Scioli versus Randazzo

(Columna de Sebastián Iñurrieta)

El bloque naranja de Daniel Scioli y el celeste de Florencio Randazzo libran una constante batalla de baja intensidad (por ahora).

La primera guerra por la sucesión K tuvo su paso fundacional en mayo de 2014. El PJ creó su G7 de presidenciables, repartiendo vicepresidencias partidarias honorarias a cada uno con aspiraciones. Desde entonces, hubo postulantes que fueron firmando el acta de rendición, por motu propio u obligados por la realidad o un llamado de la Quinta de Olivos postratado de “baño de humildad” reclamado por Cristina Fernández de Kirchner.

Sin mantenerse al margen de la elección de su sucesor, a partir de este año, la Jefa de Estado reclamó capitulaciones, que algunos aceptaron de buenas a primeras y a otros hubo que obligarlos (diferencia sustancial para el futuro de los que tomaron cada camino). Un proceso que duró hasta hoy que quedaron dos superpotencias enfrentadas: el bloque naranja de Daniel Scioli y el celeste de Florencio Randazzo. Ambos libran una constante batalla aún de baja intensidad.

Las caídas comenzaron este año con un efecto cascada.

Enero. Juan Manuel Urtubey izó la bandera blanca. El hasta entonces presidenciable, con diploma del G7+Jorge Taiana pejotista, aúnsiendo a veces menos manejable que Scioli, prefirió posponer cuatro años su salto fuera de Salta. La irrupción de su archienemigo local, su antecesor y ex jefe, el senador Juan Carlos Romero, obligó al mandatario a ir por su tercer período. Entre ambos, al día de hoy, gobernaron la provincia veinte años. Mal no le fue a Urtubey. Dí- as atrás fue re-reelecto con el 51% de los votos, la primera victoria distrital de la Casa Rosada en un cronograma electoral desdoblado que no le augura muchas más alegrías. Con el ego de las urnas, si bien representa un distrito de 937 mil electores, el mandatario busca sumar el padrón de sus vecinos, comenzando por Jujuy (Eduardo Fellner), para ser vocero de un bloque regional que pueda interpelar a los presidenciables K. “Si Cristina me pide ser Vice, le dirá que busquemos a otro”, rechazó el salteño la opción. Quiere ser Presidente. No menos. Y a sus 46 años, el tiempo no es un problema.

Febrero. Con su traje de jefe de Gabinete remendado una mil y veces, Jorge Capitanich ya se había despedido del mote de presidenciable mucho antes que de su despacho en Balcarce 50. El gobernador chaqueño rompió la licencia y volvió a sus pagos. Sin re-re, se incluyó en la boleta del FpV con el objetivo de arrebatarle al radicalismo la capital provincial, Resistencia. El 24 de mayo se verá si su estrategia da frutos en las primarias. Por lo pronto, pasar de general a soldado le valió ser el ejemplo presidencial para firmar el baño de humildad.

Marzo. Con poca artillería encuesteril, Julián Domínguez acordó con la Casa Rosada pelear otra batalla: la bonaerense. El titular de Diputados irrumpió en el superpoblado tablero provincial (que llegó a tener doce anotados K a suceder a Scioli) con el aura de ser el “candidato de Cristina” que pronto se disiparía.

Mayo. Un mes clave para la purga K. Primero Aníbal Fernández, confiado que su imagen negativa ya no es del 80% como supo ser, siguió los pasos de Domínguez. El jefe de Gabinete se lanzó con la intención de polarizar con el diputado. Avanzan en una guerra fría conveniente para ambos. Despejado el escenario de otros aspirantes, el polifuncionario K chicanea con su estilo al de Chacabuco. “Que gane en Quilmes primero”, le retrucó Domínguez cuando Aníbal F. le revoleó de vice por la cabeza a un Sergio Berni empolvado con el gas pimienta que tiró la barra de Boca en el Superclásico. Sin el nivel de conocimiento de su contrincante, el ex ministro de Agricultura celebra el enemigo que le tocó en suerte. “Le teníamos más miedo a Bossio (Diego, director de la Anses que se tomó un sorpresivo baño de humildad). Por la juventud. Frente a Aníbal, Domínguez es lo nuevo”, reflexionan cerca de él en el Congreso.

“No lo dije por vos, Diego”, juran en la Anses que le dijo Cristina con su hijo Máximo Kirchner de testigo. Fue cuando visitó la Quinta de Olivos con la idea de renunciar a su precandidatura a gobernador. Siguieron unas setenta y dos horas en las que corrió mucha sangre K en tierra bonaerense. Resisten aún barricados dos intendentes, ambos con insignias naranjas: el matancero Fernando Espinoza y el lomenseMartín Insaurralde. A la opción del duelo y las tres fórmulas, en las mesas peronistas persiste la sensación de que se podría confluir en un candidato único, ya sea Fernández o Domínguez, para evitar algo que nunca pasó: una interna del PJ provincial. Al ya habitual reproche de los caciques del Conurbano, temerosos de revivir “muertos vivos” en sus distritos que se peguen a las boletas, se suma una cuestión práctica: con la opción de “ir todos con todos” en un mix electoral para evitar enfrentamientos, en los cuartos oscuros bonaerenses podría haber un mínimo de 12 boletas K (dos presidentes, dos gobernadores, tres intendentes, en todas sus variantes). Un festival de papeletas con el que la Justicia Electoral espera no tener que lidiar.

El tratado del “baño de humildad” comenzó, como era esperable, con el presidenciable más cristinista. Sergio Urribarrideclinó su postulación que nunca llegó a despegar a pesar de los esfuerzos del ministro de Planificación Julio De Vido. Atendiendo el llamado público de la mandataria, sin necesidad que le sonara el teléfono, el gobernador entrerriano ya está anotado en la lista de posibles vices. En base a la mitología K, a los que el secretario de Legal y Técnica, Carlos “Chino” Zannini, tuvo que llamar, no contaría con tanta suerte. El ministro de Defensa, Agustín Rossi, hizo su renunciamiento histórico en Rosario, en la Santa Fe que nunca pudo gobernar. Y el ex canciller Jorge Taiana se bajó en pleno vuelo, mientras volvía al país desde Qatar. Sonaron todos los principales teléfonos del Movimiento Evita, un histórico relegado en las listas K que lo empujó a dejarle el frustrado Unidos y Organizados a La Cámpora, el más mimado por la lapicera presidencial.

Quedó entonces el augurado duelo: ScioliRandazzo, Randazzo-Scioli. Desde abajo en las encuestas, el ferroviario sobrevive con los gestos presidenciales, los mismos que el bonaerense no necesita. Y chicanea cuanto puede a su contrincante exhibiendo un ADN cristinista, después de una transfusión de sangre. El ex motonauta, el único en hacerse el desentendido del baño de humildad, está habituado a la guerra fría con la Rosada desde 2003. Y sabe jugar el juego. Por “cansancio” evitó la foto  junto a su archienemigo en Salta con Urtubey, sabiendo que la usina de operaciones culparía a una supuesta prohibición de la Rosada. Sin viajar, fue noticia. Sciolismo 100%.

La constante tensión entre las dos trincheras se liberará el 10 de julio, cuando arranque la campaña formalmente. Al final no hay lugar para ambos. El conflicto armado K dejará a uno sólo en pie para octubre.

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¿Cómo quedaron conformadas las alianzas electorales? | El Estadista
5 años atrás

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