Las claves del acuerdo

Tanto la UCR como en el PRO modificaron sus discursos y se asumieron como partidos complementarios en esta etapa.

Tanto radicales como macristas fueron mutando sus discursos en los últimos tiempos y, por lo tanto, el acuerdo que van a oficializar genera tensiones en aquellos sectores internos de ambos partidos para los cuales lo esencial es preservar su identidad política. Pero prevaleció la idea común de ofrecer una opción competitiva frente al oficialismo.

Hasta hace un tiempo, en el PRO decían que no tenían nada en común con quienes habían gobernado en los últimos treinta años, sin distinciones. Luego moderaron parcialmente ese discurso aceptando que podrían hacer acuerdos con algunos radicales en particular –Sanz, Aguad y otros– pero no con la estructura partidaria. Pero finalmente aceptaron un acuerdo formal entre partidos. En el radicalismo, la corriente mayoritaria sostenía hasta no hace mucho que “Macri era el límite”. Más acá en el tiempo, comenzó a aceptarse que se lo votaría en una hipoté- tica segunda vuelta frente a un peronista. Pero se siguió avanzando y la Convención terminó aprobando una alianza.

¿Qué llevó a este cambio? En el caso de la UCR, fue la comprobación de que muchos de sus potenciales votantes se estaban inclinando por Macri y que los dirigentes provinciales estaban cerrando acuerdos locales con el PRO.

En el caso del macrismo el cambio fue consecuencia de la lectura de las encuestas que lo colocan con una posibilidad cierta de llegar a la Casa Rosada y tomaron nota de que no tiene los recursos institucionales suficientes para gobernar. Hoy el PRO cuenta con sólo 18 diputados y 3 senadores. Se optó por la alternativa más racional frente a una inconveniente –para ambas partes– fórmula conjunta (Macri-Sanz) o a un tardío acuerdo posprimarias.

Son fuerzas complementarias y su confluencia era lógica. El PRO puede no necesitar a la UCR para ganar las elecciones pero sí la necesita para gobernar. Los radicales sabían, a su vez, que si les iba mal en las primarias, les hubiese ido aún peor en las generales lo cual hubiese debilitado su representación parlamentaria y frustrado sus posibilidades de obtener varias gobernaciones.

LAS NEGOCIACIONES

Pero instrumentar el acuerdo no será tarea fácil. Los radicales quieren cerrar todo pronto mientras que en el macrismo procuran mantener cierta distancia porque un excesivo acercamiento va en contra de la estrategia seguida hasta ahora que consistía en mostrarse como una expresión política distinta. Por eso Macri fue enfático al señalar que no piensa en un gobierno compartido en el que haya una distribución preestablecida de ministerios. En cualquier caso es un debate demasiado prematuro teniendo en cuenta que hay muchos temas que deben acordarse previamente. Para Sanz es clave tener –aun perdiendo– un buen resultado en las primarias para legitimarse frente a sus correligionarios y negociar con más respaldo cargos en un eventual Gobierno. También a Macri le convendría tener un interlocutor con fuerza en el radicalismo y no tener como socio a un partido fragmentado.

En cuanto a la lista de legisladores se aspira a que haya una lista única en cada distrito. Los radicales fijaron un piso en las negociaciones: como mínimo quieren renovar las 14 bancas que ponen en juego en Diputados y las 9 del Senado. Pero se trata de negociaciones provincia por provincia y puede haber casos en los cuales no se llegue a un acuerdo. En la provincia de Buenos Aires el desafío no es menor porque las autoridades locales, con Ricardo Alfonsín a la cabeza, no comparten el acuerdo con el PRO.

Hay que tener en cuenta también que el macrismo tendrá un argumento fuerte en las provincias para exigir mayor presencia en las listas de legisladores ya que contribuirá a que los radicales consagren varios gobernadores al no presentarles candidatos alternativos.

Les queda a los socios, además, avanzar en definir una serie de pautas aunque sin el detalle que solían tener las tradicionales plataformas electorales. Uno de los argumentos más escuchados para justificar ese acuerdo es exhibir la cantidad de leyes relevantes en las cuales fueron coincidentes los votos de los legisladores del PRO y la UCR. Pero no es un dato menor que las coincidencias en las votaciones se dieron para rechazar proyectos del Ejecutivo. Fueron acuerdos para oponerse pero ahora viene una etapa en la cual deberá haber proyectos e iniciativas comunes. Es todo un desafío.

En los próximos cuatro meses todos deberán hacer equilibrio. Por un lado, deberán construir una alianza y, por el otro, competir. Macri está lanzado desde hace tiempo, pero la campa- ña de Sanz está demorada. Y tiene que activarla por tres motivos: necesita darles cobertura con una boleta competitiva a los candidatos radicales en aquellos distritos en los que no haya acuerdos y compitan contra el PRO, intentar ganar la primaria, que es la mejor respuesta que le puede dar a los sectores internos que lo critican por haber subordinado el partido a Macri, y aun si pierde, obtener un buen resultados en las PASO es la mejor base para las negociaciones poselectorales. Y que ratifique su liderazgo interno les conviene a todos los socios de la alianza.

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