Debate Sí-No: Estratégicamente, ¿fue acertada la resolución de Macri?

(Publicado en la edición Nº31)

El anhelo presidencial del líder del Pro tendrá que esperar hasta 2015. El armado nacional sigue siendo una carencia. Una segunda gestión en la ciudad es la esperanza.


La ciudad de Buenos Aires es el único bastión electoral del Pro. Cuidarlo, en un contexto de fuerte revitalización del kirchnerismo (no sólo a nivel nacional sino, también, en el distrito porteño), debe ser la prioridad máxima. Más aún en un contexto en el cual prácticamente todas las provincias están aliadas (más o menos, según el caso) con el oficialismo nacional. Si los socialistas pierden Santa Fe y el Pro gana en la Capital, será la única fuerza opositora a cargo de un distrito relevante. No es un dato menor.

Macri puso la mira en el futuro y entendió que para el cuatrienio 2011-2015 no es lo mismo ser jefe de Gobierno que estar en el llano, más allá de que ganara alguno
de sus delfines. En 2007, la fórmula encabezada por Mauricio Macri obtuvo 798 mil votos en primera vuelta y poco más de un millón en la segunda. Dos años más tarde, la boleta encabezada por Gabriela Michetti obtuvo 567 mil votos. Pese a que se trató de comicios legislativos –donde el voto se fragmenta más–, la mayor atracción que genera cuando Macri encabeza la boleta es indiscutible. Por eso, su candidatura hará que la boleta del Pro sea mucho más atractiva el 10 de julio.

Con el paso de los días, confían en su entorno, la impronta derrotista que le endilgan a su decisión se transformaría en una triunfalista, en caso de que venza a Daniel Filmus, Amado Boudou o Carlos Tomada, todas figuras de indiscutibles credenciales K y a Pino Solanas. Sería una de las pocas victorias opositoras en un año que podría ser el de la resurrección electoral kirchnerista. Y en ese caso, los opositores que compitan en octubre querrán tenerlo cerca.

Su presencia no será, empero, garantía de victoria. La elección será mucho más reñida que en 2007. Si bien en esa ocasión hubo balotaje (como habrá ahora), es casi imposible que Macri llegue al 45% que obtuvo entonces en primera vuelta. Hoy, las encuestas hablan de un 30-35% de piso. Continuar gestionando uno de los distritos con mayor exposición mediática del país le permitirá, en caso de hacerlo bien, ofrecer más resultados en 2015. Como indican en el Pro, cambiar la ciudad lleva muchos años. Macri es joven y la edad no es un escollo.

Los próximos años, asimismo, serán una oportunidad para enmendar algunos de los errores –tanto de gestión como de construcción política– de los últimos cuatro. Uno de ellos será entender que ser una figura conocida a nivel nacional no es lo mismo que contar con poder territorial. Otro es que deberá intentar seducir a, al menos, parte de sus detractores, que no son pocos, como muestran las encuestas.

No Las encuestas sobre intención de voto a Presidente no eran muy promisorias para Macri. Según las mismas (y con una campaña aún no lanzada del todo), Macri tenía más intención de voto que todos los precandidatos que se bajaron e, incluso, de algunos que aún pretenden competir. Junto a Ricardo Alfonsín se disputaban el segundo puesto. De haber victoria K (escenario más probable), quien salga segundo en octubre será no sólo el máximo referente de la oposición sino que, de darse ciertos resultados, participe de un eventual balotaje. Ese lugar podría haber sido de Macri.

Una de las flaquezas del Pro es carecer de un armado a nivel nacional. A excepción de algunas alianzas (alguna de ellas exitosas, como la de 2009, en la provincia de Buenos Aires), el Pro sigue siendo un partido porteño. La decisión de Macri de no competir en octubre no hará otra cosa que agravar esa carencia. Si decidiera ir por la Presidencia en 2015, seguirá adoleciendo de una masa crítica y de poder fáctico a nivel nacional.

“Tenemos que consolidarnos en muchas provincias donde tenemos poca presencia”, admitió Horacio Rodríguez Larreta. Las perspectivas de Miguel del Sel en Santa Fe son más sombrías de lo que eran antes de la decisión de Macri. Francisco de Narváez, ex aliado, puso proa para otro lado.

En política, el objetivo no es sólo lograr la victoria sino representar a un conjunto de ideas que comparten tanto el candidato como la base electoral que lo sustenta. Si Macri se hubiera presentado y perdido, ese electorado lamentaría la derrota pero encontraría a un dirigente que plasme y represente sus ideas. Crearía representatividad y fidelidad a nivel nacional. El electorado de centroderecha, que no es desdeñable y los votantes que buscan figuras nuevas y renovadoras, ajenas a la política tradicional y al bipartidismo histórico (banderas fundantes del Pro), no tendrán candidato a presidente, más allá de cómo decida posicionarse Macri en octubre y de su promesa de tener un candidato.

Uno de los motivos por los cuales Macri quería buscar la Presidencia este año era porque descontaba que el Gobierno Nacional intentará complicarle su gestión en la ciudad. En ese caso, no llegaría a 2015 fortalecido. Macri tiene hoy el mismo caudal electoral que en 2007, cuando era diputado. Son votos que, en su mayoría, no provienen de la aprobación de su gestión distrital sino, más bien, de la atracción que genera su figura.

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