“Scioli es un ajedrecista de la política”

Entrevista a Pablo Ibáñez, periodista y coautor de Scioli Secreto junto a Walter Schmidt.

Hay un Scioli público que conocemos todos, pero ustedes intentaron dar con el Scioli íntimo, secreto. ¿Qué descubrieron?

Encontramos que es muy metódico y obsesivo con sus metas, tiene hace mucho tiempo un objetivo político que es el de ser Presidente y hace rato que casi todo lo que hace es en pos de ello. Eso para mí es revelador porque la gran pregunta con Scioli es si está donde está de casualidad o no. Y el libro muestra que tiene un objetivo político puntual y que trabaja en pos de eso, aunque lo cruza con lo que tanto él como su gente transmite, que es un cierto predestino religioso que indica que inevitablemente Scioli llegará algún día a ser Presidente.

Es decir, hay de las dos cosas.

Sí, es intuitivo, olfatea muy bien lo que le conviene y lo que no, y administra los tiempos y velocidades para lograr sus metas. Desde ese punto de vista, es un estratega, aunque no lo sea desde lo que se entiende convencionalmente en la política. Pero sí tiene claramente un objetivo y una estrategia para llegar a él.

¿Venir desde afuera de la política le dio un impulso positivo?

Creo que fue de los primeros y más exitosos de los llamados ‘fenómenos populares’ que ingresaron en la política. Es el que lleva más tiempo y el que más cargos ocupó. Macri entró después, aunque en un futuro podría llegar a ser más exitoso. Y fue de los primeros que entendió el negocio del marketing político, de ser un producto y que su imagen y lo que expresa sea lo que lo vuelve necesario. El menemismo no tenía candidato para la CABA para competir contra Toma, Kirchner no tenía vicepresidente y Cristina necesitaba un candidato en la provincia de Buenos Aires que atrajera votos y que después no fuera una amenaza, y todos lo eligieron a él. Construyó un producto atractivo tanto para los votantes como para los hombres de la política.

¿Y llegó a aprehender las mañas de la política o sigue siendo una rara avis en ese mundo?

Conoce determinados hábitos, los asimiló, pero lo que nunca logró es incorporarlos. La rosca, sentarse a hablar tres horas de política, esas cuestiones del folclore de la política no le gustan. Si lo que tiene que hablar con vos lo puede resolver en siete minutos, lo resuelve en siete minutos y se va.

¿Eso explica en parte por qué nunca ha generado un grupo de dirigentes sciolistas que respondan directamente a él?

Es uno de los factores, pero Scioli tampoco se ha preocupado por eso porque entiende que su futuro político no está en tener espacios sciolistas o no tenerlos. Y cree que llegado el momento, esa estructura necesaria de dirigentes, despliegue territorial y rosca política se la aportará el peronismo. Algo que se destacó siempre de Scioli es su lealtad a los sucesivos líderes del justicialismo.

¿Esa lealtad es uno de sus principales activos?

Sí, en una de las charlas con la Presidenta después de la muerte de Kirchner, Scioli le pregunta qué pensaba Néstor de él y Cristina le responde que valoraba su voluntad y su lealtad. Es una lealtad muy peronista, constante pero volátil, porque fue leal siempre pero hacia distintos jefes políticos en cada momento. Pero con Cristina sucedió algo atípico.

¿Por qué?

Porque después de que sacó el 54%, había muchísimos dirigentes que querían ser conducidos por la Presidenta pero que ella no quería hacerlo. Entre ellos, Scioli. Y eso para él fue un cambio porque siempre había tenido un jefe político y cuando muere Kirchner deja de tener una figura que le dé un contexto, que lo acomode. Ahí es cuando se le empieza a dificultar acomodarse en torno a una relación muy tirante con Cristina.

¿Y por qué no lo asimila como una oportunidad para ser su propio jefe político?

Porque entiende que es una cuestión de pertenencias. Sus elementos políticos más importantes son la lealtad y la pertenencia, entonces si llegó hasta donde está con el kirchnerismo, no va a romper.

¿El Scioli secreto que descubrieron es también conensualista y pacífico como el que se muestra en público?

El libro es revelador en ese sentido porque explora el personaje más desde lo privado, desde su intimidad. A algunos le servirá para confirmar sus sospechas y a otros para adoptar una visión nueva. Pero es interesante que en 2011, De Narváez contrata un consultor para que lo estudie a Scioli y la síntesis que el consultor hace es que la gente lo percibía como ‘el yerno ideal’.

En el libro mencionan un dato poco conocido, que es que su primera aproximación a la política fue a través de Raúl Alfonsín. ¿Cómo fue ese fugaz paso por el alfonsinismo?

Lo hereda del padre, que era amigo de Alfonsín y lo lleva a algunos actos de él. Además en los setenta hubo dos episodios de mucha carga para la familia: el secuestro de su hermano por grupos vinculados lateralmente al ERP y la primera intervención de los Scioli en Canal 9, que los dejó muy enfrentados con el gobierno de Isabel Perón. Esos dos hechos generaron una tensión con la izquierda y con el peronismo en particular que también explican ese vuelco al radicalismo. Además de Alfonsín y sus jefes políticos peronistas, ¿ha tenido otros referentes políticos? No es un gran lector, pero toma cosas de todos y así como antes incorporaba cosas del papa Juan Pablo, ahora toma como referente al papa Francisco, que es como su jefe de campaña, como le dijo una vez Mariotto. Heredó del padre algunas cosas del desarrollismo y por su amistad con el ex gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, ha mirado mucho hacia Brasil en los últimos años, especialmente al sistema de inversión público-privada que desarrollaron allá.

Otro dato interesante que mencionan afirman que es un fanático jugador de ajedrez y lo vincula a la política.

Sí, aprendió con el padre y jugaba mucho con un tío y con Duhalde y con Balza. Dice que le da visión para proyectar, porque hay que pensar varias jugadas al mismo tiempo, ver qué hace uno, qué hace el otro y eso lo entiende como un ejercicio político. El es muy frío, muy metódico, un ajedrecista de la política.

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