CFK recupera los votos rurales

(Artículo publicado en la edición Nº31)

El cambio en la relación con los productores permitiría atraer los votos que el oficialismo perdió entre 2007 y 2009.

La crisis del campo fue un desencadenante clave del golpe electoral que sufrió el kirchnerismo en 2009. Un trabajo de Santiago Alles presentado en el Congreso de ALACIP que se realizó en Buenos Aires el año pasado lo demostraba con un sencillo indicador: en la provincia de Buenos Aires, a medida que aumentaba el porcentaje de superficie cultivada de los distritos, el voto por el Frente para la Victoria era menor.

En el otro extremo, el kirchnerismo también sufrió una pérdida significativa en los grandes centros urbanos. El 30% de los votos que el oficialismo alcanzó a mantener en esa elección tuvo base social en los más pobres y geográficamente, en las regiones
del interior del país. La alianza entre los sectores medios de las grandes ciudades y los
beneficiarios de la nueva economía agroindustrial conformaron el mayor núcleo opositor al kirchnerismo (el sujeto agromediático), que dominó la agenda pública entre marzo de 2008 y fines de 2009.

Los partidos opositores no pudieron o no supieron traducirlo en organización política.
Hoy, sin embargo, ese escenario parece haber quedado atrás, ya que algunas encuestas muestran que el oficialismo recuperó terreno en la Argentina rural. La consultora Equis sostiene que Cristina Kirchner hoy tiene una intención de voto de 42% en el interior de la provincia de Buenos Aires; en las elecciones de 2009, Néstor Kirchner obtuvo allí solo el 26%.

En las dos provincias más populosas de la producción cerealera y ganadera, Córdoba y Santa Fe, que juntas representan casi 1 de cada 5 votos nacionales, hoy la Presidenta supera el 40%. En 2009, los candidatos a senadores del oficialista Frente para la Victoria apenas habían llegado al 9%. Poliarquía maneja números similares. Otra consultora realizó un estudio cualitativo en una emblemática ciudad rural bonaerense, Maipú, que arrojó como resultado que los votantes están “conformes con la
situación económica”. Dos años atrás, estaban furiosos con el Gobierno. El cambio de tendencia parece innegable.

La recuperación kirchnerista de una porción importante del voto rural es una de las
claves de su ventaja en las encuestas preelectorales nacionales. Esta se explica, en buena medida, por la economía: si las expectativas de estos votantes son buenas, su humor también lo es. Hoy, gracias a la suba de los precios internacionales, todos están ganando, ya que aún con las retenciones el sector disfruta de una alta rentabilidad. Y los especialistas dicen que los precios seguirán subiendo.

Pero también se explica porque, aunque muchos ruralistas duros lo nieguen, hay una
mejor actitud política del Gobierno hacia el sector. En 2008, con el aumento de precios de las commodities y la sombra de una crisis alimentaria global, la célebre y torpe Resolución 125 de Martín Lousteau provocó una genuina reacción en los pequeños y medianos productores, que sentían que la presión fiscal aumentaba sólo sobre ellos.

Sobre esa reacción inicial se construyó aquél complejo proceso político que terminó alineando a todos los adversarios políticos y corporativos del Gobierno de un mismo lado. Néstor Kirchner en un principio los enfrentó con dureza, pero después del shock electoral de 2009 decidió encarar la cuestión con mayor pragmatismo. Sorprendió,
en septiembre de 2009, con la designación de María del Carmen Alarcón, una de
las referentes del movimiento agrario antikirchnerista, al frente de la nueva Secretaría de Integración Nacional.

Y un mes después creó el Ministerio de Agricultura, poniendo al frente al moderado Julián Domínguez. Desde la nueva cartera de Agricultura, una de las demandas de las organizaciones ruralistas, Domínguez implementó políticas activas y focalizadas que acercaron posiciones con diferentes eslabones de la cadena agroindustrial, hasta que el frente agrario entre grandes, medianos y pequeños productores se quebró.

A pesar de que los presidentes de las entidades agropecuarias realicen alguna declaración política esporádica, la Mesa de Enlace fue vaciada de contenido merced a la política agraria poselectoral del Gobierno Nacional. La recuperación por parte del oficialismo de una parte importante del voto rural tuvo su expresión partidaria: a partir de la distensión del conflicto del campo, fue posible la normalización de la relación entre los partidos justicialistas de Córdoba y Santa Fe y el Gobierno Nacional.

La que también contribuye a explicar –desde otro nivel de análisis– la recuperación kirchnerista y la crisis del peronismo disidente. Hubo, en definitiva, un sujeto agromediático que cercó al Gobierno en su peor momento y estuvo cerca de generar
una opción política. La Ley de Medios y el Ministerio de Agricultura fueron dos de las principales espadas kirchneristas para disolverlo y renacer de sus aparentes cenizas.

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