Stolbizer va por el lugar vacante

(Columna de Facundo Matos)

El desmoronamiento de FAUnen dejó a un sector de la centroizquierda sin representación. Será el target de la líder del GEN en su campaña.

La lenta desintegración del Frente Amplio-Unen, la renuncia de Hermes Binner a su candidatura presidencial y el acuerdo entre la Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica-ARI y PRO dejaron huérfano de representación electoral a una porción del electorado que compone ese amplio paraguas conceptual que es el “progresisimo”. La esperanza de ofrecer una coalición que incluyera al socialismo, al GEN, al radicalismo y otros pequeños partidos afines, como sucede exitosamente en Santa Fe y como se intentó –sin éxito– a nivel nacional, quedó sepultada.

“Nosotros apostamos muy fuerte a lo que se constituyó en el teatro Broadway, que era una alternativa progresista en Argentina que hoy, no existe. Eso hace que haya un espacio de la sociedad que necesita ser representado y Margarita es una emergente de esa necesidad”, sostiene el referente del GEN, Gerardo Milman, en una entrevista con el estadista (ver contratapa).

Según los últimos sondeos, la líder del GEN era la dirigente con mayor imagen positiva entre los que competían por la gobernación de la provincia de Buenos Aires y cosechaba entre 15 y 20 de intención de voto. Su buen desempeño en el mayor distrito del país, el apoyo que recibió de Binner, máximo referente de los intentos de crear un espacio nacional de centroizquierda, y su indiscutida imagen en los sectores políticos progresistas le abrieron el camino a una precandidatura que sin embargo no estará exenta de desafíos.

El primero de ellos será encolumnar detrás de su candidatura a todos los espacios progresistas enfrentados al kirchnerismo y a los radicales desencantados con el resultado de la Convención Nacional. El socialismo de Hermes Binner, Miguel Lifschitz y Antonio Bonfatti, el GEN de la propia Stolbizer, y Libres del Sur, de Humberto Tumini y Victoria Donda, le dieron su apoyo. En las últimas semanas, también se produjo el acercamiento del secretario general de la CTA, Pablo Micheli, que podría ser candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires. Pero el entorno de Stolbizer sigue trabajando para sumar también a Fernando Solanas, a Víctor De Gennaro y a radicales desencantados con el acuerdo con Mauricio Macri. ¿El obstáculo? Para sumarse, los boinas blancas deberían ir en contra de la decisión tomada orgánicamente por la Convención Nacional. Pero más allá de las estructuras partidarias, la mayor apuesta de Stolbizer es poder convocar a referentes de la sociedad civil.

Los sectores del progresismo cooptados por el Frente para la Victoria, seguirán seguramente fieles al oficialismo, pese a que Daniel Scioli, el precandidato con mayores posibilidades de encarnar la oferta de la continuidad, no sea ideológicamente afín. Tampoco lo es completamente su principal rival, Florencio Randazzo. La irrupción del FpV en 2003, su creciente respaldo en las urnas, e iniciativas como la nacionalización de algunas empresas privatizadas en los noventa, la política de derechos humanos, la estatización de las AFJP y la sanción de la Ley de Medios, marcaron un antes y un después para las fuerzas políticas progresistas. Tanto sus cuadros políticos como su militancia y su base electoral se dividieron entre el oficialismo y la oposición, entre el apoyo de históricas banderas del sector implementadas por el kirchnerismo según sus defensores, y el rechazo por las formas y los objetivos de su sanción por parte de sus detractores.

El caso del Frepaso es gráfico en ese sentido. Tras la salida anticipada de Fernando De la Rúa del gobierno –y el más prematuro alejamiento de Carlos Chacho Alvarez– y la dispersión de ex integrantes del Frente País Solidario a otros espacios, algunos recalaron en el FpV y otros en partidos de la oposición.

Una primera división del electorado progresista se dio con la aparición del kirchnerismo. Aquellos que se opusieron al oficialismo desde sus inicios se expresaron desde el radicalismo u otros espacios progresistas. En 2009, muchos de ellos confluyeron en el Acuerdo Cí- vico y Social, que reunió a la Coalición Cívica-ARI, al Partido Socialista y a la UCR. En esa oportunidad, la coalición superó el 30 por ciento de los votos (contando los que recibió el sello como tal y aquellos que recibieron los partidos individualmente en los distritos donde se presentaron por separado).

Dos años después se produjo la segunda división. La fórmula Binner-Morandini y el binomio Alfonsín-González Fraga lograron 17 y 11 por ciento, respectivamente. Es decir que hubo nuevamente un 28 por ciento que se inclinó por esas opciones, pero en este caso la oferta fue fragmentada.

En 2013, el Frente Progresista – como se llamó en muchas provincias- obtuvo el 25 por ciento del voto nacional.

En estas elecciones, la oferta a ese cuarto del electorado será nuevamente dispersa. La UCR competirá en las PASO con el macrismo. Stolbizer por fuera intentando recuperar parte de ese electorado decepcionado por la decisión de la Convención radical (“todos los días” recibe llamados de radicales desencantados con el rumbo que tomó la UCR, dice). Claro que sin la presencia radical ese espacio se redujo considerablemente y por lo tanto los voceros del GEN reconocen off the record que su candidata presidencial podrá cosechar alrededor del 10 por ciento de los votos.

“Massa, Macri y Scioli tienen un discurso claramente conservador. Por eso mucha gente me para y me dice que no tiene a quien votar”, ilustraba Stolbizer en una entrevista con el diario rosarino La Capital y agregaba que “es muy importante que exista como expresión social y cultural la decisión de muchas personas en ocupar esa vacancia, que debió llenar el Frente Amplio Unen y dejó vacía”.

“El radicalismo optó por la peor decisión, privilegiando el pragmatismo por sobre la historia y la ideología. Nosotros pensamos en otra construcción, un espacio que no tiene representación, y la UCR nos hizo perder un año, porque no había vocación de construir otra cosa”, señala en la misma dirección el senador del GEN, Jaime Linares. “Entre el PRO y el Frente Renovador hay un espacio grande en el medio, casi un mar, que puede acompañar nuestra propuesta, que incluye a muchos radicales que no están de acuerdo con lo que resolvió su partido y a los kirchneristas que no están dispuestos a acompañar a Daniel Scioli”, complementa.

Con el objetivo de representar a esa porción del electorado sin una oferta sólida a nivel nacional será el lanzamiento oficial de la precandidatura de Stolbizer, en abril. En el GEN buscan privilegiar la coherencia ideoló- gica y habían anticipado que no participarí- an de un acuerdo que incluyese al PRO.

El desafío para Stolbizer es que su candidatura no sea percibida como meramente testimonial. Su electorado es muy anti-K y podría emigrar a alternativas opositoras más competitivas electoralmente si los resultados en las primarias no son favorables.

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