“La economía está un poco mejor de lo que se esperaba”

Entrevista a Dante Sica, director de abeceb.com.

Ya pasó el primer trimestre de 2015. ¿Qué cambios y continuidades hay con respecto a lo que vimos en 2014?

La economía está un poco mejor de lo que se esperaba. Hubo dos factores que atenuaron la posibilidad de una crisis cambiaria vía una caída de reservas. Por un lado, la posibilidad de tener a China como prestamista de última instancia y proveedor de dólares para las reservas y, por el otro, la caída del precio del petróleo, que compensó la caída de las exportaciones y, además, mejoró el balance fiscal. La economía está mejor de lo que se esperaba. Además, la caída en el nivel de actividad se estabilizó y tocó un piso. El 2014 fue un año de caída y el 2015 será uno de estancamiento con la posibilidad de cierto repunte en el segundo semestre en algunos sectores de la mano del consumo.

La economía se tranquilizó.

Sí, y en eso influye la estabilidad de dos variables clave, que este año no tienen volatilidad: el tipo de cambio y el empleo. Si bien dan la sensación de que la cosa está bien o en calma, los problemas de la economía se profundizan y nada de lo que hace el Gobierno tiende a solucionarlos.

¿Cuáles son esos problemas?

La distorsión de precios relativos; el desequilibrio externo y fiscal, financiados con restricciones cuantitativas y emisión monetaria, respectivamente, y una pérdida de competitividad muy fuerte. Esas condiciones no van a cambiar este año. Por el contrario, se van a profundizar. Pero, a diferencia de 2014, la economía dejará de caer.

¿Qué se puede esperar desde ahora hasta las elecciones?

Más de lo mismo. El Gobierno seguirá haciendo anuncios vinculados al gasto público y los subsidios; la oferta reaccionará en base a la posibilidad de conseguir dólares del BCRA y habrá un empleo planchado, sin creación (ni fuerte caída) del empleo privado y sólo creación de empleo público. ¿Cómo llegás a fin de año? Con deterioro de todas las variables.

Pero llegás.

Sí, aunque hay riesgos. Los bonistas podrían decidir no esperar más porque crean que no habrá cambio de ciclo y pidan acelerar la deuda en default. Eso podría perturbar la sensación de calma cambiaria que hay. El otro factor de riesgo es interno y es una aceleraciónde la tasa de inflación por una caída de la demanda de dinero. El tercer ingreso del sector público es la emisión monetaria: son $230.000 millones que se emitirán sólo para financiar al Tesoro. Si a eso le sumás lo que hay que volver a comprar, o hay que seguir manteniendo Lebac y Nobac, que es más o menos la misma cantidad, cualquier variable que haga que esa liquidez se queda en la calle te puede generar problemas sobre la brecha cambiaria o la inflación.

Estamos en un equilibrio frágil.

Sí, y eso es porque el Gobierno, pese a la crisis institucional, sigue teniendo poder político, y eso le juega a favor.

Hablaba de una posible recuperación del consumo en la segunda mitad del año en base a una recuperación del salario real.

En el segundo semestre se empezarán a percibir los salarios plenos. Hay que ver qué decisión se toma con Ganancias. Seguramente en julio el Gobierno actualizará todos los programas sociales.

¿Qué alcance puede tener esa recuperación del consumo?

Acotado. Mejorarán un poco lo sectores que están más protegidos de la importación, como textiles y calzados. También puede haber cierto repunte de alimentos y bebidas, pero no creo que a bienes durables le alcance para revertir la caída de 2014. A lo sumo se estabiliza su nivel de demanda.

¿A qué se debe la estabilidad del empleo?

El ajuste fuerte se hizo el año pasado cuando se paró todo: horas extra, contratos temporarios, etcétera. Todos ajustaron sus dotaciones a un nivel de actividad que imaginaban para este año similar al del 2014. Pero no hay despidos masivos.

¿En la estabilidad del empleo también juega a favor la esperanza de que la economía mejore a partir del 10 de diciembre?

Hay una sensación de que el cambio de ciclo deparará una economía mejor.

Y nadie quiere despedir gente esperando el rebote…

Despedir gente tiene sus costos. Luego hay que volver a recontratarlos. Lo que hace todo el mundo es cuidar el nivel de empleo. Tanto el Gobierno como los sindicatos y las empresas procurarán mantener los niveles de empleo.

¿Y qué pasa si esa sensación de una economía mejor se empieza a aplacar porque se percibe una continuidad del FpV o porque los candidatos opositores dan señales en ese sentido?

Eso va a depender de las señales de política económica que empiecen a dar los candidatos, sobre todo los oficialistas. Las medidas de cambio son más claras en los candidatos opositores, algo que no ocurre con los candidatos oficialistas.

¿Y qué se puede anticipar de 2016?

Eso dependerá de quien gane la elección. Si gana algún candidato opositor, vamos ir hacia un ajuste de la economía mucho más rápido pues necesitará dar señales más prontas de recuperación. Si gana un candidato oficialista, seguramente opte más por la gradualidad.

Un cambio de este primer trimestre es la fuerte devaluación del real, a lo que se suma el estancamiento que venía arrastrando Brasil.

Este año, el PIB de Brasil va a caer. Está en una tormenta perfecta. Un ajuste económico, crisis política en el seno del poder que acaba de ganar la elección, una crisis de corrupción y un problema hídrico que afecta la provisión energética y enrarece el clima social.

¿Y eso nos va a impactar o ya se sintió el impacto?

Habrá una desaceleración de las exportaciones. No afectará al mercado local porque el comercio está administrado, si no veríamos una entrada mucho más fuerte de productos brasileños.

Se va a hablar cada vez más de la herencia que deja este Gobierno. ¿Es una “bomba”?

No es una bomba, es una herencia importante y complicada en los temas que mencionaba antes: distorsión de precios relativos, desequilibrios fiscales y externos y pérdida de competitividad. Hay que recuperar los equilibrios macroeconómicos para volver a crecer. Es una condición necesaria. Pero esto no implica que si no se hace nada, el 11 de diciembre explota todo. El gradualismo o el shock estará más de la mano de las necesidades políticas que económicas del nuevo Gobierno.

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