Juntos contra Scioli

Compita dentro o fuera de la PASO opositora, los votos de Massa se repartirían entre Scioli y Macri en una elección general polarizante.

Las sucesivas renuncias de Sergio Uribarri, Jorge Taiana y Agustín Rossi a sus precandidaturas ejecutivas por el Frente para la Victoria, y la de Diego Bossio a la gobernación bonaerense, semanas después de la “provincialización” de Julián Domínguez y Aníbal Fernández, ofrecen nuevas pruebas de un fenómeno que deja pocas dudas: la homogeneidad que caracteriza al oficialismo liderado por Cristina Fernández de Kirchner, aun a pocos meses del fin de su mandato. La imagen de la Presidenta se ha ido consolidando durante el del año, a medida que la incertidumbre económica percibida por los votantes se reducía, y así se llegó a la hipótesis electoral que comienza a cobrar cuerpo en la dirigencia y que perturbó a buena parte de la oposición: que con un piso firme y una oposición dividida, el oficialismo puede ganar en primera vuelta la presidencial de octubre de este año.

Ese dato de la realidad política comienza a ordenar las estrategias de la oposición. En el caso de Mauricio Macri, tras haber decidido que no competirá internamente con Sanz y Carrió en la PASO presidencial, e iniciado un trabajo con ellos, sus socios menores, en pos de una boleta conjunta liderada por él, ahora se ha embarcado en la negociación más compleja y también anticipada en esta columna: el diseño de una PASO interopositora junto a Sergio Massa y José Manuel De la Sota en agosto.

Para los peronistas opositores, el razonamiento es claro. Salir terceros como alianza electoral en las PASO es irremontable en la general de octubre, que tenderá a una polarización entre los dos más votados; en cambio, competir directamente con Macri en agosto les da la oportunidad de quedarse con la bolsa opositora –se tienen fe, pese a las encuestas que describen el predominio de Macri- y, eventualmente, negociar con los vencedores de esa eventual primaria un lugar en el futuro gobierno de coalición. Para Macri y sus socios, mientras tanto, la PASO interopositora es la posibilidad de absorber (y direccionar) más votos massistas en octubre y evitar perder la elección frente a un oficialismo que se fortalece. Aparentemente, dicen protagonistas y observadores cercanos, la negociación comenzó con más convencimiento de parte de Massa que de Macri.

Todo esto, a su vez, refuerza el rol de Scioli al interior del oficialismo. Por diferentes razones, tanto Scioli como Randazzo son buenos precandidatos del kirchnerismo: ambos tienen buena imagen, cuentan con una red de alianzas dentro de la coalición oficialista, uno mide mejor hacia afuera, otro tiene más preferencias hacia adentro. Randazzo es un buen candidato si la lógica de la elección fuera garantizar el núcleo duro. Pero en el escenario que se va perfilando, Scioli tiene una ventaja competitiva de fuste sobre todos los demás: de acuerdo a diversas encuestas, es el que más votos massistas captura después de las PASO. Algunas, de hecho, sostienen que la mayoría de este segmento iría hacia él.

No sabemos si es para tanto. Es claro que la elección se va caracterizando por dos núcleos duros electorales, uno kirchnerista liderado por la Presidenta y otro antikirchnerista referenciado en la alianza PRO-UCR-CC, que se unifican y fortalecen, con lo que la competencia por los votos massistas es una clave del ganador. Y también es claro que, desde el arranque de la campaña, Scioli no está mal visto por los massistas, aún cuando estos tengan un perfil opositor en otras cuestiones. En la tabla adjunta se pueden ver los datos de un estudio telefónico (método IVR) realizado por la consultora Observatorio Electoral – GEO en el mes de abril en la provincia de Buenos Aires, bajo mi dirección. Allí se sondeó la imagen de las actuales gestiones de gobierno de Daniel Scioli y Mauricio Macri entre ciudadanos en condiciones de votar, y se cruzaron esos datos con la intención de voto en las primarias presidenciales por candidato. En el recorte que aquí publicamos, puede verse qué opinan acerca de los gobiernos locales de Scioli y Macri aquellos electores bonaerenses que piensan votar por Sergio Massa para presidente. El primer dato llamativo de los resultados es el alto nivel de opinión formada entre los consultados: sólo 4% responde “no saber” en el caso de la gestión bonaerense de Scioli (lo cual es lógico, porque viven allí) pero lo sorprendente es que sólo 13% responda lo mismo para la gestión porteña de Macri, lo que pone de relieve el impacto que tiene lo que ocurre en la Capital para quienes viven en la provincia colindante. Y el segundo, más allá de una leve superioridad de Macri sobre Scioli en materia de imagen positiva y negativa de gestión, es que ambos cuentan con un importante segmento de imagen regular: los massistas no son ni macristas ni sciolistas, tampoco refractarios a ninguno de ellos.

Ello sugiere que, compita dentro o fuera de la PASO opositora, los votos de Massa se repartirían entre Scioli y Macri en una elección general polarizante, en una proporción que aún no sabemos ni podemos calcular con precisión. Este escenario abre un panorama cada vez más interesante de posibles estrategias y matices de guiño –y compromiso– por parte de Massa hacia el resto de los candidatos. Así las cosas, Massa nunca pensaría en bajarse de la carrera presidencial: no podría perderse toda la diversión que le espera.

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