Lo que dejó Mendoza

(Columna de Horacio Meilán)

El 21 de junio se enfrentarán Cornejo y Bermejo en un escenario polarizado por el apoyo o rechazo al kirchnerismo.

Los resultados de las PASO mendocinas, del pasado domingo 19 de abril, dejaron un escenario propicio para que en la general del 21 de junio se concrete un ensayo de la polarización que algunos opositores propugnan que se dé entre kirchnerismo y no kirchnerismo en el país.

Es que si bien el resultado individual de precandidatos arrojó una fuerte ventaja para el radical Alfredo Cornejo, que con 45% de los votos superó holgadamente al justicialista Adolfo Bermejo, que llegó al 25% de los sufragios, en lo que se refiere a la lucha entre las distintas fuerzas políticas, la diferencia entre el Frente Cambia Mendoza (CM) y el Frente para la Victoria (FpV), fue de escasos cinco puntos, y salvo la presencia del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), que se consolidó como tercera agrupación a partir del 7% “histórico” y consagró a la joven Noelia Barbeito como candidata a terciar en la batalla final, el electorado mendocino tendrá la oportunidad de dirimir entre dos postulantes que hoy representan una contraposición que no pocos plantean en el escenario nacional.

En Mendoza está muy claro que Bermejo representa al peronismo tradicional. Catapultado desde el oficialismo del PJ, cuyas principales autoridades son el gobernador Francisco Pérez (presidente) y el vicegobernador Carlos Ciurca (vicepresidente), este senador nacional, ex intendente del departamento de Maipú, ha tenido un desempeño políticamente correcto dentro del FpV, y ha sido una espada en defensa del modelo (preside la Comisión de Transporte del Senado y trabajó recientemente en la ley de estatización de los servicios ferroviarios), aunque no siempre acompañó la impronta K, como cuando no apoyó normas clave para el oficialismo nacional, como la ley de matrimonio igualitario o la de protección de los glaciares.

Pero más allá de su comportamiento, su postulación a la precandidatura estuvo marcada por el inicio de un claro distanciamiento de la gestión provincial de las influencias nacionales, sobre todo porque los distintos sectores internos del PJ –a excepción de Integración (referenciado por el ex diputado nacional Omar Félix)– acordaron su postulación junto al ahora ex ministro de Transporte (renunció para encarar la campaña) y catalogado como hombre del ministro del Interior, Florencio Randazzo, Diego Martínez Palau, descartando cualquier acuerdo interno no sólo con Integración, sino también, y fundamentalmente, con el kirchnerismo más duro de Mendoza, encabezado por La Cámpora y Unidos y Organizados, entre otras agrupaciones K.

Esto provocó que el kirchnerismo decidiera competir en la interna con la fórmula de Guillermo Carmona y la ex radical Alejandra Naman (Nuevo Encuentro), además de una tercera opción independiente que tampoco logró acuerdo alguno (Matías Roby-Ariel Pringles).

El desempeño de todos en la campaña de la PASO fue casi como el de partidos opuestos más que como de “compañeros” y eso no sólo se notó en el discurso, sino también en ciertas actitudes, principalmente del Gobierno Nacional, que además de expresar su abierto apoyo a Carmona, enviando emisarios para apuntalar su postulación del nivel de Axel Kiciloff, Alicia Kirchner o el propio Randazzo (cerró la campaña y se despegó claramente de su amigo Martínez Palau y Bermejo), llegó a afectar la gobernabilidad de Pérez, cuando le retuvo momentáneamente fondos esenciales.

El resultado de la interna dejó triunfador a Bermejo (25%), y a Carmona, con todo el aparato de la Casa Rosada, con apenas 11% de los votos (Roby obtuvo 4%).

Sin embargo, y como a todo peronista corresponde, inmediatamente después de la elección que ganó Cambia Mendoza, tanto Bermejo como Carmona salieron a validar “el muy escaso margen” con que el frente liderado por la UCR se había impuesto, contribuyendo ellos mismos a generar la polarización. “Hicimos una elección que nadie esperaba”, decía uno. “Creían que ganaban holgadamente pero aquí está el Frente para la Victoria”, destacaban otros, palabras más, palabras menos. Pero ese exiguo porcentaje de Carmona tendrá un valor más que sustentable para el kirchnerismo, cuyos referentes en voz baja prometen ponderarlo con creces para que el FpV se acomode en el cara con Cambia Mendoza.

Así, esos 11 puntos netamente K logrados tendrán que servirle a Bermejo para achicar y superar la brecha que finalmente la puja entre ambas fuerzas se dio. Por lo tanto, el candidato deberá defender el modelo nacional y popular del cual se alejó en la PASO.

En la vereda opuesta, Cambia Mendoza no sólo es un mero frente electoral liderado por un radical. Se trata, ni más ni menos, que la concreción de lo que el propio Cornejo predica desde hace más de un año, “un amplio frente opositor no kirchnerista para contraponer al kirchnerismo gobernante”.

Y ese logro, que propios y extraños le reconocen y que le valió sacar la chapa de indiscutido líder radical, la construyó no sólo puertas adentro de su partido y también con los “tradicionales socios” de la centroizquierda, sino, y fundamentalmente, con el mismísimo Mauricio Macri, con quien se alió hace tiempo y quien nunca dejó de considerarlo “un excelente administrador”, entre otros elogios.

E incluso fue más allá y terminó aglutinando cierta arista massista, casi sin posibilidades en la provincia, con algunos precandidatos que, a cambio de muy poco aceptaron integrar sus filas.

La conformación, que más allá de su característica variopinta, nunca dejó de mostrarse sólida, tal vez por la figura del propio Cornejo. Y hasta recibió los apoyos nacionales no sólo del radicalismo en pleno (el día del triunfo casi toda la cúpula de la UCR nacional y varios referentes de otras provincias llegaron a Mendoza para el festejo), sino que además contó con la presencia de los nuevos y poderosos socios externos, como Macri, que llegó dos días antes para caminar y apoyar abiertamente al hoy intendente de Godoy Cruz, y como Massa, que sorpresivamente apareció en un acto proselitista el día del cierre de campaña.

Queda claro entonces que en la general del 21 de junio, y superadas las instancias internas del PJ, no sólo habrá un enfrentamiento entre Bermejo y Carmona. Tampoco será sólo una batalla entre peronistas y radicales. Lo que estará en juego, ni más ni menos, serán dos posiciones, una a favor de defender el modelo. Y la otra, en contra. Será claramente, entonces, un ensayo de lo que no pocos anhelan que pase en el país en octubre.

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