El Estado somos nosotros, o la teoría de la bicicleta

La Escuela Superior de Gobierno, un ejemplo de lo que el kirchnerismo entiende por “un Estado fuerte”.

La Escuela Superior de Gobierno es una muestra de nuestra institucionalidad democrática y, al mismo tiempo, de nuestros déficit institucionales. Una evidencia de la distancia entre la construcción de instituciones y su apropiación partidista y sectaria. Fue concebida como un organismo para la formación de líderes gubernamentales trascendiendo su identificación partidaria, en los años ’90, derivación de los cambios en el INAP iniciados con la recuperación de la democracia en los ’80, con la creación de la Secretaría de la Función Pública y la carrera de Administradores Gubernamentales. A partir de la reforma constitucional del ’94, que declaró a los partidos políticos instituciones fundamentales del sistema democrático, se estableció que el Estado contribuiría a la capacitación de sus dirigentes y se pensó, para ello, en un marco institucional de formación y capacitación de carácter académico y pluralista. En 1995, el INAP convocó a los partidos para desarrollar el programa de la Escuela Nacional de Gobierno, con la idea de que fuera un “espacio natural de capacitación y formación de líderes con vocación pública para servir a una sociedad democrática, en un ambiente de pluralismo ideológico y de excelencia académica”.

Fue pasando por diferentes etapas hasta su inserción actual como organismo dependiente de la Jefatura de Gabinete. Su página web explica que la ENG “tiene como objetivo fundamental contribuir a la formación de las nuevas generaciones de protagonistas: dirigentes políticos, referentes y ciudadanos capaces de desarrollar un proyecto de gestión democrático e igualitario. Para ello trabaja en la generación de herramientas técnicas y teóricas, que contribuyan a la formación política de quienes deseen intervenir en la gestión gubernamental desde una perspectiva federal y democrática”. Dice además que “fomenta el trabajo conjunto y el intercambio de experiencias con las distintas provincias del territorio argentino a partir del reconocimiento de la diversidad de realidades y perspectivas. Desde una fuerte convicción de compromiso con la educación y la construcción colectiva impulsa los valores democráticos y aporta al fortalecimiento del proyecto nacional basado en la integración regional”. Y agrega como propósito “el fomento de debates abiertos sobre temas estratégicos del quehacer político, social y económico de la Argentina”. Pero eso sí, en “coherencia con el Proyecto Nacional y la realidad política Latinoamericana”.

Lo que ocurre con la ENG es un caso interesante de lo que el kirchnerismo ha entendido por “una burocracia comprometida con lo público”. Su actual director, Marcelo Koenig, explicó hace dos años: “Cuando fue constituida la Escuela, en los ’90, fue concebida como un espacio para formar a la clase política en un esquema neoliberal. Para conseguirlo, se busca ba divorciar lo más posible lo político de lo técnico. Así, se formaban técnicos asépticos –tecnócratas– que reprodujeran esa ideología en cuanto a su concepción de un Estado ausente. Nosotros queremos romper con esa matriz en esta nueva etapa de la Escuela de Gobierno. Primero la pensamos como una escuela de políticas, porque el gobierno no hace otra cosa que ejercer el poder en el seno del Estado por medio del conjunto de personas que fueron legitimadas democráticamente por el voto popular. Para aportar en este proceso, nosotros queremos formar los cuadros políticos y técnicos que sean parte de este proyecto”. (11/3/2013, http://www.noticiasurbanas.com.ar/noticias/51570/).

Podría decirse que la conversión de la Escuela de Gobierno en Escuela de formación de cuadros políticos fue un éxito. Los grandes debates realizados resultan ilustrativos. Ciclos de conferencias sobre “Constitución y Proyecto Nacional”, “Trabajo y Justicia Social”, “Construcción de un Estado para Todos y Todas”, “Soberanía y Defensa Nacional”, “Proyecto Nacional e Integración Latinoamericana”, con mesas integradas por diputados nacionales, funcionarios, economistas, sindicalistas, intelectuales, referentes de organizaciones sociales en su totalidad identificados con la profesión de fe doctrinaria del kirchnerismo. No sorprende ver en las memorias anuales del organismo referencias como esta: “Durante el evento se analizó la actualidad regional, considerando el marco político y social, y se destacaron los logros obtenidos bajo el liderazgo de Néstor Kirchner, uno de los artífices de la consolidación del exitoso proceso de integración latinoamericana que está en marcha”.

Koenig, que alterna indistintamente su doble carácter de alto funcionario del Gobierno y secretario general de la Corriente Descamisados integrante de Unidos y Organizados y es autor de libro “Vencedores vencidos: peronismoantiperonismo”, asegura hoy que “lo peor que nos podría pasar es que gane la derecha”. Y ofrece una peculiar teoría sobre cómo debe interpretarse la continuidad y profundización de las políticas implementadas en estos doce años: “El equilibrio de este proyecto es el equilibrio de la bicicleta, que se mantiene en pie mientras va para adelante”. Así se concibe la “construcción de instituciones” y la fortaleza de un proyecto político democrático y popular que enfatiza permanentemente el rol del Estado. No entienden que un Estado fuerte no es solamente aquel manejado por una dirigencia que cree –o dice creer– en un Estado fuerte, sino aquel que trasciende y contiene a las dirigencias que lo conducen. Es aquel que produce funcionarios y líderes que no confundan la defensa del interés público y el bienestar general con su pertenencia partidaria; que no tengan la necesidad de identificar automáticamente su compromiso con lo público con la lealtad, devoción y exaltación de un/a Presidente o un/a Líder

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