Brasil en la América del Sur unipolar

(Columna de Luis Schenoni, master en Estudios Internacionales de la UTDT)

A diferencia de lo que indica la teoría, las segundas potencias regionales no resguardaron su autonomía frente a la primacía brasileña.

Una serie de académicos en Brasil y otras latitudes han anunciado el fin de una era en la política exterior de este país, caracterizando al primer gobierno de Dilma Rousseff como un momento de declive en el status que el país había alcanzado en la región y en el mundo. Este diagnóstico, correcto o no, reclama un balance de lo que el ‘ascenso’ de Brasil ha dejado para América del Sur y cómo sus vecinos han lidiado con él.

Más allá del status o la imagen de Brasil –dos fenómenos subjetivos difíciles de asir–, el poder material del gigante sudamericano creció relativamente poco en comparación con la región durante las últimas décadas. El momento de mayor crecimiento relativo de Brasil –cuando pasó de representar un tercio a ser la mitad del PIB sudamericano– tuvo lugar mucho antes, en los ’70 y ’80 del Siglo XX, proceso que fue acompañado por una caída importante del PIB argentino. En términos estructurales, esto convirtió a América del Sur en una región unipolar desde mediados de los ’80 hasta ahora, aunque en esos treinta años,la diplomacia brasileña haya tenido momentos de mayor y menor brillo.

La disciplina académica de las relaciones internacionales ha analizado el efecto que la distribución de las capacidades materiales en un sistema de estados crea para sus miembros, previendo que en la América del Sur unipolar, las segundas potencias regionales –Argentina, Chile, Colombia, Perú y Venezuela– resguardarían su autonomía frente a la primacía brasileña y que los pequeños estados de la región, que muchas veces mantienen disputas con estas segundas potencias regionales –Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay–, se subirían al carro de Brasil. Estados Unidos, por ejemplo, esperan esta dinámica de (soft)balance y bandwagon a nivel mundial frente a su propia primacía unipolar.

En Sudamérica, desde los ’80, sólo tres países se han comportado de esta manera. Entre los pequeños estados, Uruguay ha sido el único que, en palabras de José Mujica, ha “viajado en los estribos de Brasil” (miembro del Mercosur, Uruguay exporta e importan de esa economía el 20% de su PIB). Entre las segundas potencias regionales, Chile y Colombia han sido los únicos en resguardar su autonomía frente al ascenso brasileño. Ambos se mantuvieron fuera del Mercosur, conservaron los mayores gastos militares de la región, fueron los que más acuerdos de libre comercio firmaron con terceros estados y los que menos integraron sus economías con la brasileña (exportando e importando sólo el 6% de su PIB).

Otros tres casos llaman la atención, pero por contradecir las expectativas de los especialistas en relaciones internacionales. Argentina y Venezuela, segundas potencias regionales que deberían haber contribuido a mantener un equilibrio vis à vis con Brasil, por el contrario, se han integrado al Mercosur y mantienen un gasto militar en torno al 1% de su PIB. Argentina exporta e importa del Brasil más del 20% de su PIB y tiene al gigante Sudamericano como primer socio comercial. Por otro lado, Ecuador –que por su tamaño podría haberse subido al tren de Brasil–, es el único pequeño Estado que se ha mantenido claramente fuera de su órbita. En conjunto, Argentina, Ecuador y Venezuela han presentado políticas exteriores mucho más erráticas desde los ’80 que contrastan con la estabilidad de estas políticas en Chile, Colombia y Uruguay.

¿Qué explica el comportamiento de estos dos grupos de estados? Todo indica que la estabilidad de su política interna. Chile, Colombia y Uruguay presentaron los sistemas de partidos más institucionalizados, los presidentes más controlados y no han sufrido ninguna crisis presidencial en treinta años. Argentina, Ecuador y Venezuela, por el contrario, fueron los tres países más inestables de la región considerando estos indicadores. No es sorprendente que los tres primeros hayan tenido comportamientos más estables y racionales, y que los tres segundos hayan presentado mayor inestabilidad en la formulación de su política exterior, muchas veces diseñada con objetivos domésticos en lugar de ambiciones internacionales.

Este análisis lleva a pensar que el Brasil ascendente de la última década no estaba ascendiendo, sino surfeando la “marea rosa” en América del Sur. Ahora, la ola se desarmó. Algunos analistas brasileños han llamado a eso declínio, pero en realidad es desencanto. La trágica crisis venezolana, el potencial juicio político a Dilma Rousseff y la crónica de la muerte anunciada del kirchnerismo que se escribe a diario en Argentina advierten el fin de una era. Los años por venir auguran cambios que pueden traer consigo (o no) una mayor institucionalización y estabilización de la política interna en los países de América del Sur. Asumiendo que la lógica de este artículo sea correcta, una región más estable estará asociada a un Brasil más controlado y moderado en sus ambiciones globales

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Tomas
5 años atrás

«¿Qué explica el comportamiento de estos dos grupos de estados? Todo indica que la estabilidad de su política interna. Chile, Colombia y Uruguay presentaron los sistemas de partidos más institucionalizados, los presidentes más controlados y no han sufrido ninguna crisis presidencial en treinta años.»

Colombia dista de ser comparada con Chile y Uruguay, ya de por si sufrió de una crisis presidencial en el 94 con Samper y el proceso 8000 que casi lo depone del cargo. Sin el apoyo de ultimo momento de su partido, la cámara no lo hubiera declarado ni culpable, ni inocente como aconteció. Por lo tanto el control al presidente no se puede apreciar hasta que punto fue efectivo, ya que los vínculos entre el presidente electo y el cartel de Cali eran más que obvios. El control por ende sigue sin aplicarse aún mas durante la presidencia de Uribe, quien coopto por completo el espectro político, rompiendo con el esquema del sistema partidario de alternancia entre conservadores y liberales. Por ende, si bien últimamente se ha estabilizado la política interna colombiana, por muchos años esta no lo fue en absoluto. ¿O acaso las guerrillas, los carteles narco y las milicias paramilitares tuvieron lugar en otro país no estable?

Sabalero
5 años atrás
Responder a  Tomas

Excelente comentario. Patetico lo de este autor, enmascarando con teorias vacias su politica berreta. Que miedo que tienen los fachos…

Luis
5 años atrás
Responder a  Tomas

Respondo abajo, Tomás. Gracias por la lectura.

Garfunkel
5 años atrás

Buen artículo!

Luis
5 años atrás

1) Para decir si Colombia sufrió o no una crisis presidencial en 1994 (o en todo caso sería en 1996) hay que definir lo que es una crisis presidencial. Definida como una crisis de gobernabilidad que termina en la disolución del legislativo o del ejecutivo, la crisis del Proceso 8000 no es una crisis presidencial (pues no termina con la disolución de ninguno de los dos). Además de haber estado lejos de deponer a Samper del cargo, esta crisis demuestra que las instituciones colombianas inducen a la estabilidad del presidente incluso cuando este haya financiado su campaña con dinero del cartel de Cali. Vaya si eso es estabilidad (de la mala, claro, pero estabilidad al fin). Entonces, punto uno: si definimos a las “crisis presidenciales” como aquellas crisis de gobernabilidad en sistemas presidencialistas que terminan en la disolución del legislativo o del ejecutivo, sólo tres países de América del Sur no las tuvieron: Colombia, Chile y Uruguay. No creo que haya discusión respecto de este punto empírico, a menos que queramos redefinir lo que es una “crisis presidencial”. Aún en este supuesto, Colombia estaría entre los que menos crisis presidenciales sufrieron, puesto que Argentina sufrió 3, Peru 2, Venezuela (con este criterio) 3, Bolivia 3, Ecuador 3 y Paraguay 3; mientras que Chile, Uruguay y Colombia (con este criterio): 0, 0 y 1. La diferencia es gritante.

Luis
5 años atrás

2) El concepto del control presidencial hay que entenderlo en base al argumento general del artículo. Lo que acá se dice es que el presidente, en ciertos países, concentra suficiente poder en relación a otros actores (el legislativo, su propio partido, la burocracia, actores no estatales) como para diseñar la política exterior de forma completamente ‘delegativa’. En otras palabras, no hay ‘veto players’ que estabilicen esta política publica, sino un solo actor cuyas preferencias (variables) pueden llevar a la política exterior de aquí para allá, sin un ancla institucional. Aquí, es posible que el caso de Colombia sea el más problemático entre los tres, pero hay que verlo en el contexto regional. Quizás con la excepción de Uribe, Colombia tuvo uno de los presidentes más controlados en el período 1985-2015. Vea:

Kitschelt, H.; Hawkins, K.; Luna, J.P.; Rosas, G. and Zechmeister, E. (2010) Latin American Party Systems, Cambridge, Cambridge University Press.

González, L. (2013) “Unpacking Delegative Democracy: Digging into the Empirical Content of a Rich Theoretical Concept”, in Brinks, D; Leiras, M. and Mainwaring, S. (eds) Reflections on Uneven Democracies: The Legacy of Guillermo O’Donnell, Baltimore, Johns Hopkins University Press.

Luis
5 años atrás

El concepto de “estabilidad política interna” en este artículo es un concepto cuidadosamente definido y que involucra sólo tres variables: limites al poder del presidente, institucionalización del sistema de partidos y ausencia de crisis presidenciales (releer el artículo). Las guerrillas, los narcos y las milicias paramilitares de Colombia no entran en la definición… son algo característico de Colombia y que no permite la comparación sistemática con los otros nueve países de la región aquí considerados. Por lo demás, son el legado de un proceso que comienza 35 años antes del período que pretende analizar este artículo, que es el período de la unipolaridad brasileña (1985-2015). Como todos sabemos, la tendencia ha sido a una disminución de la violencia asociada a estos tres actores en Colombia, fundamentalmente desde mediados de los 90’s en adelante.

Como esto no es un candombe de El Sabalero, sino un trabajo científico, los fundamentos teóricos, el sustento empírico de esta tesis y el análisis de datos cualitativo de tipo csQCA se pueden consultar en el siguiente link:

https://www.academia.edu/11670124/The_Brazilian_Rise_and_the_Elusive_South_American_Balance

Un solo caveat: hay que tener menos educación musical y más politológica para leerlo.

Matias
5 años atrás

Sostener la muerte del kirchnerismo por lo que anuncian los holdings de comunicación concentrados de Argentina me parece, como mínimo, gravemente irresponsable. Máxime cuando las encuestan marcan imagen positiva del Kirchner del 50%, el candidato con mejores guarismos pre electorales es Daniel Scioli y además el FPV tuvo excelentes performances en las elecciones provinciales internas que se sucedieron hasta ahora donde, por ejemplo, el candidato del FPV en Santa Fe (Perotti) obtuvo más votos individuales que la principal figura del Socialismo paraocupar la gobernaciøn (Lifschitz)

Luis
5 años atrás
Responder a  Matias

No creo que el sciolismo, en el caso de ganar, vaya a mantener el perfil ideológico del kirchnerismo. El sciolismo es más ecléctico en general y bastante más de «derecha» en el campo de la defensa y la política exterior (que son la materia de este artículo). Conociendo personalmente a los asesores de Scioli en estas areas, permítame decirle Matias, que sería gravemente irresponsable votarlo y esperar continuidad.

Hedley Toro
5 años atrás

Bastante flojo el «análisis». El autor adopta una lectura realista (o así lo cree él) de la actualidad regional, pero falla en conectar los puntos principales entre sí. En otras palabras, nos ofrece una opinión toda desarticulada. Primeramente, ve «potencias» por todos lados; grandes, medianas y pequeñas. Pero en realidad, los países de América del Sur son todos estados de poca relevancia global. Pretender que la región puede aislarse del mundo analíticamente lleva a oscuras interpretaciones. Como «realista» (autoproclamado), el autor ofrece un análisis tuerto de la región – con un ojo completamente cerrado. Se enfoca, por ejemplo, dogmáticamente en relaciones de poder materiales en detrimento de aspectos de poder igualmente importantes a la hora de analizar la política regional. Si la región es unipolar hoy, o lo fue en los 80s, etc… es de poca ayuda si jamás se lo conecta con la realidad empírica. La paradoja aquí es que su sola «realidad» es el PIB y el gasto militar de los países en cuestión. Incluso en este campo, sus expectativas «teóricas» se ven profundamente desilusionadas. Así, el autor espera un Brasil en «ascenso», presentando una amenaza para los intereses argentinos y chilenos, y sacando provecho de su «unipolaridad regional» y del bandwagoning de las «potencias pequeñas», pero sin embargo falla en encontrar estos eventos en la realidad regional. Esto lo frustra profundamente, entonces re-dirige su «ataque» hacia los sectores políticos, por «no ver» la realidad como a él le parece que tendría que ser.
Segundamente, y relacionado a lo anterior, el autor se ve obligado a volverse contra sus propias convicciones y declarar, en su conclusión, que entonces Brasil no debe haber estado ascendiendo mucho que digamos. Esto explicaría por qué la realidad no se comporta como su amada teoría realista espera de los estados sudamericanos. El problema aquí es uno muy simple: el autor peca de dogmatismo. Forzado a tener que elegir entre un entramado teórico y la realidad regional en sí, decide reinventar la segunda para salvar la primera. La alternativa sería insoportable: tener que aceptar una disonancia teórico-empírica, ya que esto equivaldría a una especie de esquizofrenia académica. Mis preguntas para Don Schenoni serían: De qué unipolaridad me habla? Cuál es la amenaza que los políicos argentinos y chilenos debieran atender, pero no están atendiendo? Por qué califica a la región como «unipolar» por todos lados, pero luego se regocija en desmantelar «el mito» del ascenso brasilero? Al fin y al cabo, su «análisis» es más una opinión paroquialista y nacionalista argentina que un verdadero estado de situación realista y objetivo de la región. Lleva la banderita celeste y blanca muy cerca del pecho, y eso le nubla la vista.

Luis
5 años atrás
Responder a  Hedley Toro

Debo admitir que los ataques ad hóminem son divertidos. Pero si Don Hedley no sabe lo que es unipolaridad, era mejor empezar por preguntar. O googlearlo. Bueno… vamos por partes:

1) Unipolaridad. No está en el diccionario de la RAE, pero dícese de un sistema de estados en el cual uno de los países concentra al menos tres veces las capacidades del segundo (definición de Randall Schweller, un politólogo americano, realista, también autoproclamado y bastante aclamado también). En 1980 el Indice Compuesto de Capacidades Nacionales (ver: http://www.correlatesofwar.org) muestra empíricamente que la región era bipolar (Brasil no llegaba a triplicar a la Argentina) y que para fines de esa década, era claramente unipolar.

2) La amenaza que los dirigentes argentinos no ven es la de generar una estructura productiva dependiente de Brasil, atarse a Brasil con compromisos como los asumidos en el artículo 5 del Tratado de Asunción (Mercosur) y perder la autonomía para aprovechar oportunidades de crecimiento como Chile y Colombia están haciendo. También es peligroso tener un gasto militar muy bajo, o por lo menos, es muy audaz desde una perspectiva realista. No es que Brasil se esté preparando para un guerra con Argentina (como en 1974, o como Chile en 1978 o como el Reino Unido en 1982) pero uno nunca sabe…

3) El mito del ascenso brasilero es el que nos han vendido en los últimos años. Esto está bastante explicado, pero vamos de nuevo: Brasil creció mucho en relación a sus vecinos en los 60s y 70s (el Milagro) y la región se torna unipolar en algún punto en los 80s, pero desde entonces, Brasil no ha crecido sustancialmente en lo que a su CINC o PIB relativo respecta. Espero que ahora se entienda por qué (i) la región es unipolar y (ii) el ascenso de la última década es un mito.

Por último, es correcto que el artículo intenta explicar por qué las expectativas realistas no se cumplen (dicho sea de paso, no las mías, sino las de Wohlforth, Layne, Ikenberry, Huntington, etc… invito a googlear también). Aunque uno lo podría poner de otro modo, juntando los argumentos y diciendo que en América del Sur hay 1) países de mayor tamaño relativo que muestran mayor estabilidad e institucionalización política interna y por lo tanto han resguardado activamente su autonomía frente a Brasil (Chile y Colombia… quizás Perú) 2) países de mayor tamaño relativo que muestran mayor inestabilidad y menor institucionalización de su política doméstica y por lo tanto no han logrado resguardar esta autonomía (Argentina y Venezuela), 3) pequeños estados estables que se han subido al carro de Brasil sin generarle problemas (Uruguay) y 4) pequeños estados inestables y problemáticos para Brasil como Bolivia y Ecuador. Quizás esta tipología que cruza tamaño relativo y niveles de estabilidad interna aclare un poco el argumento. Arriba está el link a un trabajo más extendido.

Ah, y que la región puede aislarse del mundo analíticamente es algo universalmente aceptado (no sé si conoce a Kenneth Waltz 1979, pp.73), a menos que aclare de qué forma la inclusión de un factor internacional altera el «análisis».

Sonia 1981
5 años atrás

Este artículo de Schenoni también salió en Nueva Sociedad http://nuso.org/articulo/brasil-en-america-del-sur-la-logica-de-la-unipolaridad-regional/

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