El enemigo interno

(Columna de Marcelo Aguaysol, de La Gaceta de Tucumán)

El cambio de gestión en Tucumán encuentra a un oficialismo desconcertado y a una oposición que aún no sabe aprovechar las ventajas que puede significar la diáspora justicialista.

Las encuestas le han dado paso a las palabras en Tucumán. En lo que parecía una campaña proselitista con neta orientación oficialista, ahora se ha nublado el horizonte para el Frente para la Victoria. Las inundaciones en la provincia le han agregado una cuota de dramatismo y de angustia al electorado. A ello se suman las críticas hacia la gestión de casi una docena de años del gobernador José Alperovich, que recorre sus últimos meses como cabeza institucional de la provincia. No es tiempo de sacar provecho de una situación que embarga a miles de familias. Pero la oposición aún no sale de su letargo y termina enredada en sus propios laberintos, de acuerdos y acercamientos multipartidistas, que no sólo descolocan a sus rivales de turno, sino también que generan desconciertos en sus propias filas.

Oficialismo y oposición, sin embargo, tienen un elemento en común de cara a las próximas elecciones: ambos tienen su propio enemigo interno, sus miedos y sus vicisitudes.

Nada parece cambiar el rumbo a la fórmula bendecida por Alperovich. Incluso, el ex ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur, cuenta con el aval de la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su pelea por la sucesión en la gobernación tucumana. Las loas que le ha dedicado la Msandataria al dejar el cargo en el Gabinete es una interpretación de aquella venia política. En los papeles, corre con el “caballo del comisario” por gozar del apoyo del aparato. Su compañero de fórmula es Osvaldo Jaldo, un peronista multiterreno que ha sido ministro de Economía en tiempos previos a la gran debacle de fines de 2001. Actualmente se desempeña como ministro del Interior de la provincia. Desde allí teje los acuerdos partidarios para la pelea electoral que se viene. Todo indica que Domingo Amaya, el actual intendente capitalino, no irá a las internas dentro del oficialismo y, vía partido de la Victoria, peleará por la gobernación. De buena llegada a la Casa Rosada, Amaya ha roto lanzas con Alperovich en una disputa que se ha endurecido en los últimos meses. El cisma interno en el Partido Justicialista no se agota con aquella diferencia entre dos de sus referentes. La presidenta del distrito Tucumán, Beatriz Rojkés de Alperovich, ha quedado envuelta, en los últimos días, en una polé- mica con derivaciones electorales impensadas dentro de la estructura, con la descalificación verbal a un damnificado por las inundaciones. Las disculpas posteriores no terminaron de cerrar las heridas dentro ni fuera del partido. “Le dio más letra a la oposición”, interpretó un dirigente histórico del oficialismo tucumano.

En ese contexto, Amaya abrió el diálogo con distintas fuerzas políticas. Pronto se lanzará a la pelea electoral y no se descarta un acercamiento con el radical José Cano, que también pretende convertirse en el jefe del Poder Ejecutivo. El actual diputado nacional ya hizo acuerdos con otro peronista, Gerónimo Vargas Aignasse, hoy muy cercano al precandidato presidencial Sergio Massa. Vargas Aignasse quiere ser intendente de la capital, como también un ramillete de correligionarios de Cano, que no vieron con buenos ojos los afiches con los que se empapelaron los distintos circuitos capitalinos promoviendo las candidaturas multipartidarias. Cano, además, ha quedado entrampado con el acuerdo entre su partido y el PRO de Mauricio Macri. Ese entendimiento ha descolocado a algunos aliados de viejas épocas, como Libres del Sur, conducido por Federico Masso.

Todos los candidatos, no obstante, tienen curiosamente otra respuesta para diferenciar los tres escenarios que se presentarán este año en el sexto distrito de mayor peso electoral de la Argentina.

. Por un lado, hablan de que la batalla por la gobernación será cuerpo a cuerpo y que nadie tiene garantizado el triunfo, más allá de lo que digan las encuestas. En Tucumán, se elegirá gobernador el 23 de agosto próximo.

. Por otro lado, señalan, los acuerdos nacionales se circunscribirán a ese terreno, con baja incidencia en los resultados provinciales. En otras palabras, que hasta octubre todavía puede correr mucha agua bajo el puente.

. El tercer escenario es que el apellido Alperovich no irá en la boleta de agosto, por lo que el aparato y los referentes que vienen acompa- ñando al actual mandatario no estarán tan comprometidos como en otras compulsas. Alperovich encabezará la lista de postulantes para una banca en el Senado de la Nación. El cambio de gestión en Tucumán encuentra a un oficialismo desconcertado y a una oposición que aún no sabe aprovechar las ventajas que puede significar la diáspora justicialista. Ninguno de los postulantes ha despertado pasión entre la población que va a las urnas. Otra vez, como sucedió en pasadas elecciones, la clase media puede ser determinante en el resultado electoral. Particularmente en el principal aglomerado urbano de la provincia. Hagan sus apuestas.

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