¿Bailar solos o mal acompañados?

(Columna de Ernesto Calvo y Andrés Malamud)

La Convención Nacional del radicalismo se reunió en dos dimensiones: la física en Gualeguaychú y la virtual en la tuitosfera. Aquí analizamos la más divertida.

Hacía una quincena de años que los radicales no se vestían con tanto ahínco para una fiesta. Quince años sin salir de farra con los amigos. Quince años sin sacar la vajilla de plata, las copas de cristal y las guirnaldas. Quince años durante los cuales los correligionarios vieron transitar la política nacional sentados en una esquina del recinto, haciendo guiños a izquierda y derecha, saludando a los transeúntes con la esperanza de un baile, un trago, una caricia. “Lavagna, ¿una milonga?”, se escuchó en 2007. “De Narváez, Fraga, ¿una vueltita por la pista?,” sugirió Ricardo Alfonsín en 2011. Por supuesto que en estos años hubo festejos provinciales, cócteles municipales y reuniones de familia. Pero cómo extrañaron el placer de ser presidencialmente relevantes, la satisfacción de leer su nombre en la primera plana de los diarios, de escuchar sus tonadas sonando en la radio. “Adelante, Radicales…”, se dieron ánimo la noche antes del baile.

El 15 de marzo la #UCR tiró la casa por la ventana mientras el resto del país miraba. Se juntaron para el Carnaval de marzo en Gualeguaychú e invitaron a la prensa, dejando que los pretendientes, los amigos y los enemigos pispeasen por la ventana o desesperasen en busca de streaming. En contraste con otros partidos, que esperan al sábado para postear en Facebook y acaparar el diario del domingo, los radicales le entraron al domingo hasta la madrugada. Que se rompa el primetime pero que no se doble el debate. Los medios y las redes sociales se encargaron de difundir el evento durante todo el fin de semana. Twitter Argentina lo vivió en tiempo real. Ahí donde la fiesta física se encontró con la virtual, militantes, prensa y nerds interactuaron sin mediaciones.

Lejos y viejos, a nosotros nadie nos invitó a la fiesta. Decidimos entonces quedarnos con los nerds, analizando los rastros que los radicales dejaron en las redes. Usando los casi 6.000 tuits que se enviaron durante la Convención conteniendo el hashtag #UCR, construimos el gráfico de la siguiente página. Para separar la paja del trigo utilizamos sólo los retuits (RTs), cuando al menos una persona consideró que la información ameritaba distribuirse a terceros. En el gráfico puede observarse a los tuiteros de mayor impacto. El tamaño del círculo es proporcional al número de RTs obtenidos. Las líneas indican quién retuitea a quien: los puntos pequeños son el entourage de los tuitstars, aquellos que multiplican lo que dicen las estrellas de la fiesta. Dado que los RTs no son editados, quien los realiza amplifica la información como un megáfono social.

La red de tuits de la Convención es lo que la jerga académica define como “jerárquica”. Hay una centena de tuiteros importantes, mientras varios miles simulan que bailan y se ríen para no quedarse afuera. Como en nuestra fiesta de graduación. Por eso vemos muchos círculos chicos y sólo algunos grandes. En el mapa aparece el nombre de las autoridades: los más retuiteados. Distinguimos cuatro tipos: dirigentes, militantes, prensa y fakes (falsas identidades). Entre los políticos hay dos grupos principales: radicales y del PRO. Los primeros incluyen a Ernesto Sanz (con RTs en azul), Julio Cobos (RTs en rojo), Nito Artaza y una ex, Lilita Carrió; los segundos incluyen a Federico Pinedo (RTs en mostaza con un toque de albaricoque) y una agrupación gremial. Aun cuando perdió, el gráfico muestra que el círculo de Julio Cobos tiene casi el doble de RTs que el de Sanz. De colado, mirando por la ventana, emerge Sergio Urribarri, gobernador de la provincia sede del encuentro. Entre los militantes sobresalen varios autoidentificados como radicales: Rodrigo Andrade, Flavio Buccino, Mariano Heller y Sebastián Katz, todos ellos populares tuiteros. Entre los medios aparecen La Nación y Clarín, además de las agencias de noticias Télam, Infobae, u24 y TodoNoticias y periodistas como Jorge Lanata y Beto Valdez. Entre los fakes hay varias cuentas furibundamente antikirchneristas, pero la más ingeniosa fue @NationalConv, rebautizada @newradicalfacts después de la Convención.

Además del tamaño de los círculos, que denota autoridad, es relevante la localización, que indica afinidad. Urribarri aparece lejos de todos, con el quejoso Artaza segundo en la distancia (y aislado del resto). Sanz surge hacia la derecha de la nube con sus dos cuentas, la personal y la de su candidatura. La irónica @NationalConv juega para él desde la izquierda. Julio Cobos se destaca por la cantidad de RTs que recibe y porque está algo distanciado del bloque de tuitstars militantes, pero cercano a sus aliados Gerardo Morales y Luis Naidenoff. Sin sorpresas, Carrió y Pinedo surgen cercanos a Sanz.

Aunque el gráfico no tiene ejes, al lector kirchnerista le complacerá observar que los aliados del gobierno están situados a la izquierda. En ese sector se encuentran Urribarri y Moreau, pero también el radical ex kirchnerista y actual massista Artaza. Hacia la derecha, en cambio, se ubican quienes apoyan el acuerdo con el PRO. Decididos a mostrar sus credenciales de “corpo” para dar crédito a las teorías oficiales, @LaNación y @Lanataenel13 se sentaron junto a @Pinedo, mucho más cerca de la política que los otros medios, los cuales reportaban las miradas furtivas que se enviaban Julio Cobos y Ernesto Sanz desde el centro de la pista.

La red de tuits de la Convención también muestra la habilidad de la estrategia ganadora, que transformó malas mediciones en una candidatura presidencial. Pocas dudas existen de que Ernesto Sanz no es un tuitstar ni descuella en las encuestas. Sin embargo, en los últimos meses descarriló a Pino, exorcizó a Lilita, se sacudió a Binner, provincializó a Cobos, peronizó a Massa y kirchnerizó a Scioli para transformarse en el candidato de su partido. En una demostración de que “amigos” mata galán, Sanz no mide pero junta y sigue.

La fiesta fue un éxito incuestionable. Baile, debate y política se extendieron hasta el desayuno. Una fiesta celebrada por presentes y ausentes, confirmando que con 125 años todavía se puede saltar al ruedo. Más de uno se habrá asustado cuando, pasada la resaca, abrió los ojos y se encontró con la carita sonriente de Mauricio Macri preguntando desde la almohada contigua: “¿Tecito con o sin azúcar?”. Pero bueno, es el costo de ser popular. El precio de ser relevante.

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Una Respuesta a ¿Bailar solos o mal acompañados?

  1. Ce Martínez dijo:

    Demasiado analisis para algo tan poco relevante

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