Milman: “Un bipartidismo artificial no es bueno para la democracia”

(Entrevista publicada en la edición Nº31)

El diputado del Gen por la provincia de Buenos Aires Gerardo Milman analizó con el estadista la política bonaerense y se refirió a la estrategia de alianzas de su fuerza política. Los primeros dos meses de sesiones mostraron un Congreso que, como se esperaba por ser un año electoral, no ha tenido mucho movimiento.

¿Qué balance hace?

Los años electorales se caracterizan por la baja de la intensidad de las sesiones del
Congreso y también por la disminución del “voltaje” de los temas que allí se abordan.
Creo que esto es natural porque son años signados por la competencia política en la
que todo prenuncia cambios y se hace difícil llegar a acuerdos sobre cuestiones controvertidas. Sí, en cambio, se consiguen acuerdos para impulsar aquellos temas vitales para el normal funcionamiento del sistema y de las necesidades naturales que
tiene el Poder Ejecutivo. Teniendo en cuenta este marco, para mí el balance es de normal a bueno. Pero, cuidado, que el Congreso no tenga la visibilidad del año pasado, no significa que no haya una gran cantidad de diputados trabajando sobre proyectos de importancia o discutiendo en comisiones las iniciativas que se van presentando.

Usted redactó un proyecto de ley de entidades financieras, y el oficialismo tiene intención de presentar otro. ¿Qué opinión le merece? ¿Puede llegar a ser aprobado este año algunos de los dos?

No sólo lo he visto sino que lo tengo completamente estudiado. Mi proyecto fue presentado con anterioridad al que el Gobierno presentó por intermedio del diputado
Carlos Heller. Sinceramente, creo que ambos proyectos poseen disposiciones muy valiosas. Algunas podrán ser consensuadas para enriquecer el texto de una norma que
acerque posiciones, sea más abarcativa y logre mejoras concretas pero francamente no creo que este año se apruebe esta ley. Se trata de una ley muy sensible, muy específica, de gran factura técnica y que compromete intereses. No me parece que una ley como ésta pueda ser aprobada fácilmente en un año eminentemente electoral. Así como hay cuestiones compatibles entre ambas iniciativas hay cuestiones centrales que para nosotros son innegociables. Creemos que los servicios financieros no pueden ser declarados como un “servicio público” tal como lo dispone la iniciativa del oficialismo, sino como un servicio “de interés público”. Y esta diferencia, que parece sutil, para la oposición es fundamental. Pero lo que está muy claro es que tanto el oficialismo como la oposición están convencidos de que el sistema financiero debe ser reformado.

¿Cómo observa el panorama general en la provincia de Buenos Aires?

Creo que lo mejor de Scioli es su equipo de marketing porque, sinceramente, su gestión hace agua por todos lados y, sin embargo, se “vende” muy bien. En materia de seguridad se ha involucionado mucho; el gobernador en lugar de atacar a fondo a la matriz del delito prefiere acompañar a los familiares de las víctimas hasta la puerta del cementerio. En materia económica –y pese al viento de cola sojero– la provincia no levanta cabeza. Muchas de las obras que se hacen se realizan con fondos de la Nación y el gobierno de la provincia se las apropia. Scioli es un mediocre navegador de una realidad que lo sobrepasa.

Otro de los grandes temas que recorre el espinel político es la posibilidad de conformación de distintas alianzas. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Cada partido, orgánicamente, tiene todo el derecho del mundo a articular políticas de
alianza con quien quiera. Pero eso no significa –a mi criterio– que se pueda mezclar
el agua con el aceite.

¿Cómo será entonces la política de alianzas del Gen?

Nosotros pretendemos e impulsamos la creación de un frente amplio de centroizquierda que tenga una base programática a la que adhieran los partidos y sus líderes. Está mal poner o pensar en los candidatos antes que en los programas. Así nos fue con la experiencia de la Alianza. Una cosa es formar un frente o coalición de gobierno, y otra muy distinta es armar un rejunte para ganar. Eso no sirve por dos razones: la primera es porque no se sostiene a la hora de gobernar y la segunda (y diría principal) es que la gente se da cuenta de que lo que los une es un ánimo negativo más que un entusiasmo progresivo y progresista.

¿La posibilidad de un gran frente de centroizquierda con el socialismo y el radicalismo se diluye con la posibilidad de que De Narváez vaya con una colectora en la PBA?

Lo dije antes, el radicalismo está en su derecho de hacer lo que mejor le parezca o le
convenga. Nosotros no lo vamos a acompañar. Estamos en contra de las colectoras
cualquiera sea su ADN. Concretamente, creo que De Narváez no expresa el modelo
de país en el que quiero vivir.

Para algunos miembros de la oposición, como Elisa Carrió, la estrategia de un gran acuerdo conduce a la derrota; para otros, como Federico Pinedo, es crucial acordar entre todas las fuerzas algunos puntos de consenso. ¿Qué opina usted?

Opino que los dos tienen razón.

¿Entonces una oposición muy dividida es funcional al kirchnerismo?

Si por ser funcional al kirchnerismo se entiende hacérsela fácil para que gane, yo diría
que sí. Pero tampoco es bueno para la democracia un bipartidismo artificial.

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