El ring bonaerense

(Columna de Facundo Matos)

La pelea por las intendencias y por ganar la madre de todas las batallas empieza a tomar forma. Quiénes son los candidatos y cuáles sus aspiraciones.

Por su densidad poblacional, su composición social y su trascendencia para los gobiernos nacionales, la provincia de Buenos Aires (y más específicamente el conurbano) ha tenido una creciente y central ubicación en la política argentina. Viven en la provincia más de 16 millones de personas, casi el 40% de la población argentina. Allí se concentran los sectores con los índices de pobreza, indigencia y déficit habitacional más altos del país. Y es conocida la particular imbricación del poder político provincial y el federal, así como la del gobernador con los intendentes.

En las últimas décadas, las intendencias han ganado peso en la política local. El aumento de los recursos, las nuevas atribuciones institucionales (que implican un nivel de cercanía mayor entre vecinos y jefe municipal) y el debilitamiento del sistema de partidos, explican este fenómeno. Para el Partido Justicialista, desde la liga de intendentes duhaldistas, controlar el aparato bonaerense y mantener alineados a los jefes municipales se volvió una de las claves para conservar el liderazgo del partido (y del país en el caso del Presidente).

Por todo ello, la pelea por las intendencias y por la gobernación bonaerense se ha vuelto clave para la política argentina. Y en las últimas semanas, el panorama en la provincia ante las próximas elecciones, se ha ido despejando.

POR LA GOBERNACION

El peronismo kirchnerista es –aun sin un candidato definido– el favorito. Así lo reconocen también off the record dirigentes del PRO y del FR. El alto nivel de adhesión que conservan Cristina Fernández y Daniel Scioli en la provincia le aportarán votos al que sea el candidato oficialista. En caso de que Cristina encabece la lista de diputados nacionales en la provincia, el arrastre sería aún mayor. De todos modos, el escenario está lejos de estar despejado.

En carrera por la gobernación hay al menos doce dirigentes del oficialismo, entre los que se destacan el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza; el titular de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez; el jefe municipal de Berazatégui, Patricio Mussi; el titular de la Anses, Diego Bossio, y el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde. Según otro de ellos, el diputado Fernando ‘Chino’ Navarro, el número de precandidatos en las PASO “puede ser que se reduzca a tres o cuatro” (ver contratapa).

En el Frente Renovador, lo que antes era una primaria superpoblada, ya comenzó a achicarse. Gustavo Posse eio el salto al macrismo, Felipe Solá se bajó y ahora quedan cuatro candidatos: Darío Giustozzi, Francisco De Narváez, Jesús Cariglino y Mónica López, de los cuales sólo los dos primeros llegarían a las primarias, según un operador bonaerense del Frente Renovador le dijo a el estadista. Dos hombres de confianza de Massa, los intendentes de San Miguel y el de Pilar, Joaquín de la Torre y Humberto Zúccaro, especularon con la fórmula De Narváez-Cariglino.

De Narváez, líder del espacio en intención de voto, se impondría en las PASO ante Giustozzi y estaría en condiciones de hacer una buena elección en las generales, uno de los factores que frenan los ánimos de fuga de algunos intendentes massistas que son tentados por el FpV y el PRO para cruzar de partido.

En tanto, para el PRO, la provincia sigue siendo uno de sus puntos débiles. En gran parte de las provincias, el macrismo logró hacer pie, sea por medio de candidatos propios (como en Santa Fe y La Pampa) o apoyando al radicalismo (como en Mendoza y Entre Ríos). Pero en la provincia de Buenos Aires, todavía no lo logró. Los niveles de desconocimiento de su candidata María Eugenia Vidal (de origen político en la ciudad de Buenos Aires), la falta de sello propio y la preponderancia de la provincia a votar al peronismo le juegan en su contra a una fuerza que cuando logró buenos resultados en el distrito (en las legislativas 2009 y en 2013) lo hizo aliado a sectores del peronismo no kirchnerista.

En el PRO creen que el número a conseguir por Macri es el 25% y que Vidal se puede beneficiar por el efecto arrastre. Obtendría un mejor resultado en el primera sección electoral que en la tercera, en la cual difícilmente llegue al 20% de los votos según admiten los propios operadores del macrismo en esa zona del Gran Buenos Aires. Desde el Frente Renovador, aseguran que Vidal no alcanza en intención de voto y conocimiento a De Narváez en el interior provincial.

En este cuadro, Gustavo Posse no tiene lugar por ahora en las primarias del macrismo. Empezando por Jorge Macri, muchos no lo quieren como candidato. Pero quienes están en el armado nacional del PRO piensan que se le debería dar la oportunidad de competir contra Vidal en las primarias. Mientras tanto, el intendente de San Isidro amenaza – aunque luego lo desmintió – con presentarse con boleta corta.

Por su parte, el radicalismo tendrá seguramente un candidato a la gobernación para garantizar la presencia del partido en todas las categorías. Pero no le resulta fácil encontrar un candidato que pueda llegar a ser competitivo.

POR LAS INTENDENCIAS

De las 24 intendencias que componen el Gran Buenos Aires, 12 están en manos del Frente para la Victoria, 10 responden al Frente Renovador y 2 son del PRO. De los jefes municipales actuales, solo unos pocos no buscarán la reelección. La mayoría, irá por un nuevo mandato y todo indica, que la mayoría lo logrará. ¿Por qué?

Para el politólogo Gustavo González, “el que tiene poder, reproduce poder. Los intendentes son dueños del voto territorial, los conoce todo el mundo, mientras que a los candidatos de la oposición les es más difícil llegar a la gente”, observa. “El legado caudillista, autoritario y militar de la política argentina –agrega María Matilde Ollier– facilita en mayor medida el funcionamiento de un diseño municipal de esas características”. A todo eso se suma la posibilidad de la reelección indefinida y el diseño del sistema de asignación de cargos, que resulta en un peso desorbitante para los intendentes en sus concejos deliberantes.

En la provincia de Buenos Aires, los concejales se eligen en la misma boleta en que figura el intendente y se distribuyen por el sistema de Hare por piso o cociente. “Este sistema hace que en la práctica se convierta en un sistema de distribución mayoritaria. En los municipios grandes, para acceder a un concejal hace falta el 8,66% de los votos y en los pequeños el 33%. Eso hace que los terceros partidos –y a veces incluso los segundos– no lleguen al piso, por lo que en algunos municipios, con el 45% de los votos, el partido del intendente se lleve el ciento por ciento de los concejales, como ocurre en La Matanza. Allí con el 8,66% de los votos se gana un concejal, lo mismo que se necesita para meter un diputado nacional por Tierra de Fuego”, explica González.

PRO, UCR, FPV Y FR

En el norte del conurbano se dará la pelea más fuerte entreel PRO y el Frente Renovador, aliados en 2013. Allí se disputarán un electorado que es común a ambos. El intendente de Vicente López, Jorge Macri, intentará retener su cargo ante el ex Coalición Cívica, Adrián Pérez. En San Isidro, Guillermo Montenegro, actual ministro de Seguridad de la CABA, buscará dar el batacazo y desbancar al possismo. En San Fernando, Luis Andreotti, vecinalista aliado al Frente Renovador, corre con ventaja ante el concejal PRO, Alex Campbell. Lo mismo sucede en Tigre, cuna del massismo, y en Pilar, donde los intendentes massistas actuales Julio Zamora y Humberto Zúccaro, buscarán la reelección.

La idea de PRO es apoyar a los 17 intendentes radicales que hay actualmente en la provincia pero intentar tener un candidato propio en la mayoría de los demás municipios para expandir su presencia territorial en el distrito que le es más adverso. En el radicalismo, en cambio, se oponen y pujan por hacer valer su estructura e historia en los distritos para imponer sus nombres como candidatos.

Los intendentes radicales, a su vez, quieren ir tanto junto a la boletas presidencial de Mauricio Macri como a la de Ernesto Sanz, mientras que en el PRO pugnan por que los candidatos a intendentes de la UCR vayan con una boleta entera del radicalismo (con sus candidatos propios a la gobernación y la Presidencia) y los del PRO hagan lo mismo con Vidal y Macri.

El macrismo tiene candidatos competitivos en cerca de 20 partidos. Además de los mencionados, en Tres de Febrero el periodista e historiador Diego Valenzuela tendrá la difícil tarea de intentar vencer a Hugo Curto (en el municipio desde 1991). En José C. Paz, Carlos Urquiaga será candidato a la reelección por el FpV y Ezequiel Pazos, por el PRO. En Morón, el concejal Ramiro Tagliaferro esposo de la candidata a gobernadora María Eugenia Vidal, intentará aprovechar que el intendente kirchnerista Lucas Ghi no buscaría un nuevo mandato porque se presentaría Hernán Sabbatella, hermano del director del Afsca, ex edil de Morón.

Otra de las peleas fuertes se dará en Lanús, donde el candidato del PRO será el ministro de Hacienda porteño, Néstor Grindetti. Allí el FpV tiene una interna feroz entre el actual edil peronista, Darío Díaz, y el secretario de Justicia de la Nación, Julián Alvarez, mientras que el Frente Renovador tendría también una primaria amplia, con el ex presidente de Lanús Nicolás Russo como mejor posicionado.

Esta misma situación se está dando en varios municipios, donde a los caciques oficialistas les surgieron competidores internos del núcleo duro kirchnerista. En Almirante Brown, por caso, para enfrentar al massista Daniel Boletieri, se anotaron el concejal sciolista Mariano Cascalleres, y Mariano San Pedro, que responde a Florencio Randazzo.

Además, varios intendentes massistas amagan con pasarse al FpV o el PRO ante la caída en las encuestas del tigrense. En el armado bonaerense de PRO entienden que el más próximo a pegar el salto es el intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, mientras que el último en abandonar el barco si se estuviera hundiendo sería el de San Miguel, Joaquín De la Torre. De todos modos, el pase de los intendentes al massismo no sería inmediato.

Por un lado, el buen rendimiento en las encuestas del candidato massista Francisco De Narváez, evita la fuga masiva. Por otro lado, Marcos Peña y Jaime Durán Barba quieren demorar el pase de los intendentes peronistas para conservar su armado amarillo puro y su imagen de partido nuevo. Según el consultor ecuatoriano de Macri, el estancamiento actual del jefe de Gobierno se debe en parte al pacto sellado con el centenario partido radical.

Por su parte, en el Frente Renovador aspiran a conservar sus 10 intendentes en el Gran Buenos Aires y esperan ganar la mayoría de las intendencias del interior bonaerense donde ya triunfaron en 2013. En las legislativas de 2013, Massa ganó en 73 de los 135 municipios bonaerenses, por lo que sus potencial es grande, argumentan en el armado bonarense del FR. Lo cierto es que no se produjo el éxodo de intendentes hacia el massismo que esperaba el líder del Frente Renovador después de su victoria en las legislativas de 2013, ni lo abandonaron todos en los últimos meses, cuando su candidatura se empezó a estancar.

Además, señalan que la provincia de Buenos Aires sigue siendo el distrito donde más pesa la candidatura nacional de Massa (que podría arrastrar votos a nivel local) y que De Narváez está bien posicionado en las encuestas. Según Carlos Fara, si los candidatos del FpV son Insaurralde o Domínguez, el De Narváez estaría en condiciones de disputar el primer lugar.

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