¿Se viene Mario Blejer?

(Artículo publicado en la edición Nº31)

Cualquiera sea el próximo Presidente, deberá enfrentar una agenda económica compleja.

La semana pasada, un economista argentino publicó sendas columnas de opinión en dos de los principales diarios del mundo: El País, de España y Financial Times, de Gran Bretaña. En la primera de ellas, firmada con el también argentino Eduardo Levy Yeyati, desmitificaba la “moda brasileña” y mostraba que el desempeño económico
argentino durante la última década no fue inferior al del vecino. En la otra iba más allá
del barrio, endilgándole a la Unión Europea la creación de un esquema Ponzi – o sea, un fraude financiero – con sus rescates sucesivos a los países periféricos del euro.

Si en un caso le explicaba a la prejuiciosa España lo que sucede en América Latina, en el otro les advertía a los empecinados europeos la naturaleza y consecuencias de su política autodestructiva. ¿Semejante exposición pública fue una coincidencia? Fuera de Estados Unidos, los economistas con conocimiento sobre dos continentes y tanta reputación mediática se cuentan con los dedos de una mano.

Es improbable que el próximo gobierno argentino, que asumirá dentro de sólo siete meses, se dé el lujo de desperdiciar un recurso humano de la magnitud de Mario Blejer. Sobre todo, considerando los nubarrones que asoman en el horizonte. El presidente que viene, reelecto o no, deberá afrontar dos desafíos clave en el área
económica: el recalentamiento inflacionario y un conjunto de negociaciones internacionales estratégicas.

El primer problema no es sólo argentino: Brasil tiene menos inflación pero sufre más el recalentamiento, que se expresa en una sobrevaluación enorme del real y altísimas tasas de interés. Dilma lo sabe, y sus primeras medidas apuntan a enfriar la economía antes de que explote. Para peor, analistas internacionales como Nouriel Roubini prevén que el principal motor del crecimiento sudamericano, o sea China, se aproxima a un aterrizaje brusco a partir de 2013. Sobre llovido, mojado.

Pero entonces, ¿quién podrá liderar la reformulación económica en la Argentina? La experiencia de los últimos treinta años enseña que los presidentes no gobernaron solos. Cada decenio está marcado por la asociación entre un fuerte liderazgo político y un ministro de economía superlativo: sin Juan Sourrouille, Domingo Cavallo y Roberto Lavagna no se entienden las tres décadas de política nacional desde la democratización. Por cierto, el nombre del próximo presidente es importante: casi tanto como el del ministro de Economía que marcará la década recién iniciada.

El segundo desafío a la vista involucra la imagen de la Argentina en el exterior y su
capacidad negociadora. El regreso a los mercados aún no está concluido, las negociaciones con la Unión Europea están en curso y las de la Organización Mundial de Comercio podrían reactivarse. Más importante, la Argentina deberá hacer mérito para no ser “desinvitada” del G20, una hipótesis improbable pero que ya fue discutida en corrillos informales. Después de todo, el G20 es un grupo constituido por los ministros de economía y banqueros centrales de las veinte economías más grandes del mundo, pelotón que la Argentina ya no integra.

Conviene, entonces, que el ministro pueda hablar de igual a igual con colegas como el estadounidense Tim Geithner, el británico George Osborne o el alemán Wolfgang Schaeuble, que con menos dotes para la guitarra y sin una elección capitalina en puerta se dedican a la gestión a tiempo completo.

El perfil de Blejer no es puramente técnico: defiende posiciones políticas, goza de alta exposición pública y mantiene aceitados contactos dentro y fuera del país. Como
Cavallo y Lavagna, que fueron funcionarios tanto de gobiernos radicales como
peronistas, fue nombrado vicepresidente del Banco Central por De la Rúa y mencionado como candidato a presidirlo durante el mandato de la actual presidenta.

En síntesis, tanto Cristina Kirchner como Ricardo Alfonsín podrían beneficiarse de una figura así, y es probable que él lo sepa. Desde la semana pasada, el mundo también lo
sabe.

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