La hora de Hermes Binner

(Artíclo publicado en la edición Nº32)

El gobernador instaló una interpretación de los resultados de las elecciones que favorece su proyección política.

Hermes Binner está demostrando que es un político habilidoso. Por estos días, todos hablan de él. Lo que decida determinará las alianzas nacionales que terminen
realizando los radicales, los Pro-peronistas, y el incipiente armado de la centroizquierda no-K. Los kirchneristas, por su parte, se preguntan si un lanzamiento de Binner favorece o perjudica las chances de Cristina Kirchner de triunfar en primera vuelta.

Binner, mientras tanto, hizo valer su peso con una creación propia: el “22 de mayo”. Si lo pensamos fríamente, no había verdaderas razones para que la estrategia presidencial de Binner dependa sí o sí del resultado de la interna provincial del Frente Progresista santafesino. Pero él lo planteó en esos términos e impuso un análisis político. Ató su suerte a la de Bonfatti. Y logró, con ello, varias cosas que quería: posponer los tiempos, hacer crecer a su candidato poco conocido y crear la medición de su propio éxito. Nada mal para un político al que algunos porteños tildan de administrador provincial condenado a los límites de su distrito.

Ahora, Binner se posiciona como un triunfador electoral y encara la negociación con Alfonsín en otros términos. No hay que engañarse: la prioridad de Binner es lograr un acuerdo con el radicalismo. Pero no en condición de segundo. Alfonsín y el radicalismo en general, confiados en el clima del resurgimiento partidario, buscan armar una amplia coalición pero nunca pensaron seriamente que ellos no la liderarían.

El Binner triunfador ahora sugiere que hay que volver a hacer las cuentas. La figura de Ricardo Alfonsín, reconocen los socialistas santafecinos, está instalada por los medios nacionales de comunicación y la de Binner no. Pero creen que esa ventaja, evidente y volátil al mismo tiempo, no define el liderazgo de la eventual coalición. Reconocen que el radicalismo es un partido histórico que existe en todo el país, pero no creen que su base partidaria sea tan fuerte. Es heterogéneo y carece de un liderazgo nacional. El peronismo es, sin dudas, un movimiento diverso, pero se unifica alrededor del poder y la administración.

En cambio, entre alfonsinistas, detractores de Alfonsín, radicales K, margaritos, Carrió y López Murphy no hay un denominador común conducente. Asimismo, mientras que Binner ya puede mostrar un triunfo electoral, los radicales vienen de pobres rendimientos en las elecciones provinciales anticipadas. Y sin éxitos electorales a la vista.

La plataforma de centroizquierda que hoy impulsa a Binner seguirá mostrando superioridad electoral sobre los radicales en julio (elecciones de la ciudad) y agosto (en Córdoba). Si a ello le sumamos que Binner, como gobernador de Santa Fe e intendente de Rosario, siguió un cursus honorum más presidenciable que el de Alfonsín, vuelve a retumbar la pregunta: ¿por qué Binner tiene que ser el segundo del diputado Alfonsín?

Ahora, tras la primaria del 22 de mayo, entra a jugar un nuevo planteamiento que los santafesinos buscan imponer a los radicales en el marco de la negociación: la ideología. El plano de las ideas fue una de las claves del resurgimiento radical durante los primeros años del gobierno de Cristina Fernández y el apogeo del antikirchnerismo. Las banderas históricas del radicalismo –republicanismo e institucionalismo– se convirtieron en un discurso aceptado y de moda.

Pero Alfonsín, frente a la campaña presidencial, apeló a un nuevo pragmatismo. Tal vez un poco precipitado. La señal que envío a la sociedad decía que, con tal de respaldar su anhelo presidencial, le daba igual armar un frente de centroizquierda con Binner y los ex aliados del Acuerdo Cívico, o uno de centro (o centroderecha) con De Narváez y algún desprendimiento del Peronismo Federal.

Con el límite ideológico, Binner vuelve a tomar la iniciativa política: si Alfonsín
no cede, no sólo concretará el frente electoral con Solanas, Juez, Stolbizer y otros, sino que hasta puede terminar sumando a radicales disconformes con el entendimiento Alfonsín-De Narváez.

Alfonsín podría ofrecer a Binner una competencia por la candidatura presidencial en las primarias del 14 de agosto, a sabiendas de que allí ninguno de los dos controlará la elección. Binner no podría negarse, tras la experiencia en su propia provincia. Es que a partir del estandarte de los límites ideológicos, el gobernador de Santa Fe volvería a aparecer como un personaje central de la primaria. Ya envió una señal: en Córdoba apoyará a Luis Juez contra el radical Aguad.

Para entender el estilo Binner, hay que mirar su trayectoria política santafesina. El siempre dice que el eje de su acción política es el diálogo y no la confrontación. Es cierto. También lo es que Binner es propenso a ir llevando el diálogo a sus propias orillas a través de una política de hechos consumados, valiéndose del manejo de los tiempos. Así logró imponerse en la interna socialista, así logró la adhesión de los radicales al Frente Progresista y así está llevando adelante una estrategia hacia la candidatura presidencial.

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