 23 de octubre los apoyos a Cristina bajen como para hacer peligrar su triunfo en primera vuelta. Pero algunos analistas sostienen que si bien es cierto que hoy está en números espectaculares, hay que tener en cuenta que sus niveles de imagen positiva son más volátiles que los que tuvo Néstor Kirchner en todo su mandato, que siempre se mantuvieron en valores altos.

Cristina comenzó con amplio consenso pero cayó drásticamente tras la crisis con el campo. Con igual velocidad se recuperó en los últimos 18 meses. Es decir que ya hay antecedentes de grandes variaciones en su imagen aunque ahora no se perciban los elementos que pudieran causarlas. Además, algunos analistas como Julio Burdman sostienen que el propio cronograma electoral está concebido de una forma en la cual la espiral de apoyos al oficialismo no bajará, sino que se mantendrá hasta octubre. Las
elecciones locales actúan como una especie de guía y control para evitar sorpresas políticas indeseables para el oficialismo.

Otros, como Mariel Fornoni, ven a Cristina primera pero son más cautelosos para hablar de un triunfo inexorable y prefieren aguardar a ver cómo se recompone el mapa de candidatos no kirchneristas que dividirán, según sus números, más de 50% de los votos.

La economía mundial puede ser el único origen de problemas, aunque las aguas cristalinas de los países exportadores de materias primas que disfrutan, como la Argentina, de los altos precios de las commodities, difícilmente sean visitadas por algún cisne negro que, al decir del economista egipcio Nassim Taleb, produzca bruscos cambios en el horizonte de bonanza para las economías emergentes.

En el plano interno, se estima que los niveles de inflación se mantendrán en niveles
similares a los actuales y que, hasta ahora, demostraron ser compatibles con la recuperación de la imagen presidencial. Por el lado de la política interna parece poco probable que ese 50% del electorado se termine aglutinando en torno a una sola figura
o que dispersen tanto el voto para que CFK no llegue al 40 o 45 %. Así, el caso de un eventual balotaje es algo hoy por hoy difícil.

QUE HACER CON MOYANO

Algunos pocos analistas ven, en cambio, que si la relación con Moyano y la CGT sigue doblándose hasta romperse podría significar un verdadero problema para el Gobierno, más allá de que esa hipótesis parezca hoy casi imposible al tratarse de una relación estratégica para ambos.

Moyano tiene un poder enorme. Domina la CGT, tiene recursos económicos, nadie es
capaz de movilizar tanta gente y puede parar el país si lo desea porque maneja los gremios del transporte. Pero a la vez Moyano está debilitado. Muchos gremios grandes no le responden, puede enfrentar algún proceso judicial y tiene mala imagen por lo cual su presencia en las estructuras políticas y en las listas de candidatos es baja.

En el contexto de estas dos lecturas antagónicas debe ubicarse su compleja relación
con la Presidenta. Los dirigentes gremiales se entendían mejor con Kirchner y saben que Cristina les cuestiona, entre otras cosas, sus métodos de protesta. La expansión de las convenciones colectivas de trabajo –un activo de esta etapa– sumada a la alta tasa de inflación –un pasivo de esta etapa– le dio una gran visibilidad a la dirigencia
gremial.

En un momento de expansión de la actividad económica con incremento del empleo, los trabajadores bajo convenio –que aumentaron en los últimos años– lograron
aumentos en sus ingresos que en la mayoría de los casos se han ubicado por encima
de la inflación. Han logrado, además, otras concesiones por parte del Gobierno que le han permito incrementar su poder a cambio de las cuales le aseguraron cierto control del conflicto social.

De todas maneras, el porcentaje de trabajadores bajo convenio sobre el padrón electoral total tiende a decrecer. Hay amplios sectores sociales que tienen dificultades pero que no se vinculan con las organizaciones sindicales que hoy, en muchos casos, representan a los sectores de ingresos medios de la población. Los segmentos más rezagados tienen relación con otro tipo de organizaciones e instituciones.

Los desempleados, los que trabajan por su cuenta o no figuran registrados están
fuera del alcance de los gremios y carecen de representación corporativa. Hoy el aparato político del peronismo los representa mucho más que el aparato sindical.

Al precisar los alcances de la representación social de los gremios se explica su potencia pero también sus limitaciones. Constituyen un sector clave para cualquier armado electoral que pretenda ser competitivo pero también está claro que no hay condiciones estructurales para pensar en que un partido pueda ser mayoritario asentado casi exclusivamente sobre las organizaciones gremiales. Ese mundo ya no existe.

Más bien, la experiencia internacional –y en alguna medida también argentina– ha sido la de quitarle peso en las estructuras políticas para ganar el apoyo de otros sectores sin los cuales tampoco se puede tener éxito electoral. De todas maneras, la tensión entre el aparato político y las organizaciones gremiales no es algo nuevo. Nació junto con el peronismo.

A su vez, aun quienes critican el excesivo poder sindical, entienden que es un dato estructural que va más allá de Moyano aunque él lo haya potenciado. Por lo tanto, si hay sectores del oficialismo que quieren avanzar contra Moyano deben tener una estrategia clara. Sin saber cómo será el aparato sindical pos Moyano, la jugada es riesgosa y puede traerle al Gobierno más problemas que soluciones.

NUEVAS PRUEBAS

Pero aun antes del examen definitivo de octubre habrá varias pruebas parciales que servirán para ir midiendo el apoyo que conserva la Presidenta. Las próximas elecciones locales se perciben como favorables para los candidatos alineados con la Casa Rosada. Pero la etapa clave será entre el 24 de julio y el 14 de agosto.

En la primera fecha se elegirán autoridades en Santa Fe, y si bien todo indica que ganará el oficialismo provincial, el kirchnerismo mejorará sustancialmente su desempeño en 2009. El fin de semana siguiente, la Capital elegirá jefe de Gobierno y las primeras encuestas anticipan un balotaje ajustado entre Macri y Filmus. A su vez el 7 de agosto, habrá comicios muy reñidos en Córdoba que puede considerarse la provincia, entre las grandes, más adversa al kirchnerismo. Pero el PJ unido detrás de la candidatura de José Manuel de la Sota le asegura al kirchnerismo no quedar cuarto como en la última elección.

Se trata de tres distritos donde los candidatos del Gobierno no superaron el 10% en
2009 lo cual constituyó un llamado de atención dado que suman una cantidad de votantes equivalente a la del conurbano bonaerense. La advertencia fue escuchada y la respuesta fue racional: se buscó unificar al PJ en Córdoba y Santa Fe y elegir al mejor candidato para la Capital.

El 14 de agosto finalmente, se harán las Paso. Serán cuatro fines de semana claves para ratificar o no el pronóstico de que la ventaja que lleva la Presidenta es indescontable.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on linkedin
Share on email
0 Comentarios
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios

Última Edición