El teorema de Randazzo

El kirchnerismo puro ve a Scioli “en las antípodas”. ¿Definiciones ideológicas o pragmáticas?

La pregunta, repetida en estos tiempos, (“¿quién prefiere el kirchnerismo que gane las próximas elecciones de octubre?”) tiene respuesta cantada: el kirchnerismo quiere que gane Cristina. Todos los cálculos se hacen con esa premisa: qué es lo que más y mejor sirve al objetivo de que CK deje el gobierno provista de inmunidad y se lleve consigo la mayor cuota de poder decisorio e influencia para poder utilizarla en el futuro. Ella, y solo Ella, debe ser la Jefa del movimiento y portaestandarte de las banderas y el Proyecto. El objetivo es garantizar la retirada del Gobierno sin “sorpresas” judiciales, sostener una presencia lo más homogénea posible en Legislaturas, Ejecutivos, organismos del Estado y medios de comunicación y preparar el regreso al poder cuatro años después, en el 2019. En jerga gramsciana, “guerra de posiciones” en la competencia electoral y “guerra de trincheras” en los aparatos del Estado y las trincheras de la sociedad civil.

Se da por hecho, de tal modo, que ninguno de sus candidatos llegará a competir en octubre por la sucesión presidencial. Solo así se explica que el kirchnerismo puro vea con tan poco entusiasmo, antes bien con desconfianza y prevención, al candidato que se supone representa la continuidad con el “proyecto nacional y popular”, el gobernador Daniel Scioli, y trabaje más para diferenciarse de él y “marcarle la cancha” que para apuntalar su candidatura. Y eso explica, al mismo tiempo, un segundo corolario de la premisa, que encuentra a Mauricio Macri como el contrincante preferido y candidato ideal a la sucesión, ya que es el que mejor encarnaría la polarización en la que se mueve más có- modo el kirchnerismo, siguiendo las coordenadas izquierda vs. derecha/peronismo vs. “gorilismo”, o más sutilmente, populismo progresista vs. republicanismo liberal.

El precandidato presidencial y gobernador entrerriano Sergio Uribarri vino advirtiendo que “Daniel no da ninguna garantía ni de continuar los logros y mucho menos de profundizarlos. El no va a pelearse con los poderosos, con los intereses que fueron interpelados por Néstor y Cristina, él va a conceder” (Tiempo argentino, 5/1). El precandidato presidencial y ministro del Interior, FlorencioRandazzo fue más allá: dijo textualmente estar “en las antípodas de Macri, Massa y… Scioli”. Lo dijo taxativo, “en las antípodas de los tres: en la vereda de enfrente” (Tiempo argentino, 3/3). Sólo el precandidato presidencial y ministro de Defensa, Agustín Rossi se permitió diferenciarse advirtiendo que “el adversario es la derecha” y “no se encuentra dentro del espacio que conduce la presidenta”; pero, claro, lo dijo en Santa Fe y no en Buenos Aires.

La paradoja es que de tal modo, los responsables de un ciclo político que lleva como principal mensaje la continuidad de un proceso de transformaciones iniciado en 2003, que no debe interrumpirse, son los primeros en advertir, constatar y reconocer que dicho proceso probablemente se interrumpirá a partir de diciembre de este año. De manera que la tan mentada revolución del kirchnerismo no habrá sido otra cosa que un paréntesis histórico más entre dos etapas, tal como ocurriera con el peronismo del ‘46 al ‘55 y el menemismo, del ‘89 al ‘99. En el primer caso un período democrático entre dos etapas no democráticas. En el segundo, inaugurando una alternancia entre períodos largos de gobiernos peronistas y períodos cortos de gobiernos no peronistas.

Este es el guión que parece estar escribiendo la Presidenta, al menos en este tramo inicial de la campaña, para mantener “unidos y organizados” a sus seguidores y llegar lo más fuerte posible al final de su mandato, aun al precio de erosionar las posibilidades del candidato oficialista mejor posicionado.

Señales fuertes de que el puente entre Buenos Aires y La Plata empieza a resquebrajarse, si es que Cristina no termina de dinamitarlo antes, fueron la salida del Gobierno de Juan Carlos “Chueco” Mazzón, el histórico operador político y apoderado del Partido Justicialista, del lugar estratégico que ocupó durante toda la gestión de Néstor y Cristina, a cargo de la coordinación general de Asuntos Políticos Institucionales de la Unidad Presidente, y el veto a la candidatura ‘sciolista’ de Gustavo Marangoni en la Ciudad. El desplazamiento de Mazzón evidencia un enfriamiento del vínculo mantenido hasta ahora entre la Presidenta y el peronismo tradicional gobernadores, intendentes y jefes territoriales que empiezan a encolumnarse detrás de la candidatura de Scioli y así fue interpretado por los operadores del kirchnerismo y el peronismo.

La pregunta es hasta dónde acompañarán esta estrategia presidencial el PJ y los gobernadores peronistas. ¿Soportará llevar adelante su campaña Daniel Scioli en nombre de “la continuidad del modelo” poniendo en sordina las críticas y dardos que se le lanzan desde dentro del Frente para la Victoria, espacio que el gobernador aspira a encabezar en su carrera presidencial y que si atraviesa indemne todos los obstáculos que Cristina le interpone en su camino le pondrá sello a sus boletas? ¿Podrán las espadas de la Presidenta Randazzo, Aníbal Fernández, Agustín Rossi, Urribarri y los jefes de La Cámpora hacer campaña por “Scioli al gobierno, Cristina al poder”, después de las cosas que están diciendo delcandidato? ¿Acaso todavía haya que prepararse para más sorpresas; por ejemplo, con el intento de introducir a Cristina Kirchner en las boletas de esta elección presidencial?

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