Nuevos actores políticos están desafiando al bipartidismo

El sistema de partidos en muchos países se está reconfigurando y las fuerzas tradicionales no encuentran las respuestas adecuadas para mantener su predominio.

En distintos países, aparecen nuevos actores políticos que reconfiguran el sistema de partidos tradicional. Las viejas estructuras crujen.

En Europa emergen los populismos y los partidos socialdemócratas se horrorizan porque le disputan buena parte de su electorado. Si bien hay populismos de izquierda y de derecha, todos tienen un denominador común: ofrecer soluciones sencillas para problemas complejos. Suelen acusar, con simplismo, de provocar todos los males a determinados sectores o grupos étnicos porque estos tienen más visibilidad que los procesos sociales complejos. Con esa visión, por ejemplo, nació el Frente Nacional en Francia que ahora se ha visto en la necesidad de moderarse para disputar la presidencia del país. Mucho de esas expresiones populistas tuvieron destacados resultados en las últimas elecciones para el Parlamento Europeo.

Pero, se ha dicho, son problemas complejos, y en cada país existen diferentes motivos para explicar el surgimiento con fuerza de nuevos partidos. Pero las crisis económicas son un caldo de cultivo presente en casi todos los casos, y explican, por ejemplo, triunfos como el del movimiento alternativo Syriza en Grecia.

España es uno de los casos más notables. Habrá elecciones a fines de año y dos partidos amenazan el dominio que han tenido el PSOE y el PP desde la década del ’80: Podemos y Ciudadanos. Se trata, de todas maneras, de expresiones políticas diferentes.

Podemos debería ubicarse en la centroizquierda y su apoyo proviene mayoritariamente de ex votantes del PSOE mientras que Ciudadanos se ubica más hacia la derecha y recoge adhesiones de quienes votaron anteriormente al PP. A su vez, Podemos liderado por Pablo Iglesias expresa con mayor nitidez el rechazo al esquema bipartidista, y el hartazgo frente a los excesos de la “clase política”. En el caso de Ciudadanos, su crecimiento obedece también al apoyo que reciben sus propuestas y a la buena imagen de su líder Albert Rivera. Más allá de los resultados, todo indica que el sistema político español quedará reconfigurado luego de las próximas elecciones.

Y hasta el líder griego, Alexis Tsipras sostuvo que las autoridades españolas tuvieron una actitud hostil hacia su gobierno porque quieren evitar que la consolidación de sus políticas tenga influencia sobre electorado español. Los expertos afirman que las elecciones del 22 de marzo en Andalucía serán un buen parámetro para ver como se está conformando el nuevo escenario político español.

También en el Reino Unido, que tendrá elecciones este año, asoma una reconfiguración del sistema de partidos. Antes, laboristas y conservadores reunían el 90% de los votos y durante mucho tiempo se repartían entre ellos la totalidad de las bancas del Parlamento. En las elecciones previstas para mayo apenas si obtendrá un tercio de los votos cada uno por lo cual quedará otro tercio que se inclinará por el resto de los partidos. Los liberaldemócratas, que crecieron en elecciones anteriores consolidándose como la tercera fuerza del país y que forman parte de la actual coalición de gobierno, están perdiendo fuerza. ¿Quiénes crecen? Los nacionalistas escoceses, el Partido Independiente y el Verde. Según The Economist, los primeros quieren a Escocia fuera de Gran Bretaña, los segundos quieren a Gran Bretaña fuera de Europa y los terceros quieren al hipercapitalismo fuera tanto de Europa como de Gran Bretaña.

Estas fuerzas –con excepción de los escoceses– tendrán poca representación parlamentaria dado el sistema electoral británico basado en circunscripciones uninominales pero los sondeos indican que pueden cosechar entre los tres más del 20% de los votos.

En Estados Unidos, en los últimos años, se produjo la irrupción del Tea Party. Se trata de un movimiento populista de derecha, que cuestiona abiertamente los excesos del Estado Federal y la forma en la que funciona el sistema político en Washington y que ejerce una enorme influencia en el Partido Republicano. Probablemente no podrá imponer un candidato presidencial completamente identificado con sus puntos de vista pero tiene un enorme poder de veto. Será difícil para cualquier candidato republicano ganar sino cuenta con la movilización de la base partidaria en la cual el Tea Party tiene mucha influencia. El esquema bipartidista recibe desafíos también en Argentina. Es un hecho inédito en la historia del país que a siete meses de las elecciones encabece las encuestas sobre intención de voto Maurico Macri que es el líder de un partido que tiene apenas diez años de existencia. Hubo otros terceros partidos pero ninguno que haya llegado tan lejos. El PRO, de todas maneras, ha ido perdiendo ciertos rasgos populistas iniciales y se ha ido institucionalizado.

LOS MOTIVOS

En todo el mundo, los esquemas bipartidistas era más sostenibles cuando la mayoría de la sociedad se identificaba con algún partido o cuando se posicionaba en términos de derecha e izquierda. Eran tiempos en los que con un solo tema –por ejemplo el grado de intervención que debía tener el Estados en la economía– se definía la posición política de una persona. Hoy es más complejo porque las demandas son múltiples y abarcan diversos temas, la política se ha personalizado y no siempre resulta fácil distinguir la diferencia entre lo que proponen los distintos candidatos.

El surgimiento de nuevos actores políticos tiene algunos denominadores comunes pero se expresan de diferentes maneras.

Son fenómenos que pueden perdurar o evaporarse con cierta rapidez. Curiosamente, su éxito puede ser el comienzo de su declinación porque a medida que obtengan buenos resultados electorales se institucionalizarán dentro del sistema político –y si éste no cambia– comenzarán a ser vistos como parte del problema y no de la solución.

También mucho dependerá de la respuesta que den los partidos tradicionales los nuevos desafíos. Su apuesta a futuro no puede ser la de volver al pasado. Si toman en cuenta las demandas sociales que están en la base del surgimiento de las nuevas expresiones podrán recuperar el protagonismo excluyente que tenían. Si las menosprecian, corren el riesgo de seguir siendo desplazadas.

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