Mayo del ’69: la protesta que hizo caer a un dictador

(Columna de Fabián Bosoer y Santiago Senén González)

Hace cuarenta y seis años, obreros y estudiantes protagonizaban una movilización que marcó un hito en la historia de las protestas sociales en la Argentina.

El 12 de mayo de 1969 se conoció la Ley 18.204 que ponía fin a una tradición, la del “sábado inglés” que reducía esa jornada de trabajo a la mitad. La nueva disposición unificó un régimen uniforme para el descanso de los trabajadores, al eliminar ese derecho, en Córdoba y otras provincias. Dos días después, los trabajadores de la automotriz IKA-Renault dejan sus lugares de trabajo para concurrir a una asamblea de SMATA, declarada ilegal por el gobernador de facto, Juan Carlos Caballero. Este hecho fue la mecha que encendió una protesta en las calles y fábricas que culminó el 29 de mayo de ese año, en lo que fue considerado como una de las más grandes protestas obreras de la segunda mitad del siglo veinte en Argentina y América Latina. La Ciudad tenía 800.000 habitantes, y desde la década del ’50 había asimilado en forma rápida un notable crecimiento industrial, lo que originó el aumento de la población urbana y suburbana y de la clase trabajadora. Se fue agregando una enorme población estudiantil asociada a la vida de la Ciudad Universitaria. Pese a la presencia en las calles de tropas del Ejército y la Policía, los trabajadores entraron a las instalaciones del Córdoba Sport Club, lugar previsto para el encuentro. En esa asamblea, Elpidio Torres dirigente de los mecánicos y cercano al líder metalúrgico Augusto Vandor llama a resistir el decreto y a combatir la política del ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena. A la salida del edificio se producen enfrentamientos con la Policía que abarcan al centro de la ciudad y culminan con unos cuantos tiros al aire y varias decenas de detenidos. Torres convoca a un paro general de 48 horas. Ese día, en Corrientes, la policía mata al estudiante Juan José Cabral en una manifestación contra la privatización y aumento de precio del servicio del comedor estudiantil de la Universidad Nacional del Nordeste. La ola de manifestaciones estudiantiles se extiende a distintas ciudades del país. En Rosario es herido, también por la policía, otro estudiante, Alberto Ramón Bello, quien muere en un hospital horas más tarde. Capital Federal, Salta, Rosario, Córdoba, Tucumán, Buenos Aires son también centros de las movilizaciones de protesta. El 16 de mayo se realiza en Córdoba el paro general convocado por las dos CGT locales y se decide impulsar la protesta programada para los días 29 y 30. El descontento incorpora a nuevos sectores a las manifestaciones. El día 23, frente a la delegación de la CGT de los Argentinos de la capital provincial, se realiza un acto estudiantil que es violentamente reprimido. Grupos de manifestantes se repliegan hacia el barrio Clínicas y allí permanecen durante toda la noche. Dos noches antes de la movilización prevista para fines de mayo, se encuentran Atilio López, Elpidio Torres y el abogado Lucio Garzón Maceda para conversar sobre los últimos detalles de la protesta. El lugar elegido era la parrilla El Manantial, que había montado el periodista Sergio Villarruel con la indemnización por su despido del servicio informativo de Canal 13, producida luego de que el periodista denunciara ante las cámaras el asesinato del estudiante Santiago Pampillón. El día 29 las fuerzas represivas se desplegaron sobre Córdoba para evitar que los obreros llegasen al centro de la ciudad. A las once de la mañana los trabajadores de las plantas IKARenault, Grandes Motores Perkins, y los empleados de EPEC se encolumnaron hacia el centro de la ciudad. El primero de estos grupos estaba compuesto por tres mil obreros a los que se sumaban los estudiantes que comenzaron a llegar desde el barrio Clínicas. A las doce, en el centro, el combate se había desatado. Frente a las barricadas y a la gran cantidad de bombas molotov, la policía se vio forzada a iniciar un repliegue. La columna de IKA aún no había llegado al lugar de los hechos y la policía intentaba impedir que lo lograra; a las trece horas, cerca de la terminal de ómnibus, los obreros son baleados. En ese momento, el III Cuerpo del Ejército comienza a advertir por radio a la población de la situación, pero los obreros y estudiantes ya mantenían control sobre cincuenta manzanas del centro de la ciudad, gracias a la ayuda de buena parte de los vecinos. Varios edificios son incendiados, como el Ministerio de Obras Públicas, el local de Xerox y la confitería La Oriental, bastión de la oligarquía cordobesa. Se combate y se discute, se multiplican las asambleas, y en todos los lugares se implementan dispositivos de defensa. A las 17:15 tropas del Ejército ingresan a la ciudad, y luego de atravesar varias barricadas logran ocupar el casco céntrico al anochecer. Los últimos focos de resistencia se sitúan en el Barrio Clínicas, donde los estudiantes tenían experiencia de luchas anteriores. A la madrugada, el Consejo de Guerra dicta su primera condena: tres años de prisión contra Humberto Varela. Junto a Elpidio Torres, Agustín Tosco fue el líder emblemático del Cordobazo. Secretario general del gremio de Luz y Fuerza y principal referente del sindicalismo combativo, Tosco sufrió varias veces prisión y murió en 1975 al no ser atendido por una infección mientras se encontraba en la clandestinidad, amenazado de muerte por la banda paraestatal de ultraderecha Triple A. Los trabajadores de la empresa de electricidad de Córdoba pararon en su homenaje. A su sepelio asistió el ex presidente radical Arturo Illia. Torres dirigente de los mecánicos, sobrevivió a esas persecusiones y luchas, y después de la dictadura siguió asesorando a su gremio SMATA y al bloque de senadores del PJ. La tercera figura, Atilio López, dirigente de la Unión Tranviarios Automotor, llegó a ser vicegobernador electo de la provincia en el ’73, derrocado en el ’74 por el entonces jefe de Policía –en un golpe provincial rotulado como “el Navarrazo”– y fue asesinado por la Triple A. El magnicidio ocurrió en Buenos Aires en 1975, en ocasión de una visita que hacía a la Capital Federal, para ver un partido de fútbol. El Cordobazo precipitará la renuncia de Onganía y el final del ciclo iniciado en 1955 con el derrocamiento de Perón y la proscripción del peronismo. Años en los que –como sintetizó Osvaldo Bayer en su semblanza de Tosco– “la bala, el bastón largo, los oficios de los servicios de informaciones y los militares en el poder” dominaban la escena.

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