Cuatro reglas

(Columna de Facundo Cruz)

El PRO, la UCR y la CC-ARI deben seguir cuatro reglas de oro para que la coalición se concrete y sea duradera.

Leandro Alem jamás imaginó a (gran parte de) un país pendiente de una Convención de su partido. La mayoría de los radicales tampoco lo hizo. Menos después de la salida abrupta del 2001. Pero Gualeguaychú les dejó una lección importante: como tenemos partido para rato, también habrá coaliciones por un buen tiempo.

Mauricio Macri y Elisa Carrió respiraron aliviados cuando se aprobó la conformación de una coalición electoral entre la UCR y sus queridos PRO y CC-ARI, respectivamente. El acuerdo que ambos dirigentes encararon con Ernesto Sanz ya era un hecho y una alegría para el terceto.

Pero no tienen que dormirse en los laureles: puede ser una tragedia griega. Desde el punto de partida, la coalición UCR-PRO-CC-ARI nace como un modelo mixto de construcción de coalición. Por un lado, tenemos a los radicales difundidos en gran parte del territorio, con más de un siglo de actividad partidaria, con cierta estructura militante activa, dirigentes reconocidos públicamente en casi todas las provincias y una organización que se extiende de Ushuaia a La Quiaca. Por otro lado, PRO y CC-ARI son partidos que apenas superan la década de vida, se han construido por penetración territorial desde la ciudad de Buenos Aires, tienen cierta presencia en las provincias más cercanas al centro urbano nacional y sólo el primero de ellos gobierna un distrito.

Hay un desbalance importante desde el arranque. Se percibe. Pero puede compensarse: hacen falta algunas reglas claras que les permita a los Sanz, Macri y Carrió administrar el gobierno de esa coalición. Retomando al muy citado Andrés Malamud, si uno de los patos vica de la política argentina dejó pasar a dos invitados, ahora hay que ver cuánto tiempo los dejan quedarse en el boliche. Para que lleguen al final de la fiesta, ahora le dejamos un listado y algunas reglas y recomendaciones para que tengan en cuenta.

1 Las coaliciones son construcciones que tienen etapas. Apenas unos días después de la Convención de la UCR la ansiedad política casi dinamita una regla de oro: no se habla en la primera semana. Se espera a que se calmen las aguas. Por eso no tuvo nada de positivo que automáticamente se empezara a vaticinar cómo iba a ser la coalición de gobierno sin que siquiera se hayan definido las reglas de la coalición electoral.

El complejo mundo de las coaliciones nos ha enseñado que los acuerdos sólidos se construyen por etapas. Como si fuera una secuencia de eventos conectados y relacionados. Primero, acordamos las reglas electorales. Si todos están de acuerdo, conformes y además ganan, pueden llegar a la segunda etapa: coalición de gobierno. Cuando asumen se activa la tercera: la coalición legislativa. Le da sustento y estabilidad al gobierno. Es su escudo de protección.

Este es el punto de partida. Sino, pueden empezar a pedirle al patovica que saque a alguno de los dos.

2 Reglas claras para distribuir los espacios de la coalición electoral. Ya lo dijimos más arriba: la UCR tiene mayor presencia territorial que PRO y CC-ARI. Lo que hace que el primer y más difícil desafío sea acordar reglas claras para distribuir las candidaturas. Separemos las ejecutivas de las legislativas: cada una tiene que tener su propio criterio de distribución.

Las candidaturas presidenciales no tienen muchas vueltas, dado que los tres partidos dirimirán la integración de las fórmulas en las PASO. Lo que sí sería conveniente es que en lugar de tres competidores hubiera dos y que, además, no sean partidarias puras. Imaginen el desbalance de poder futuro que tendría la coalición si Presidente y Vice pertenecieran solamente a la UCR, a PRO o a CC-ARI. Cualquiera de las combinaciones de siglas que las encuestas avalen sirve.

La integración de listas legislativas es el meollo de la cuestión. Entonces comienza a pesar la diferencia de presencia territorial. Cada provincia es una negociación en sí misma, en la cual los tres partidos tienen que ponderar quién tiene mayor peso en base a un difícil cálculo de presencia militante, recursos organizacionales y cantidad de votos obtenidos en las últimas dos elecciones (2011 y 2013). Donde la UCR domina, puede pedir mayoría de los lugares en las listas, dejando que PRO y CC-ARI se repartan la mitad restante. Donde los tres empatan, la integración debería ser en partes iguales intercalando un candidato de cada partido y repartiendo las cabezas de listas entre los tres partidos en partes iguales.

Una idea revolucionaria que aplica a las situaciones de empate. No sería descabellado pensar un esquema de rotación de diputados en aquellos distritos donde se eligen pocos diputados. Si primero asume su banca el candidato de la UCR, a los dos años puede asumir PRO y el año restante de mandato queda para CC-ARI.

La bolsa es grande: 130 diputados nacionales y 693 provinciales, 24 senadores nacionales y 107 provinciales, además de 43 parlamentarios del Mercosur. Todos se pueden llevar una parte.

3 Equilibrio para consolidar la coalición de gobierno. Solo tiene sentido mencionar la palabra “ministerios” a partir del 26 de octubre. Antes, ni soñarlo. Y no es un capricho académico, sino que es consecuencia de dos datos necesarios previos.

Primero, saber la fórmula presidencial que liderará la coalición. En las coaliciones presidenciales el titular del Poder Ejecutivo se reserva la mayoría de los ministerios y, adicionalmente, los más importantes. El resto se distribuye entre sus socios de acuerdo a su importancia política y su peso legislativo.

Ahora entra el segundo dato, que es conocer cuántas bancas puede obtener la coalición y a qué partido pertenecerán. Quien obtenga la mayor cantidad de bancas puede recibir (y reclamar) compensación ministerial acorde, siempre con posterioridad a la tajada que se reserve el Presidente para sí mismo.

Cuando se reparte, hay cogobierno. O gobierno de coalición: son sinónimos. La homogeneidad de color político en el Poder Ejecutivo solo les garantiza unos meses de mandato. Por ejemplo, ¿qué hacer ante el desafío de conformar el equipo económico? Otra idea loca: el Ministerio de Economía, el Banco Central y las agencias recaudadoras nacionales deberían distribuirse en partes iguales.

El monopolio del peso puede ser una bomba de tiempo. Aprendan a convivir.

4 Diálogo y estabilidad con la coalición legislativa. Otra enseñanza de la política latinoamericana es la necesidad de contar con un escudo legislativo sólido, unificado y aceitado para garantizar la estabilidad gubernamental. Si la coalición UCR-PRO-CC-ARI se acerca a la mayoría tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, puede ser suficiente incentivo para mantener los bloques unidos para aprobar el paquete legislativo que envíe el Poder Ejecutivo.

Sin embargo, si quedan debajo de la mayoría en alguna de las dos cámaras, deberán poner en práctica todos sus dotes de negociación política para aprobar cada ley; con todos los costos temporales y de recursos que implica. O deberán ampliar la coalición con más socios, repartir y barajar de nuevo los ministerios.

Los primeros seis meses son clave para garantizar la estabilidad del gobierno. Reglas claras conservan la amistad. O te convierten en una Alianza. Y tus socios te esperan en un helicóptero.

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