¿Puede haber una coalición de gobierno en 2015?

El acuerdo entre la UCR y PRO abrió la discusión en torno a la posibilidad de un gobierno compartido. La diferencia que se plantea entre los sistemas presidencialistas y parlamentarios.

El 14 de marzo la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical (UCR) aprobó por mayoría y tras un extenso debate la propuesta de alianzas presentada por iniciativa de Ernesto Sanz. La misma, como es sabido, abría la puerta no solo a una competencia en las primarias abiertas junto a la Coalición Cívica–ARI y PRO sino también a la generación de consensos programáticos y a la integración de un eventual gobierno de coalición en el caso de que ganara la fórmula encabezada por Mauricio Macri o Elisa Carrió.

Así, el primer eje de la discusión mediática, académica y política posconvención fue la necesidad por parte de las fuerzas integrantes del frente electoral de definir pautas claras para la integración de un eventual gobierno y un criterio para el reparto de posiciones en las listas a senadores y diputados nacionales en todo el país.

Ya se había comenzado a especular con un vice radical acompañando a Macri, con la posibilidad de un jefe de Gabinete radical en un eventual gobierno macrista y también con la esperable inserción de dirigentes PRO en las listas legislativas provinciales que acompañarán a los candidatos a gobernador competitivos con los que cuenta el radicalismo en varios distritos.

Pero en paralelo, el oficialismo hizo las primeras comparaciones entre la coalición concretada y la alianza del Frepaso y la UCR que llevó a Fernando De la Rúa a la Presidencia y que luego se desmoronó en pleno ejercicio de la Presidencia, llevando al país al colapso y la crisis. Los fantasmas del pasado comenzaron a teñir de gris una coalición que desde el día cero fue vista como exitosa y con serias pretensiones de alzarse con el gobierno en octubre.

Por eso inmediatamente Macri salió a diferenciarse de aquella experiencia desafortunada. Dijo que “no habrá cogobierno”, que su vice no será radical y que “el acuerdo no es para repartir cargos” y que quien gane gobernará solo.

EL CONTEXTO ELECTORAL

¿Es posible una coalición de gobierno en un sistema presidencialista como el argentino? ¿Es recomendable? ¿Por qué será difícil para la UCR y PRO ponerse de acuerdo para gobernar juntos? Estos ejes fueron preocupaciones de uno de los paneles que integraron el seminario de Elecciones 2015 organizado por el estadista con motivo de su quinto aniversario.

Marcelo Leiras, director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés, abrazó la idea de crear coaliciones de gobierno. “Dan a lugar a gobiernos más robustos y permiten moderar la alternancia política y hacen más legible la función de gobierno porque cuando hay una coalición estable de gobierno uno sabe quién decide qué cosa y eso permite premiar al que hace las cosas que nos gustan y saber ante quien quejarse en el caso de que a uno no le gusten. Cuando son efímeras, todo ello cae sobre la figura del Ejecutivo”.

Como sucede con todos los presidentes, el próximo asumirá seguramente marcando los errores de la gestión anterior para ganar un tiempo de apoyo ampliado y permisos para actuar con discrecionalidad. Más tarde, una parte importante de la opinión pública le pasará factura de todos sus problemas hasta alcanzar el odio y otra parte –si hizo las cosas medianamente bien– lo apoyará hasta llegar a endiosarlo. Es lo que pasa en un sistema hiperpresidencialista como el argentino. Nada nuevo bajo el Sol. Por eso, para Leiras “sería positivo que haya un gobierno de coalición en Argentina. Pero en el sentido de un gobierno en el cual se reparten los ministerios entre las personas o las organizaciones que apoyan al presidente de la Nación, que lo ayudan a llegar a donde está y a pasar leyes en el Congreso. Eso no sucede solo en Bélgica, Suecia, Suiza sino también acá cerca, en Brasil, Chile, Uruguay. Pero en Argentina no ha sucedido”.

Para que ello exista y que las alianzas no sean efímeras, según Martín D’Alessandro, presidente de la Sociedad Argentina de Aná- lisis Político (SAAP), lo que hace falta es que sean programáticas. “Los politólogos decimos que es más probable que sean disciplinadas si son coaliciones programáticas. Y está por verse si las coaliciones que se presentarán en las próximas elecciones serán capaces de diseñar acuerdos programáticos que le puedan dar estabilidad a un futuro gobierno”, advirtió durante su participación en el seminario. En el caso del acuerdo UCR– PRO–CC–ARI, alcanzar un programa común entre todas las fuerzas fue la prioridad según sus integrantes, aunque aún resta ver si alcanzan el objetivo.

Otro de los desafíos que tendrá el acuerdo para Germán Lodola, director de la maestría y el doctorado en Ciencia política de la Universidad Torcuato Di Tella, se dará en el Congreso. “Sin una coalición electoral de hecho sino con un gobierno mayoritario, no le ha ido mal al Congreso en los últimos años. Ha hecho lo que los politólogos le pedimos que haga: tratar leyes que representen intereses nacionales, problemas nacionales. Acá está para mí la dificultad la coalición de PRO con la UCR: ¿en qué medida esa coalición es capaz de traccionar intereses nacionales por sobre intereses locales en el Congreso de la Nación?”.

La territorialización de la política y la fragmentación del sistema de partidos han llevado a que los comportamientos de los dirigentes políticos, sus alianzas y sus intereses sean distintos en cada distrito. En el caso de la UCR, en Santa Fe, irá aliada al socialismo y otras fuerzas afines, en el norte –donde Sergio Massa ha ido cosechando adhesiones más que Macri–, varios dirigentes radicales competitivos en sus provincias –como Gerardo Morales en Jujuy o José Cano en Tucumán– preferían una alianza extendida que incluyera al Frente Renovador a la coalición cerrada que se impuso en Gualeguaychú. Según Lodola, esa disociación de intereses entre los copartidarios de una y otra provincia podría verse reflejada en el Congreso y hacer que los intereses locales primen sobre los intereses nacionales. “Mi impresión es que la coalición radicalismo–PRO, ganando las elecciones va a tener muchas dificultades para comportarse en el Congreso. No venimos de un régimen político hiperfragmentado donde el Congreso tiene dificultades para tomar decisiones. Me parece que vamos hacia esa dirección, incluso con una coalición. Porque promover intereses locales en el Congreso es malo y yo creo que el kirchnerismo logró llevar intereses nacionales al Parlamento y una coalición tal vez vaya en la dirección contraria”, aseguró.

LOS DESAFIOS

¿Podrán el radicalismo y el macrismo alcanzar una coalición que se asemeje a la de los sistemas parlamentaristas? El director de la carrera de ciencia política de la Universidad de Buenos Aires, Luis Tonelli, cree que no. “En un parlamentarismo en el que la coalición electoral prefigura la coalición de gobierno es una cosa y en el presidencialismo, en el cual la coalición electoral no prefigura la coalición de gobierno es otra, porque el gobierno lo decide el Presidente. Nuestra Constitución le da al Presidente la competencia para definir los integrantes del gobierno y la historia muestra que la usan a full”, aseveró en su participación del panel de académicos organizado por el estadista.

En un breve repaso por la historia posterior a 1983, asegura, se ve cómo Raúl Alfonsín asumió retribuyendo con cargos y lugares en el gobierno al radicalismo más tradicional y hacia 1985 empieza a darle lugar a la renovación a través de la Coordinadora. Carlos Menem se hizo de su gobierno cuando puso a Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía y Néstor Kirchner lo hizo cuando le ganó a Eduardo Duhalde en 2005. “El que gana, gana. Y aunque se ve obligado a pagar al principio, después se quiere sacar a todos de encima”, dice Tonelli.

Por eso, cuando sucede que el ganador de las elecciones antes se impuso frente a otro de la coalición en internas –como durante la Alianza entre Graciela Fernández Meijide y Fernando De la Rúa–, el candidato siente que ha ganado dos veces y que puede gobernar solo. En ese sentido, Tonelli advierte: “Ahora, con un sistema de tres vueltas y con el adelantamiento de las elecciones porteñas, es probable que Macri le diga al radicalismo que ganó cuatro veces, que no los necesita para gobernar. Eso es un problema que trae la tradición presidencialista, tan fuerte en Argentina”.

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